Por una Latinoamerica libre

Rosario y la protesta del movimiento tercermundista: reconstrucción de testimonios

Jorge Alberto Bravo Herrera

Corrupción, pobreza y delincuencia se han convertido en distintivos, con los que por antonomasia, se suele homogenizar a la región Latinoamericana. Si bien estas experiencias pueden ser tema de debate, sería inútil negar que coexisten como prácticas en el día a día y de forma simultánea en varios países de la región. Y dentro de aquellas prácticas, se encuentra indudablemente la religión católica.[1] Retomando las palabras de Jorge Volpi, “imposible entender a América Latina sin la religión –católica- y sus vericuetos: su vocación por los pobres y los indígenas y su cercanía con los ricos y los poderosos; su solidaridad con las víctimas y su complicidad con los torturadores…sus lazos con la teología de la liberación y sus vínculos con los siniestros Legionarios de Cristo.”[2]

     Sin embargo, la religión católica como otras ideologías, no evolucionó en América Latina de forma unidireccional, sino que asumió distintas formas, valores e incluso significados entre los diferentes grupos sociales en épocas diversas. Hombres y mujeres en los países latinoamericanos se han adherido a la religión católica por distintas razones; para salvar sus almas, escalar socialmente, encontrar alivio ante la pobreza o simplemente asegurarse un lugar dentro de la sociedad aceptando sus preceptos.

     Cualquiera que haya sido el motivo, el catolicismo, desde su establecimiento en los países del continente se volvió más influyente, apreciándose una masa de creyentes que alcanzaría proporciones monumentales. Ahora bien antes de continuar, y para evitar posibles malentendidos, explico entonces que  la presente reflexión no girará en torno un recuento histórico de la iglesia católica en América Latina, como tampoco será unareseña de los procesos de intervención entre la iglesia y las élites como vínculo directo de control social.

     Por tanto, la intención bastante más modesta, tratará de hacer un breve balance de la incidencia que la protesta social ha tenido en distintos y de distintas formas dentro diversos sectores, en este caso de carácter religioso. Observando que la gente, sin importar su ideología religiosa, participa en acciones colectivas como respuesta a un cambio en el modelo de las oportunidades o restricciones políticas y sociales. Es decir, mediante el uso la acción colectiva como estrategia, es posible generar distintas coyunturas que pueden ser aprovechadas, incluso creando posibles ciclos de protesta cada vez mayores.

La religión como imaginario de revolución

 Entonces, se parte de una coyuntura del avance en el proceso revolucionario dentro de los países dependientes después de 1959[3], período que de cierta forma sacudió las estructuras de la sociedad capitalista la cual se autodenominaba occidental y cristiana. En tanto sustentadora ideológica del orden, la iglesia como institución también resintió el movimiento. A partir de entonces se observa un período enmarcado por diversos imaginarios políticos y sociales, los cuales dieron pie a distintas formas de resistencia en contra del sistema capitalista o por el contrario, formas para la conservación del llamado status quo.[4]

     El triunfo de la Revolución Cubana, estimuló en gran medida la reflexión encaminada por el cambio en la estructura económica, política y desde luego social de la región. Esto conmocionó al catolicismo, en tanto que cuestionó esquemas tradicionales a nivel teológico, litúrgico y político.[5] Dejando al descubierto las tensiones internas existentes desde tiempo atrás, convirtiéndose a partir de entonces en un reflejo del estado particular alcanzado por la lucha de clases dentro de la región.

     La posición que asumieron frente a ella grupos de sacerdotes progresistas[6] chocó directa y frontalmente con la posición que hasta entonces la iglesia como institución había asumido en prácticamente toda la región. De aquel posicionamiento, también se originó indirectamente un conflicto con las autoridades civiles y las élites sociales; cada conflicto se vivió de forma distinta en cada país. En el caso argentino, el cual trataremos, a partir de 1960 se empezó agudizar un distanciamiento y posterior persecución por parte de las jerarquías hacia los sectores posconciliares.

