Por una Latinoamerica libre

Entorno histórico y breves apuntes críticos para una relectura de El Capital en el siglo XXI

Dedicado a los camaraditas caídos y heridos de la guardería ABC y los 43 compañeros de Ayotzinapa, víctimas, todos ellos y ellas, del genocidio capitalista mexicano.

Hay libros que pueden probarse y otros que se pueden tragar.

Sólo algunos merecen ser masticados y digeridos

El Barón Francis Bacon

Por Omar Martínez

 

Hace 26 años este breve escrito no habría tenido ni un ápice de sentido. El desarrollo de los acontecimientos que prosiguió al cacaraqueado “triunfo definitivo del capitalismo” desmiente lo que en una alocada noche de borrachera miles festejaron: la caída del muro de Berlín, y junto con él, la teoría de la cual supuestamente se sustentó. Gritos con fervor y ahínco se escucharon por todas partes, fue el momento que tanto se esperó, declarar: “el fin del marxismo”. Época altamente precoz de despedidas. Empacho apresurado con dosis de regocijo que a la derecha poco tiempo le habría de durar.

 El estallido de la burbuja, cual sonido de disparo al aire, despertaría del sueño embrutecido a aquellos a los que abrazaron la trampa de la falsa ilusión. ¡No! ¡No fue cierto! La armonía anunciada jamás habría de aparecer, como tanto se alardeó. Fue por el contrario, que al dispersarse lentamente la espesa neblina de la posmodernidad, el espacio real de la vida cotidiana daría cuenta de la endurecida y cruda farsa que montó el teatro capitalista. Bajo este entorno se enmarca pues, el paso de aquellos sórdidos y perezosos acontecimientos que hoy se resquebrajan ante una absurda realidad.

Uno de ellos fue lanzar inmediatamente El Capital al cesto de basura. ¡Sí, créalo usted!  Aquella obra que tardó 20 años en salir a luz y después de causar diversos forúnculos a su autor en el trasero, habría de ser desechada, mientras se anunciaba su aparente inutilidad, irónicamente, como una mercancía o máquina depreciada, como aquellas que la misma obra nos describe dentro de sus parágrafos. Empero, la historia y las leyes de la física enseñan que la vuelta del péndulo más temprano que tarde, será la misma fuerza que la impulse, y esto habría de girar. Y así fue. Bajo el esquema de la maldita trinidad (neoliberalismo, imperialismo y posmodernismo) componentes del actual orden mundial del capital, el argumento anterior se puede demostrar.

Neoliberalismo

No hace falta ir mar adentro para descubrir las obscuras profundidades y turbios secretos que guarda de por sí la forma neoliberal del capital. La última década del siglo XX –años del susodicho triunfo, finalizó a tambor batiente. ¿Quién no lo recuerda? Fueron verdaderas sacudidas cíclicas que nos propiciaron las recetas del “fundamentalismo de mercado”. A nuestro país le correspondería inaugurar esta rueda de la (des)fortuna que pronto se expandiría como gran ola de tsunami: el efecto tequila, la crisis asiática, el efecto vodka, el efecto samba y el efecto tango[1].

¿Alguien se habría imaginado que esto pasaría después de 1989, 1991 y en plena época postindustrial (sic)? Parece que nadie se atrevería a meter las manos al fuego, evitando ser tachado de loco en pleno momento de euforia burguesa. ¡Esperen! ¡Sí,  hubo siempre uno, el autor mismo del libro en desprecio: Marx! A él corresponde en la obra citada, enunciar que la crisis es de carácter inherente al régimen de producción de capital. Que encuentra en su centro neurálgico lo económico, e instaura relaciones sociales contradictorias en el ejercicio de la producción de la riqueza social.  Y tarde que temprano esto contagiará a los diversos sectores y espacios de las relaciones que componen a las formaciones sociales, al grado de portar la posibilidad de la hecatombe social; por eso mismo, hubo que entenderlas a mejor forma – hoy en día-, como crisis civilizatorias o crisis de carácter estructural[2].