     El cambio alentado por los sacerdotes argentinos,[7] motivado por el Concilio Ecuménico Vaticano II y que culminó por lo menos para América Latina en 1968 en Medellín, puso en marcha una amplia gama de novedades, incluyendo el énfasis en la participación de los laicos, más atención a la promoción de justicia, evidenciando y promoviendo la denuncia a la injusticia. Aquellos peculiares cambios realzaron el status de la acción popular, formando una amplia marea de experiencias populares en Argentina.[8]

     Una vez que los curas, denominados tercermundistas, entraron en contacto directo con la realidad social externa a la iglesia, asumieron el compromiso por la transformación social junto a las clases explotadas.[9] A partir de entonces el clero a favor de los cambios estructurales, incitado por las medidas postconciliares, fue considerado como rebelde. Estos curas, tercermundistas, reivindicaron el mensaje evangélico que, según la tradición del cristianismo primitivo, entraña el anuncio de la buena nueva a los pobres, la liberación de los cautivos y oprimidos.[10]

 Los grupos rebeldes aspiran a dar testimonio del cristianismo auténtico en medio del mundo, después de reconocer…los errores de la iglesia que debido y por mucho tiempo ha sido una fuerza enajenada y enajenante. No pueden seguir prestándose que la religión siga siendo el “opio del pueblo”, sino que han decidido orientar su quehacer pastoral hacia la liberación de los oprimidos.[11]

     La conjunción entre religiosos y distintos actores sociales, sobre todo se dio en zonas excluidas y pauperizadas a lo largo y ancho del país.[12] Fue así que la religión, se empezó a convertir en un factor que contribuyó a la oposición del sistema, cuestionando la legitimidad de las estructuras y cuestionando sobre todo los dirigentes. Los curas aseguraban que la organización, la lucha y la acción colectiva eran el alimento para crear una conciencia popular independiente y hacer posible en esta forma, la resistencia continua a la autoridad bajo una lucha sostenida por el cambio.

     Para ello las iglesias se convirtieron en lugares donde se debatieron y planificaron estrategias de acción, no solo para resistir, sino como oposición directa a las distintas reformas políticas y sociales que ocasionaban la pauperización social. Así los curas, pertenecientes al movimiento tercermundista, abrieron las puertas con nuevas maneras hacia los pobres, los pobres buscaron nuevas respuestas y nuevas experiencias. La organización entre laicos y curas permitió crear cambios culturales y sociales dentro de aquellos sectores populares. Es por ello que las iglesias constituyeron un espacio que respondió a una secularización y crecimiento de la izquierda, al tiempo que deterioró el monopolio religioso por parte de las élites.

     La coyuntura fue crítica. A fines de 1969 y a media que se acrecentó el vínculo entre curas posconciliares y los grupos populares, la represión se intensificó dentro del país. Los grupos religiosos se convirtieron en blanco de la violencia oficial y extraoficial por considerarlos semilleros y distribuidores de la subversión. Cualquier organización, no importando el origen, fue blanco de sospecha ante los ojos de las élites temerosas, debido a que los causes típicos (partidos políticos, sindicatos y asociaciones vecinales) empezaban a cerrarse. Los grupos y las actividades apoyados por la iglesia se convirtieron, inadvertidamente, en las únicas salidas políticas disponibles.

El rosariazo tercermundista

Los siguientes párrafos son una muestra simple del compromiso y solidaridad de los sacerdotes que desafiaron directamente a las autoridades, convirtiéndose en uno de los opositores más directos que tuvieron los militares de la revolución argentina. Aquella aposición desde luego que tuvo resultados adversos para los curas tercermundistas. Por protestar, fueron despedidos de sus trabajos y no solo de sus iglesias, encarcelados, torturados, exiliados  e incluso desaparecidos.

     En agosto de 1971 en la Ciudad de Rosario, cuatro sacerdotes tercermundistas fueron detenidos, presuntamente por estar relacionados con el secuestro del cónsul inglés que tuvo lugar en aquella ciudad un año antes.[13] Estos sacerdotes fueron liberados, pero aquel acto marcó el inicio del acoso estatal mediante una serie de persecuciones en contra de los integrantes del movimiento tercermundista.[14] Para septiembre se realizó una manifestación frente a la catedral de Rosario, como una muestra de solidaridad con los curas presos.

     El comandante mayor de la gendarmería, Agustín Feced, jefe de la policía de Rosario, observa con ojos amenazantes al numeroso grupo de curas tercermundistas que tenía de frente. Junto a él y como respaldo un grupo considerable de policías, todos perfectamente equipados con armas largas y bastones.[15] Todos atentos, en espera de la orden para actuar. Los disconformes;[16] cerca de 50 curas integrantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo[17] intentaron no prestarles atención, para poder dar inicio a la marcha cuyo hipotético destino sería el edificio de la municipalidad local.[18] La marcha silenciosa, tenía la intención de entregar una carta a la prensa para denunciar la “bárbara represión” que padecía el pueblo argentino.[19] Una vez ahí se realizaría un acto de protesta por el acoso y encarcelamiento en contra de cuatro compañeros, durante la madrugada del 3 de agosto de 1971.

    Los policías aguardaban a las a fueras de la catedral a la espera de los curas, manteniendo su posición a la orden del mayor.[20] La decisión de avanzar llegó, y al parecer ninguno de los manifestantes se percató del instante preciso en que ésta se dio. El cuerpo de seguridad, que no ascendía a más de 20 elementos, comenzó su marcha en contra de los curas. A decir de los testimonios el avance fue rápido, inmediatamente arrinconaron a los curas contra las rejas de la catedral.

Padre nuestro que estás en los cielos…[21]

Rezó uno de los manifestantes, acto que el resto de sus compañeros acompaño.

No se separen, agárrense de los brazos— sugirió Miguel Ramondetti, mientras tomaba a los que tenía a su lado, pronto el resto hizo lo mismo.

     Los policías continuaron cercando a los tercermundistas, hasta que el grito de Agustín Feced se escuchó de forma estruendosa —procedan.[22]

     Con la señal, el dispositivo de seguridad se lanzó sobre los religiosos, sujetando a todo el que pudieran. Por el escaso número de policías poco más de la mitad de los sacerdotes pudo evitar la detención inicial. Sin embargo, ninguno pudo evitar los golpes repartidos por los policías, quienes atacaron de forma indiscriminada.

     Tras una efímera retirada, los sacerdotes recobraron la calma y decidieron entonar una canción, no hay registro sobre quién inicio: “Vamos a vencer, vamos a vencer al final. No tenemos miedo, démonos la mano, vamos a vencer al final”.[23] Para poder silenciarlos, el uso de gases lacrimógenos se hizo presente en contra de los sacerdotes, para entonces la utilización de aquel recurso parecería un exceso, sobre todo, cuando la resistencia fue nula. Sin embargo el estigma difamatorio en contra del movimiento sacerdotal pudo más, debido a una campaña de constante desprestigio a nivel nacional, les llamaron; los curas rebeldes; los curas rojos; los curas marxistas, etc.

No se deje engañar por su aspecto y sus palabras. No sea cándido ni indiferente. No aplique el “no te metas”, puede resultarle demasiado caro…no se asocie a ellos. Ni colabore ni solidarice con sus proyectos, retire a sus hijos de la escuela, denuncie sus actividades. Fomente la resistencia. No atacará a unos sacerdotes, combatirá a enemigos de la iglesia de Cristo, y Cristo y su iglesia se lo agradecerán.[24]

     Los primeros curas detenidos durante el acto, fueron arrastrados a las unidades policiales –camión celular– para su traslado. Mientras aquellos que lograron escabullirse y no fueron alcanzados, gritaban y alegaban contra el abuso y la arbitrariedad con la que fueron atacados.  Pese a todo,  exclamaban:

 –Si nos llevan, que nos lleven a todos…Metámonos en el celular.[25]