Curioso dato, el que un lema de campaña de William Clinton en aquellos años, pareciera revivir parte de la noción central del revolucionario de Tréveris, que habría sido soterrada y denostada por las calumniosas injurias de fariseos teóricos y políticos. ¡Claro! advertir la muy diferente semántica con que se maneja la una de la otra. En una, la marxista,  para develar el secreto recóndito de las leyes con que se mueve la «sociedad moderna» y, en la otra, la de Clinton, como una simple alocada y hambrienta carrera electoral.

Empero, a la postre para el mundo capitalista le saldría el tiro por la culata con dicha campaña. Pues bajo el contexto de los giros culturales[3] como una centralidad para la dinámica de las relaciones sociales que pretendieron llevar agua para su molino, y bajo el ofuscamiento de la materialidad de las relaciones sociales: múltiples voces en el llano, dentro de la crisis, espetaron con sus reclamos a diversos representantes políticos: ¡Es la economía, estúpido![4]cuando se había dicho ya años atrás que: ¡no había alternativa![5]

En el 2007 se hizo realidad la crónica de una profunda crisis implícitamente anunciada. Como epicentro: Wall Street. Espacio de lobos con furia de toros personificando al hombre neoliberal de nuestro tiempo.  Designada como la gran crisis del siglo, por sus dimensiones apocalípticas que amenazaban a un mundo “globalizado” de finanzas e irrisorias especulaciones[6]. Bastaba con ver el rostro de los secuaces del dios dinero como Bush, Alan Greenspan o  Robert Zoellick para darse cuenta que la preocupación era profunda, porque “nuevamente ya no eran capaces de dominar las potencias infernales que habían desencadenado con su conjuros” neoliberales. ¡No, no funcionaba, y ellos lo sabían, la mano invisible estaba calluda de irregularidades depredadoras! Tanto como para que antiguos gurús de la “libre economía” (Stiglitz y Krugman), incluso, grandes burgueses enriquecidos otrora crisis financiera (Georges Soros), ablandaran su corazón como el faraón queriendo permitir la libertad al pueblo sojuzgado de Israel. “El cielo está lleno de arrepentidos” canta un dicho popular: sólo que ya era demasiado tarde.

¡Qué decir de tan funestas consecuencias si sólo basta con echar un vistazo a las cifras que impregnan escalofrió! Una consigna conocidísima lo dice todo: “somos el 99 por ciento” argüían los “occupy”.  Del otro lado del Atlántico, arrodilladas ante las huestes de los centros financieros, las soberanías de los pueblos endeudados (PIGS)* otrora ciudades imperiales y clásicas, sucumbieron a razón de la tormenta que el sistema financiero mundial desembocó en el corazón del mismísimo epicentro capitalista. Aquí, está crisis del capital sí lleva grabada en la mente lo que es: la amplia desigualdad[7].

El problema de la distribución siempre ha estado presente y en esta fase de penumbra no podría haber sido la excepción. Por ejemplo, no es de gratis que la FAO  (Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura) destaque que 800 millones  de personas alrededor del mundo no tengan acceso seguro a los alimentos diarios. Ya las consecuencias políticas de esto, se dejarían sentir en los derrumbamientos políticos por problemas alimentarios, como en Medio Oriente, con las llamadas “Revoluciones Árabes”. La memoria inmediatamente se traslada al precedente de la revolución Francesa en el siglo XVIII y la escena de la decapitación de los reyes que a falta de pan para la población, los llevó a la guillotina.

Finalmente, para este primer punto del neoliberalismo podemos mencionar que este credo no puede llegar sin sus piernas con las que se desplaza. Una de ellas es la de la corrupción que alcanza a todos los estratos de las sociedades y que en esta época se hace un himno para los comulgadores de la libertad de mercado.  Destacan altos nombres directivos de los organismos internacionales, pasando por los managment de las grandes corporaciones  que ahora son los “triunfantes del mercado”, hasta alcanzar a prominentes políticos de altos cargos.  La otra, es la violencia sistemática  presentada dentro de sí por el reino del capital. Y la región de América Latina sabe mucho de esto. El ejemplo claro de lo que nos muestra el rostro de la imposición democrática “a la burguesa” que fue practicado a Chile en 1973, con el primer experimento de régimen de mercado en tierras andinas. Regresando al otro lado del Atlántico, en la (des)comunidad europea, en España para ser precisos, la violencia de los banqueros alcanzó un promedio de desahucios realizados por no más ni menos de 124 ejecutados al día, dejando a familias enteras durmiendo bajo los puentes o cuando no, suicidándose.  México no se queda atrás con el tema de la violencia, la cual se refleja en la represión y asesinatos sistemáticos a habitantes de comunidades con rasgos originarios, lo cual se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Y hablar sobre la cantidad expulsada de fuerza de trabajo migrante que intenta pasar la frontera norte, al no encontrar oportunidad de vida digna en su patria, promediando una cifra de hasta 500 intentos por día: es ya una práctica que institucionaliza el Estado con su ejercicio político. Finalmente, una de las mayores crisis humanas de nuestra época se llama: la desaparición de 43 compañeros normalistas pertenecientes a la normal rural Raúl Isidro Vargas en Ayotzinapa, en donde el culpable ¡Fue el Estado!

Imperialismo

Y sí de imperialismo se trata, los últimos años se pintan solos.  La locura desenfrenada de las fracciones de clase norteamericanas, mejor conocidas como los «neocons», han mostrado el rotundo desprecio sobre la humanidad entera; incluyendo a sus propios connacionales afrodescendientes, empleados, migrantes etc. ¿Quién no observó en el recuadro de su televisor un 11 de septiembre de 2001, lo que parecía un filme de Hollywood, tal como aquellas series de Rambo, que impregnaban el fundamentalismo patriótico norteamericano, enmarcado en la lucha de un súper soldado capitalista en contra de gobiernos comunistas “totalitarios”, contrarios a la “libertad humana”? La realidad plasmada superó a la ficción.

Embarcados en el objetivo de matar al enemigo creado con la política de “prevención del terrorismo” fue el “digno” pretexto de la primera cruzada imperialista que inauguraba el siglo XXI en su fase geopolítica unipolar con la invasión a Afganistán. La URSS ya no existía más y no había contrapeso. ¿El botín? ¡Obvio: el petróleo!  Irak fue el segundo objetivo. Dudosas excusas de armas de destrucción masiva, jamás encontradas por cierto, fueron la bandera de la incursión de tropas “liberadoras de la humanidad” en las  desgarradas calles de Bagdad. Guerras que eran un mandato de Dios, según declaró Bush[8]. Sólo que no precisaba en su declaración, que el develamiento fue con el Dios capitalismo. Además, los campeones de la democracia instaurarían, en un sitio usurpado, el ejemplo de lo que son sus valores en materia de derechos humanos: la cárcel de tortura en Guantánamo.

Hoy, en los últimos años, ya sin el atrofiado psicópata texano, las ansias de escurrimiento de sangre no han parado. Libia, Siria son otras experiencias más de devastación encabezadas y planificadas por… ¡qué!…, ¡sí, vuélvalo a creer! el novel de la paz, Ab uno disce omnes.

Rusia, China y Norcorea se mantienen al límite permanente de la amenaza. La nueva doctrina parece rezar: “El mundo para los Americanos” mientras  Brzezinski se muerde los labios y lame los bigotes. El imperialismo no viaja sólo en sus aventuras: arrastra a su Sancho Panza: la OTAN. El cementerio nacional de Arlington espera con la boca abierta a más soldados desconocidos, hombres que creyendo en la libertad de elegir McDonald o Burger King, terminan  descendidos de un avión Hércules cargado de féretros encubiertos por la bandera de las barras y las estrellas.

Mas las modernas huestes de conquista imperial, no se hacen sólo con armas convencionales, también la guerra de intensidad psicológica destruye sociedades. De antemano es una tradición en el arte de la guerra echar por frente una campaña de sentido, antes de la incursión militar cuerpo a cuerpo. El imperialismo no podría ser, sin instalar antes sus bases ideológicas: Hollywood, medios  de comunicación, líderes de opinión,  paradigmas, think-tanks, etc. Así, “prevención” y “libertad” se convierten en significado de muerte, desesperanza y despojo[9].