     No sin la sorpresa de los policías, el objetivo de ser arrestados en conjunto se consiguió. Al parecer se esperaba un clima de resistencia más renuente por parte de los curas, aquello por experiencias anteriores donde se evidenció la participación por parte de tercermundistas. Una vez que se acordó el arresto de todos los sacerdotes,  el traslado a la comisaría local tuvo que realizarse en dos grupos, pese a la insistencia de ir todos juntos en un solo viaje.[26]  La policía traslado a todos los curas en calidad de arrestados y fueron conducidos a la comisaría local.[27]

     Aquella comisaria fue insuficiente para poder albergar a todos los manifestantes, por ello las autoridades decidieron trasladarlos horas después a la cede del escuadrón de bomberos de la ciudad, donde permanecieron incomunicados.[28]  Rolando Concatti quedó dentro del grupo que permaneció frente a la catedral rodeado por la policía, mientras gritaba:

 —No deja de ser sintomático que vengamos a protestar y nos respondan así.[29]

El mismo Rolando Concatti, en declaraciones recientes recordaba:

 —El régimen tantas veces repudiado mostraba su peor rostro sin complejos… Aquello metía miedo­­. [30]

    El arresto de los curas fue cubierto por la prensa de forma inmediata, gracias a que Eduardo González, para entonces un cura joven, logró evadir el arresto. En ese momento el sacerdote se encargaba de la difusión de prensa y comunicados del movimiento:

Yo, era el encargado si había algún contacto o alguna situación…Entonces al estilo mío, le dije al policía que tenía a lado: permiso señor y lo corrí, así con la mano y yo salí del cerco…Después me di cuenta de lo que yo había hecho…escaparme cuando estaban los demás compañeros…Después dije, ¡uy que cagada no me quedé, pero ahora no voy a ser tan idiota de volverme, lo que tengo que hacer es llamar al periodismo! y entonces llamé a todos los medios y empezamos a mover un poco la cosa.[31]

     La noticia circulo por todo el país. No se descarta que dentro de los medios que cubrieron la noticia se encontraba la prensa de carácter oficialista que constantemente atacó al movimiento tercermundista, mediante una campaña de desprestigio.[32] Por otro lado algunos diarios criticaron, sutilmente, el abuso de la policía rosarina.

    Pocas horas después del arresto, fuera de las instalaciones donde se retenía a los curas, un grupo de partidarios al movimiento sacerdotal hizo acto de presencia, aparentemente de forma espontánea. El apoyo provenía, en su mayoría, de zonas populares y cercanas a la Ciudad de Rosario, lugares donde cuatro sacerdotes presos desarrollaban sus actividades. Aquella protesta aparentemente espontánea no tuvo mayor repercusión, los inconformes se retiraron al parecer por petición de los propios curas.

     Otros que también se presentaron, de forma paulatina, en el recinto de bomberos para solicitar la libertad de los prisioneros fueron algunos obispos. Debido a que los sacerdotes pertenecían a distintas diócesis, fueron visitados únicamente por los obispos que apoyaban de cierta forma el accionar de los prisioneros. Entre los superiores que visitaron a los presos se destacan; Antonio Brasca, Carlos Ponce de León, Antonio Devoto, Enrique Angelelli, Antonio Rossi, Carlos Cremata y Gerardo Farrel.

     Es importante señalar el impacto que la visita de los obispos tuvo para la pronta liberación de los curas, ya que al pertenecer a la jerarquía de la iglesia presionaron contundentemente a las autoridades judiciales. Sin embargo el grosor de la jerarquía institucional llamó al silencio. Aquel mutis se debió al distanciamiento existente entre ambos sectores de la iglesia. Ya fuese por las constantes críticas al comportamiento de los curas, en ese instante presos o porque el MSTM evidenció en cada ocasión la falta de compromiso de la jerarquía en cuestiones sociales.