Todos los imperios entran a su etapa de decadencia. Atilio Boron y David Harvey, ambos por separado, coinciden en que la fase del imperialismo actual se torna más violenta y peligrosa en sus ansias desenfrenadas por retener sus privilegios[10]. La instalación de 872 bases militares en el mundo y el desorbitado incremento de gastos de guerra así nos lo confirman. Con estos antecedentes, el mundo se vuelca hacia un futuro incierto sin precedentes, el jinete apocalíptico de la destrucción parece decidido a cabalgar con mayor velocidad.

Posmodernismo

Y para completar la familia del capital, el matrimonio neoliberalismo-imperialismo  ha dado a luz a su vástago predilecto: el posmodernismo. Con un rictus extremo de irracionalidad su objetivo es provocar la anomia social entre la población. Anomia que desactiva políticamente a los sujetos por medio del malabarismo discursivo: juguetón, tramposo, pícaro y seductor. Monstruo de mil cabezas. Lo mismo le da declarar el fin de los metarrelatos de un soplido,  que usar uno para legitimar el propio[11]. ¿Sus principales víctimas? Sí, el sector más endeble y enamoradizo: la juventud.

¿Los padrinos principales? Tiene varios. Algunos de ellos son nombrados por Alex Callinicos: los hijos de Marx y la Coca Cola[12]. Antiguos ex marxistas, posiblemente hoy, posmarxistas, que no vendría en mal llamarlos: neorenegados de la revolución. Expertos embaucadores de la desorganización, por ello, alfiles del capitalismo neoliberal, pregoneros de la supuesta “nueva Jerusalén”. Su propuesta  pasó de la teoría a la práctica, ya no sólo se empolvan en los estantes de las bibliotecas. Se han institucionalizado de la mano del Estado y en la industria cultural le ha encontrado el lado brilloso como un  valor de cambio.

Por algo será que el mayor Papa anticomunista de la historia (Karol Wojty) se reconoció como posmoderno, y con ello, inauguraría la era de los «papados posmodernos». Este ejemplo deja ver que no se puede enfocar en un solo sector la influencia de dicho credo. Quienes pensaron que el posmodernismo era un fenómeno meramente cultural, ya pueden darse un disparo en la cabeza. El rostro, sí, es cultural, pero su objetivo es político y su misión abrir el paso a la reproducción del capital en el nuevo patrón de acumulación[13].

¿Cómo lo hace? Invitando al brindis por el fin de la modernidad. Propuesta hipócrita porque de ella se vuelve cómplice al ser complaciente con la perpetuación del capital tal como lo afirma Terry Eagleton[14]. Echa en saco completo de la basura a todos los movimientos emancipatorios de rasgos profundos, el principal, por supuesto, el comunismo. Y lo hace creando su propia doxa: “Adiós a Lenin”, “El fin de la ideologías”, “El fin de la historia”, “Adiós a la lucha de clases” “Godbye Mr. Socialismo” etc. A cambio oferta la radicalización del hedonismo, el narcicismo, el esnobismo, el paroxismo, la inmediatez, la contingencia y el relativismo. ¡Se dice ser el nuevo Moisés que nos bajará las tablas sagradas!

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¿Por qué releer El Capital?

En los últimos años aparece un renacer intenso por la lectura de la obra cumbre del marxismo. ¿A qué se debe esto? No es nada novedoso. Por lo general las mismas crisis son las que nos recuerdan que existe una amplia necesidad por revisitar las entrañas de la bestia que las provoca. Cuando el patrón de acumulación capitalista rinde sus mejores y “aparentes frutos” se echan campanas al vuelo, y cuando demuestra el éter del cual está hecho, los apologistas guardan la cabeza como un avestruz. Hoy podemos decir que todos somos “algo” de marxistas, pero no comunistas, incluso hasta el Dalai Lama.