Es extraño que nuestros obispos se sientan conmovidos y recuerden que el uso de la violencia es ilegitimo, solo cuando son los poderosos quienes sufren el impacto. Quisiéramos que nuestros obispos condenasen por lo menos con tanta fuerza como lo hacen contra los revolucionarios, la brutal represión policial, los salarios de hambre, la entrega al imperialismo, la situación de los aborígenes, en una palabra la violencia opresora.[33]

     Después de tres días de reclusión y pese a varios intentos por parte de las autoridades locales por retener a los sacerdotes, éstos fueron puestos en libertad. Lo curioso del asunto es que fueron liberados un día después de que el juez encargado del caso ordenará la inmediata liberación de los curas. Una vez en libertad, los curas en voz del secretario general, Miguel Ramondetti, ofrecieron una conferencia de prensa en donde leyeron un comunicado:

Todo esto, confirma que en este momento ni el mínimo gesto pacífico de protesta es soportado por el régimen. Queda una vez más en claro quién ejerce la violencia. Es vano esperar que algo de aquellos que pretenden y publicitan una pacificación y en realidad defienden y mantienen la opresión y la injusticia…[34]

     Los resultados de la acción podrían ser vistos como un fracaso o bien como un golpe en contra de los curas tercermundistas, sin embargo debido a la acción llevada por ellos, tres de los cuatro presos por quienes se llevó a cabo la protesta en Rosario salieron libres al mismo tiempo que ellos. La cobertura que la prensa dio al hecho condujo a la liberación de Rubén Dri, otro miembro del movimiento apresado en Resistencia la misma noche que en Rosario.

     Sin embargo la persecución en contra de los integrantes del movimiento tercermundista, lejos quedó de finalizarse. Por el contrario, los subsecuentes meses condujo a que algunos sacerdotes abandonaran las comunidades o los reubicaran en zonas controladas por obispos contrarios a las prácticas posconciliares, situación que llevó a un considerable número de sacerdotes a renunciar a su condición ministerial.

     ¿Pero cuál fue la causa que originó aquella acción de protesta? ¿Qué hicieron aquellos curas para ser presentados a las autoridades civiles? Los cuatro fueron sacerdotes que impulsaron el carácter posconciliar en Argentina. Los cuatro asumieron el compromiso con el pobre; acompañando y participando activamente en la denuncia de los abusos de los ricos sobre los pobres. Bajo distintas acciones como la creación de cooperativas de vivienda y alimento, con ello intentaron contribuir a la exclusión social. Todos miembros, en algún instante, del MSTM quienes en actitud profética realizaban constantes denuncias por corrupción y abuso por parte de las autoridades militares.

     Así fue como se ganaron la antipatía de las autoridades militares, y por consecuencia de la jerarquía católica rosarina. Las acciones que acompañaron los cuatro curas chocaron directamente contra los intereses de las élites locales. Si bien en más de 30 días en que permanecieron presos, ningún juez pudo aclarar con precisión el motivo del arresto, se trató de ligar a los cuatro en distintas participaciones prohibidas, pero las pruebas fueron insuficientes.

    José María Ferrari, recuerda que el 3 de agosto del 1971, la policía allanó los correspondientes hogares de los cuatros detenidos; Santiago McGuire, Néstor García, Juan Carlos Arroyo y el suyo. A él, como a Santiago McGuire los llevaron a una seccional de la policía, sitio en el que permanecieron varios días incomunicados con cualquier vínculo externo.

Estábamos en celdas separadas y silbábamos juntos algunas canciones, porque nos gustaba la música…No sabíamos que esa misma noche habían detenido a Arroyo y a García. –Yo no soy delicado pero la comida era malísima.[35]

     Por su parte Néstor García recuerda, detalladamente, que por la madrugada se presentaron los policías a su domicilio, una construcción –ranchito- de adobe y de lámina, el cual se encontraba en la villa donde decidió vivir. Los policías haciéndose pasar por vecinos tocaron intempestivamente para solicitarle ayuda con un enfermo.

Me llamó la atención y les dije que llamaran al párroco de ese lugar. Recién entonces se identificaron diciendo que abriera, que era la policía.[36]

     Fueron llevados inicialmente a una comisaría, donde permanecieron una semana, pasada ésta fueron trasladados. Aún en ese momento los cuatros ignoraban el motivo de su arresto.

 —Yo no supe que los otros tres estaban ahí hasta que un día escucho el silbido de McGuire y las canciones que habíamos silbado en la policía.[37]

     A partir de entonces y pese a las dificultades pudieron entablar algún tipo de comunicación, resolviendo realizar un tipo de protesta por la situación en que se encontraban, y la acción a llevar a  cabo fue una huelga de hambre; la cual tuvo como intención presionar al juez encargado de su caso, para que definiera las causales del por qué se encontraban presos. La huelga duro una semana y  por el testimonio de Néstor García debió ser muy estricta.

–El médico venía y me exhortaba a comer, pero seguí adelante hasta que llegó un  momento en que solo podía estar tirado en el camastro.[38]

Como represión por la acción llevada por los cuatro, las autoridades establecieron medidas disciplinarias.

–Nos cerraron el ventilete de la puerta también y así a oscuras y encerrados pasamos cerca de 20 días más.[39]

     Pese a todo, al parecer la huelga junto con la protesta que llevaron a cabo sus compañeros del MSTM, acto que les valió su arresto, condujo a la liberación de todos. Finalmente y después de poco más de un mes, 33 días para ser exactos, tres de los cuatro presos recobraron su libertad, excepto Santiago McGuire. La aparente razón fue porque dejo de ser sacerdote. Evidentemente las autoridades religiosas no sintieron que debían protegerlo. Pero su liberación llegó días después, por el avance que la cobertura que los medios tuvo en el asunto.

A modo de conclusión

En este marco resignifica la palabra de los propios actores involucrados, en este caso los curas tercermundistas quienes actuaron bajo un determinado proceso social e histórico. La finalidad no fue llegar a la conclusión como  verdad absoluta de la acción llevada a cabo conjuntamente en Rosario en 198, más bien a una aproximación acerca de lo que algunos integrantes del MSTM relataron cómo verdadero, indistintamente si aquel recuerdo es tomado en cuenta por la historiografía.

Por ello no cabe aquí las pretensiones de dar voz, a los sin voz. Pero si buscar la grandeza de estas historias al margen, pensar la historia de MSTM como fragmentada, como singularidades que componen una totalidad. Pensar que esa totalidad nunca está cerrada, que una historia nunca acaba, que existe siempre otra perspectiva, un nuevo fragmento y nuevas formas de contar o narrar la historia.

Bibliografía:

Cavilliotti, Marta, Coordinadora, Cristianismo: doctrina social y revolución, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1972.

Eckstein, Susan, Coord, Poder y protesta popular. Movimientos sociales latinoamericanos, México, Siglo XXI, 2001.

Lanusse, Lucas, Cristo revolucionario. La iglesia militante, Buenos Aires, Vergara ediciones, 2007.

Magne, Marcelo Gabriel, Dios está con los pobres. MSTM: Prédica revolucionaria y protagonismo social, 1967-1976, Buenos Aires, Imago Mundi editores, 2004.

Marta Diana, Buscando el reino. La opción por los pobres de los argentinos que siguieron al concilio Vaticano II, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2013.

Martín, José Pablo, Ruptura ideológica del catolicismo argentino, 36 entrevistas entre 1988-1992, Buenos Aires, Universidad Nacional de General Sarmiento, 2013.

Tarrow, Sidney, El poder en movimiento. Movimientos sociales, la acción colectiva y la política, Madrid, Alianza editorial, 2001.

[1] Aunque el protestantismo ha representado un desafío religioso para el catolicismo, el impacto político tiende a ser conservador y aún hoy día su práctica continua siendo minoritaria.

[2] Volpi, Jorge, El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI, México, Debate, 2009. p. 47.

[3] Un año significativo para el imaginario revolucionario en América Latina por el triunfo de la Revolución Cubana.

[4] Hago hincapié que me refiero a imaginarios y no concretamente a ideologías porque los primeros conjugaban durante este período una especie de híbridos entre prácticas conservadoras y teorías con carácter revolucionario.

[5] En cuanto a lo político hago alusión a las formas de concertar la relación entre el clero y los feligreses, es decir el distanciamiento y el poco apego que se veía reflejado entre unos y otros.