El Capital es texto que convoca. Diversos colectivos de estudio y seminarios  de todo tipo, académicos o militantes, han dado numerosas veces vuelta a sus páginas tratando de localizar acordes referencias, más que verdades eternas para explicar la realidad e incidir sobre ella. Destacan históricamente grupos y personajes importantes de renombre. En uno de ellos tuvo participación  Lenin, que le sirvió para la preparación de los análisis de las condiciones en la Rusia zarista, que devendría años más tarde en el libro El desarrollo del capitalismo en Rusia como parte de los materiales preparativos para la revolución de 1917.  Otro más es el de la lectura que organizó el Che Guevara, ya como ministro de economía. Estuvieron presentes representantes obreros, además del mismo Fidel Castro; la idea era establecer un debate sobre el futuro de la construcción del socialismo en Cuba a partir de la reflexión y la discusión del libro. Además, quién no recuerda el famoso seminario de lectura organizado por Althusser. Se podrá estar de acuerdo o no con los resolutivos que de ahí se desprendieron, sin embargo, las figuras de calibre pesado que resultaron de ese espacio contribuyeron hondamente al desarrollo de las ciencias sociales.

Hoy, lo expuesto aquí en los apartados anteriores,  obliga a desempolvar y recurrir a lo que parecía ya muerto, o por lo menos,  superado. Ha sido prolija la reimpresión de la obra en los últimos años, que se han visto en la necesidad de que diversas casas editoriales decidieran nuevamente editarla. Al grado incluso de que en Alemania recientemente se haya convertido en Best Seller, o que en Inglaterra en un medio de comunicación, no precisamente de tendencia progresista, haya llevado a su autor a ser el ganador en una encuesta en la que se preguntó: ¿quién era el mayor pensador de la historia? Ganándola dos veces respectivamente para el amplio beneplácito, suponemos,  de la burguesía.

¡El muertito está vivo!  Diversas interpretaciones están saliendo a flote[15]. Los adoradores de la necrofilia se han quedado en estado de shock. Se dan cuenta que mientras el modo de producción capitalista siga latiendo y sus perversidades continúen siendo una amenaza para miles de millones de persona —al grado de poner a la especie humana en peligro de extinción, como lo dijo Fidel—,  seguirá estando presente aquel pasaje bíblico que pareciera análogamente ordenarle a El Capital: “Lázaro, levántate y anda” .

 

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Breves apuntes críticos para la relectura de El Capital

Este apartado no pretende agotar la riqueza científica que contiene El Capital. Mucho menos es una interpretación definitiva del tipo de lectura que se deba hacer hoy en día. Como se verá únicamente aspira a destacar algunos rasgos que podrían parecer superficiales, pero no menos importantes, y que tal vez, si se quiere para algunos, les parecerán fundamentales. Tomando en cuenta que las múltiples crisis por las que ha atravesado el marxismo llaman a cada vez más hacer de él una ciencia perfectible y que sirva prácticamente para los que está dirigido, los explotados victimas del capital. Lo organizo a modo de apartado para facilitar su explicación.