[6] Hasta inicios de 1960, los sacerdotes que pugnaban por nuevas formas de expresar la religión se consideraban como progresistas, fue después del 1965 año en que finalizó el Concilio Ecuménico Vaticano II, que se les denomino posconciliares.

[7] El movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, se gestó en Argentina como resultado directo del Concilio Ecuménico Vaticano II, así como su introducción en el continente en Medellin en1968. En el mismo año se dio a conocer el mensaje por parte de un grupo de obispos, quienes serían denominados como 18 Obispos por el Tercer Mundo, de aquel mensaje inmediatamente adhirieron cerca de 320 sacerdotes argentino, como resultado de ello se empezaron a organizar para crear una organización que promoviera los cambios conciliares. Inmediatamente la prensa le denomino sacerdotes para el tercer mundo. El MSTM estuvo presente como organismo de 1968 a 1973, el movimiento se caracterizó por el apego a grupos marginales y la denuncia de corte profético en contra del abuso del sistema y de sus partidarios.

[8] En gran número estos sacerdotes fueron a vivir a comunidades populares y trabajaron con sus habitantes día a día. Solo después de algunos años de experiencia empezó a aparecer  una visión más compleja y articulada que llevaría a una comunión y un trabajo más político.

[9] Al lado de las clases dominantes quedarían los sectores conservadores del clero interesados en mantener el status quo, en este grupo podemos incluir a quienes nada hicieron para modificarlo,  eludiendo a todo tipo de definición política.

[10] Fue así que el análisis y la posterior comprensión de la problemática económica y social, los induciría a adoptar una posición autocrítica respecto al papel específico cumplido por la iglesia hasta entonces. Sin embargo, al no cuestionar el carácter sagrado de la iglesia ni su origen divino, la crítica permaneció únicamente en el campo de la ideología y los llevo a interpretar la política eclesiástica, a nivel institucional.

[11] Cavilliotti, Marta, Coordinadora, Cristianismo: doctrina social y revolución, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1972. P. 17

[12] Hay fuerzas culturales y estructurales que influyen en las percepciones individuales y de grupo, en sus sentimientos y acciones, aunque no siempre de forma evidente para los actores. Estas fuerzas culturales y estructurales influyen en la medida en que se considera que cualquier situación es intolerable, tanto si los agravios son evidentes como si son hechos mediante un desafío solapado, y tanto si los agravios buscan soluciones individuales a su suerte como si buscan soluciones colectivas.

[13] Los cuatro detenidos se consideraba dentro de la corriente de los Curas Obreros, por lo que trabajaban al tiempo que realizaban sus cargos de liturgia dentro de sus respectivas iglesias.

[14] El mismo día en la Ciudad de Resistencia el cura Rubén Dri, fue detenido y encarcelado poco más de un mes. Para noviembre del mismo año se dio la detención de Norma Morello, catequista de la diócesis de Goya y colaboradora del obispo Alberto Devoto, quien apoyaba abiertamente las acciones del MSTM. Para 1972, el sacerdote Aguedo Pucheta colaborador del Obispo Angelelli sufrió un atentado y su caso no fue aclarado. En las mismas fechas el Padre Alberto Carbone, fue nuevamente arrestado, acusado de participar en el intento de la toma de la prefectura naval en Zárate, el acto fue atribuido por Montoneros.

[15] Reconstrucción del Testimonio de Rolando Concatti y Eduardo González.

[16] Los distintos testimonios así como las fuentes escritas no concuerdan con el número exacto del grupo que se apresto a protestar, Rolando Concatti, afirmaba que eran 47, mientras Miguel Ramondetti más de 50, Eduardo González da un número exacto de 50, sin embargo la prensa de quien los historiadores se han valido marcan oficialmente un número de 49 curas. Sin embargo ni la prensa ni los testimonios pueden dar el nombre de todos los manifestantes, salvo los miembros más representativos del movimiento tercermundista.

[17] Dentro de los participantes de la manifestación se encontraron miembros importantes y reconocidos dentro del movimiento tercermundista, Domingo Bresci, Carlos Mugica, Luis Ferinello, Miguel Ramondetti, Rolando Concatti, etc.

[18] Antes de la manifestación hubo un discusión porque los representantes de Buenos Aires, querían protestar solamente por Juan Carlos Arroyo, José María Ferrari y Néstor García, consideraban que Santiago McGuire ya no era sacerdote, por estar viviendo en pareja, a pesar de no haber recibido su petición de baja. Al final se acordó protestar por los cuatro. Carlos Mugica un líder indiscutido, proponía realizar una manifestación por los tres curas y el día siguiente únicamente por McGuire, pero los de Rosario se opusieron y finalmente se acordó protestar por todos.

[19] Declaración de acuerdo al texto. Las palabras exactas: la bárbara represión  que padecía el pueblo argentino, manifestada hasta el hartazgo en detenciones arbitrarias, apremios ilegales, secuestros, torturas difamación permanente e incluso la muerte de militantes populares en manos de grupos parapoliciales. Bresci, Domingo, Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, Buenos Aires, Centro de estudios “San Juan Bosco” Cehila, 1994. P. 197

[20] Monseñor Desidero Colino, dio aviso a la policía bajo el argumento de una posible toma del edificio, y las autoridades respondieron el llamado. El antecedente de la toma de una catedral se dio en Santiago, Chile en agosto del año de 1968, por parte de curas posconciliares.

[21] Testimonio de Rolando Concatti. Entrevista realizada por Lucas Lanusse. Ver en Lanusse, Lucas, Cristo revolucionario. La iglesia militante, Buenos Aires, Vergara ediciones, 2007. P. 45

[22] Idem. P. 45

[23] Vamos a vencer, canción que forma parte del cancionero cristiano de la época.

[24] Bresci, Op. Cit. P. 90

[25] Lucas Lanusse. Op. Cit. P. 46

[26] Sin duda la insistencia era una estrategia para evitar ser trasladaos a distintos recintos, pues era una práctica común por parte de las autoridades.

[27] La comisaría primera de Rosario, allí los identificaron, les tomaron la foto reglamentaría y les exigieron firmar un documento donde se aclaraba que estaban siendo procesados por “resistir a la autoridad”, pero ellos se negaron.

[28] Las condiciones del lugar fueron bastante benignas para los sacerdotes, junto con los bomberos pudieron ver la pelea del boxeador argentino Carlos Monzón quien defendía su título de campeón mundial en contra del estadounidense Emile Griffith.  Lanusse. Op. Cit. p. 47

[29] Idem.P.46

[30] Entrevista inédita, realizada por Jorge Bravo, el 7- octubre -2014. En Luján del Cuyo, Mendoza, Argentina.

[31] Entrevista inédita, realizada por Jorge Bravo, el 2 –diceiembre-2014. En Parroquia de Nuestra Señora de la Merced, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

[32] Ejemplos de los medios en contra de las acciones de los curas, la revista Para ti, una publicación de alto tiraje cuya influencia era notable sobre grandes sectores de la sociedad argentina en febrero de 1979, pública un artículo donde cuestiona la integridad de la dirección de un colegio en Buenos Aires, donde señalan a los sacerdotes tercermundistas como apologistas de la violencia, la subversión y el marxismo. Revista Para ti, 05-02-79. Pp. 62-66.

[33] Nuestra reflexión en boletín Enlace n. 12. Este documento constituyo la respuesta a una crítica por parte del episcopado argentino, fue entregado de forma directa a cada uno de los obispos argentinos y posteriormente fue difundido dentro de la revista Enlace.

[34] Bresci, Domingo. Op. Cit. P. 99-100

[35] Entrevista realizada por Marta Diana en 2011. Ver en Marta Diana, Buscando el reino. La opción por los pobres de los argentinos que siguieron al concilio   Vaticano II, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2013. p. 147

[36] Idem. p. 147

[37] Idem. p. 148

[38] Idem. p. 153

[39] Idem. p. 154

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