  1. Antes de comenzar a leer El Capital es básico y se torna necesario informarse: quién era su autor (aspectos generales de su vida) y qué posicionamiento político representaba. Además de averiguar cuál era su intensión con la redacción del texto, para quién estaba dirigido y qué efectos prácticos esperaba alcanzar con ello.
  2. Hay diversas formas recomendadas para su lectura: comenzar como cualquier texto por el principio, abstraer algunos capítulos o apartados, o comenzar por el capítulo 24 del primer tomo. Cualquiera que sea su decisión es bienvenida, sólo que no pierda de vista que esta obra se emerge de una totalidad cognoscitiva que habrá de considerar al momento de su elección. Y que por lo mismo, siempre la naturaleza de sus partes componentes estará presente al momento de las deducciones que le pueda ofrecer el tipo de lectura que haya usted elegido.
  3. Tome en cuenta que el primer capítulo, coincidiendo con varios autores que lo han leído, es clave para el desarrollo de los siguientes capítulos. Funge como una especie de modelo teórico-analítico en el que Marx construye un continente científico donde presenta sus conceptos rectores que le permitirán a su vez, desarrollar otros conceptos más concretos en diferentes apartados.
  4. Es muy importante no perder de vista, y esto se engarza con el apartado anterior, que Marx fiel a la tradición filosófica de la crítica (retomada como su ciencia con aportaciones personales), desenvuelve el estudio de las categorías a manera de formas históricas. Donde, éstas, presentan una interconexión de relaciones (las que precisamente permiten su constitución) que derivarán a su vez en otras. Y así la realidad material de las mismas (que no está presente en la superficialidad) le permiten a Marx construir la explicación de lo histórico en su objeto.
  5. El factor del tiempo en la investigación de Marx es importante. Por eso mismo se debe tomar en cuenta que el factor de la historia en Marx no es una colección de personajes, chismes, tragedias, anécdotas, o colección positivista de datos. “La anatomía del hombre es la clave para comprender la anatomía del mono” Por eso mismo, el factor del tiempo en El Capital siempre será el presente o lo último más actualizado. De ahí se entiende que Marx comience con el análisis más desarrollado de la mercancía y se dirija en retrospectiva a buscar sus formas que le dieron constitución, lo mismo pasa con los modos de producción, las formas de Estado o el tipo de ideología, etc.
  6. Es un error pensar que El Capital es sólo una lectura económica, política, histórica, filosófica o lo que se quiera. Una de las gravedades que se cometió durante mucho tiempo, fue el caer en diversos reduccionismo académicos, patentando a un sólo sector como propietario de la riqueza teórica que contiene. A El Capital se le pueden encontrar, incluso, las voces de literatos clásicos que Marx utilizaba como recursos para describir y ejemplificar procesos u objetos, que el prejuicio científico no le hubiera permitido a su autor, cuando no se podía decir de otra manera, y ser tachado de simple moralista. Lo mejor es tomarlo en cuenta como una enciclopedia que aporta a las ciencias sociales y humanas.
  7. Por favor, no crea que El Capital ya lo ha explicado todo. Sería una forma perezosa y aburrida de leerlo y ponerlo en práctica. No es una declaración omnisciente. Su mérito radica en que sienta las bases de leyes sobre hechos particulares (no de las leyes generales de la historia como lo creyeron los manuales rusos), que puedan servir para la interpretación de casos en tiempos y espacios específicos. Por lo mismo, no es perentorio meterle camisas de fuerza. En contraparte, utilícelo siempre en clave de interrogatorio y perfecciónelo enriqueciéndolo a sus análisis personales; no realice con él un collage teórico con otras que a veces no se complementan; cuestione meticulosamente sus planteamientos, pero no por ello haga de su teoría revisión o la declare como un cadáver siguiendo a los renegados, posmaxistas, posmodernos o a la simple derecha que todo lo que a su paso huela a izquierda revolucionaria desecha.
  8. Finalmente, y por lo que más quiera, trate de llevar a la práctica las deducciones políticas  que de ellas se desprendan. Tome en cuenta que el sentido de la obra no era sólo contemplativa, sino ante todo, revolucionaria.  

 

[1] Por orden de exposición nos referimos al crack  financiero  que se presentó en México  (1994), la región asiática, mejor conocida como los “tigres” (1997), el resquebrajamiento ruso  (1997),  la caída de Brasil (1998),  y el drama argentino de los “cacerolazos” (2001). Para una concreta explicación ver: Guillen, Arturo. Mito y realidad de la globalización neoliberal. Porrúa-UAM-I, México, 2007, pp. 274.

[2] Aunque en su momento líderes del mundo y la ultraderecha ramplona lo tacharon de padecer demencia senil por estas declaraciones, Fidel Castro lo advirtió en Rio de Janeiro dentro de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente en 1992:  “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”

[3] Por ejemplo Samuel Hungtinton el académico de cabecera de la Casa Blanca argumentaba el choque de civilizaciones como el futuro de las disputas entre las regiones, dejando de lado la explicación de la centralidad de los recursos materiales que occidente anhelaba para su desarrollo económico, que le permitiera seguir el paso dominador del mundo. Dichas tesis son parte de la legitimidad que permitiría la invasión y extracción de recursos petroleros en diferentes naciones bajo ese recurso culturalista de las razas.

[4] Fueron diversas las protestas en esa época contra las reuniones organizadas por los Organismos Internacionales.  Por sólo recordar están los ahijados de Ernesto Zedillo: los globalifóbicos.

[5] ¡There is no alternative! dijo infundiosamente Margaret Thatcher ante la pregunta de una posible contrariedad al mundo capitalista.

[6] Ramonet, Ignacio. La gran crisis del siglo. El fin de una era del capitalismo financiero. Icaria y Más Madera. Barcelona, 2009. No es una globalización de personas ni de derechos o de oportunidades, sino una globalización de mercancías y de transacciones financieras.

[7] “Gran parte de la desigualdad en la parte más alta se asocia a los directivos del sector financiero y de las grandes empresas” Stiglitz, Joseph. El precio de la desigualdad. El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. Taurus, México, 2012, p. 37.

* Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España. Este acrónimo peyorativo lo inventaron los mismos Organismos Internacionales

[8] http://www.theguardian.com/world/2005/oct/07/iraq.usa

[9] Sobre la noción de seguridad, pero principalmente, de libertad como consentimiento véase: Harvey, David. Breve historia del neoliberalismo. Akal, Madrid, 2007, cap. I, II y VII. Los programas de guerra del alcohólico Bush se sustentaron bajo la centralidad de estos dos conceptos “guerra de prevención” para “la libertad humana”.

[10] Boron, Atilio. America Latina en la geopolítica del imperialismo, UNAM-CEIICH, 2ª ed., México, 2014, p. 77. David Harvey dice: “Resulta difícil pensar que Estados Unidos pueda aceptar pacíficamente adaptarse al fenómeno de crecimiento de Asía Oriental […] es muy poco probable que Estados Unidos acepte ese crepúsculo” en: El nuevo imperialismo, Akal, Madrid,  2007, p. 71.

[11] Curiosamente, “La crítica a los grandes relatos significaba en los hechos reclamar la centralidad de un nuevo metarrelato, aquel que declara al pequeño relato como la forma por excelencia que toma la invención imaginativa” en: Osorio, Jaime. “El megarrelato posmoderno” en  Critica y emancipación. Revista latinoamericana de ciencias sociales. CLACSO, Año I, Núm. 2, primer semestre 2009, p. 146.  La cursiva es mía.

[12] Callinicos, Alex. Contra el posmodernismo. Una crítica marxista, El áncora editores, 2ª reimpresión, Bogotá, 1998, p. 305-322.

[13] Tanto David Harvey como Frederic Jameson reconocen esta lógica del posmodernismo en: La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Amorrortu editores, Buenos Aires, 2004.  El Posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Paidós, Barcelona, 1991.

[14] Eagleton, Terry. Las ilusiones del posmodernismo. Paidós, 2ª reimpresión, Buenos Aires, 2004, p. 195.

[15] En los últimos 15 años el boom del marxismo y de la lectura de El Capital crece cual marabunta. La lista es enorme, aquí sólo anuncio algunos destacados. Fernández Liria, Carlos y Alegre Zahonero, Luis. El orden de El Capital. Por qué seguir leyendo a Marx, Ediciones Akal, Madrid, 2010; Wheen, Francis. La historia de El Capital de Karl Marx, Debate, México, 2008;  Bensaid, Daniel, Marx intempestivo. Grandezas y miserias de una aventura crítica, Ediciones Herramienta, Buenos Aires, 2003; Fischbach, Franck, (coord.). Marx. Releer El Capital. Akal, Madrid, 2012;  Bidet, Jacques y Duménil, Gerard. Altermarxismo. Otro marxismo para otro mundo, El Viejo Topo, Madrid, 2007; Eagleton, Terry. Por qué Marx tenía razón, Península, Barcelona, 2011; Lebowitz, Michel A. Más allá de El capital, La economía política de la clase obrera en Marx. Ediciones Akal, Madrid, 2005; Petruccelli, Ariel. El marxismo en la encrucijada, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2010; Boron, Atilio,  Amadeo, Javier y González, Sabrina (compiladores). La teoría marxista hoy: problemas y perspectivas, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 2006; Harvey, David. Guía de El Capital de Marx. Libro primero, Akal, Madrid, 2014; Jameson, Frederic. Representar El Capital. Una lectura del tomo I, FCE, Buenos Aires, 2013; y finalmente,  Kohan, Nestor. Nuestro Marx [Libro en línea]. Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/98548.pdf   [Acceso el 10 de Noviembre de 2014].

 

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