Por una Latinoamerica libre

Hacia un Socialismo Raizal

Hacia un Socialismo Raizal para América Latina

Hernán Ricardo Murcia López

hrmurcial@unal.edu.co

Universidad Nacional de Colombia

“Aquí en Colombia y, en general, en América Latina, no hemos sido suficientemente auténticos u originales al reaccionar ante nuestro propio contexto, lo que nos lleva a plantear alternativas más apropiadas. Una de las, la que he venido favoreciendo, se basa en retomar la estructura de valores sociales desde su génesis, esto es, los constituyentes del ethos de nuestros pueblos, y tratar de descubrir aquellos que sean congruentes con nuestras reales metas colectivas”

 Orlando Fals Borda

El contexto político, social y económico de Nuestra América[1], se ha caracterizado históricamente desde el proceso de despojo y colonización europea por la adopción e implementación de paradigmas de desarrollo foráneos que poco han tomado en cuenta las particularidades geográficas y sociales del mismo, han generado por consiguiente fuertes levantamientos populares de diferente índole a lo largo y ancho del continente desde 1492, que a través del tiempo se han transformado y materializado en la consolidación de organizaciones de oposición de corte socialista o comunista y en la solidificación de movimientos sociales de gran envergadura como el MST, el EZLN, el Movimiento Piquetero, entre muchos otros

Una de las críticas que han surgido a lo largo de la historia de la consolidación de movimientos de oposición al sistema capitalista es precisamente su dogmatismo y su fuerte conexión con el comunismo de la Unión Soviética, que si bien es una corriente válida para la realidad europea, presenta problemas en la medida en que carece de un desarrollo teórico consecuente con la realidad latinoamericana. El derrumbe del ala socialista en el denominado proceso de la “Perestroika” evidenció que “la noción que predomina hoy en el debate sobre estrategia y táctica de la izquierda latinoamericana es que el “paradigma soviético” no resolvió los problemas teóricos y prácticos de la viabilidad del poder revolucionario en sus dos dimensiones principales, el poder económico y el poder político”[2]

Entonces se hace imprescindible resaltar las propuestas políticas y teóricas de académicos del continente, tales como Miguel Mazzeo, Nayar López Castellanos, entre muchos otros. Sin embargo, a pesar de la necesidad de rescatar a los mencionados anteriormente, se vuelve indispensable también pensar en el ideario del sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, quién consideró el socialismo como una lucha legítima y lo llenó de contenido propio y autóctono, resaltando y reivindicando la sabiduría de los pueblos ancestrales, destruyendo así el distanciamiento epistemológico que tenía esta propuesta con nuestra realidad, a la par que lo asoció con teorías académicas humanistas tales como la Investigación Acción Participativa. Hago énfasis en este último, pues refleja cómo se ven procesos de construcción de otras formas de socialismo desde países que no han logrado consolidar el ejercicio del poder mediante vías institucionales, pero que sin embargo llevan una gran historia de lucha desde la invasión del 12 de octubre de 1492.

UN SOCIALISMO RAIZAL PARA AMÉRICA LATINA

En Europa el socialismo se vincula teóricamente a tres corrientes; el “socialismo utópico” derivado de la ensayística, con Saint-Simón y Owen como mayores exponentes; el “socialismo científico” a partir de Marx; y la visión que proviene de antropólogos franceses y se remonta al estudio de los orígenes de la civilización humana[3]. América, con su propio proceso histórico contaba desde antes de la conquista con una aglomeración de culturas y formas organizativas desde las cuales  podría ser equiparable la construcción de socialismo, Hoy sabemos, por ejemplo que  dirigentes populares y teóricos peruanos como José Carlos Mariátegui y José María Arguedas[4] “concluyeron que las culturas indígenas oriundas de América, en especial las del inca que estudiaron y observaron personalmente, llegaron muy cerca a la definición inglesa de socialismo”[5]

De este contexto surge la idea de denominar un “socialismo raizal y ecológico” que no necesariamente retome los intereses de socialización de propiedad privada (aunque sí de una distribución equitativa de bienes materiales e inmateriales) y de la necesidad del acceso y ejercicio del poder desde la institucionalidad, sin dejar a un lado la construcción de poder popular. Es raizal en tanto que toma como cimientos los valores fundantes de los pueblos originarios; los indígenas primarios, los negros de los palenques, los campesinos-artesanos pobres antiseñoriales de origen hispánico, y los colonos y patriarcas del interior agrícola. En cada uno de ellos se puede observar una tradición histórica de luchas y espíritu público,  por  lo  que  son  estos  actores  sociales  los  que  mediante  sus  luchas coyunturales y una proyección política, servirán en la construcción del socialismo

En un principio se encuentran los indígenas con un ethos claro de solidaridad o de siempre ofrecer, de reciprocidad o de siempre devolver, de no acumulación o siempre distribuir y de una necesidad de extraer recursos naturales sin excederse, con el fin más de sobrevivir que de generar riqueza. En los negros palenqueros encontramos el ethos de libertad, esa misma que demostró Benkos Biohó en la construcción del palenque de San Basilio y la construcción de cabildos propios en los cuales la toma de decisiones en autónoma. Después de los negros palenqueros encontramos a los campesinos-artesanos antiseñoriales, los cuales tienen su descendencia en aquellos campesinos migrantes españoles los cuales generaron procesos organizativos tales como los laudos arbitrales y su valor culturales predominante está basado en la dignidad política que evidencio de mejor manera Francisco Berbeo y José Antonio Galán Zorro en la insurrección comunera de 1781 en Colombia[6]. Por último, encontramos a los denominados Colonos internos, identificados en colonizadores del campo Colombiano de procedencia antioqueña, Boyaca,

Cundinamarqueses y Santandereanos, los cuales tienen como ethos la construcción de autonomía y autogobierno participativo, generando recuperación de formas del conocimiento popular y la construcción colectiva.

Para el socialismo raizal, el ethos nacional tropical cobra importancia como uno de los objetivos fundamentales a alcanzar; éste no se forma a través del rechazo a lo foráneo o de discursos nacionales impuestos artificiosamente; se alza sobre las categorías de democracia radical, pueblos originarios y valores fundantes, catalizadas mediante el socialismo raizal.

Para la construcción de un socialismo raizal, íntimamente Latinoamericano, es principal el valor de la identidad, pues es “Nuestro ethos nacional, enriquecido en esta rica forma, y con la democracia radical y con el socialismo raizal de origen como pegante ideológico, llevaría a valorar otra vez la tierra, que sigue siendo nuestra principal vocación de nuestras naciones, no como simple negocio explorador, sino preferiblemente como forma  de vida‟[7].   En otras palabras, que el socialismo raizal cuestiona el modelo de desarrollo existente, que plantea la industrialización  y modernización (entendida como necesidad de dejar el campo) como una de las tantas formas de lograr crecimiento económico y social, al igual que la necesidad de buscar el ejercicio del poder por vías institucionales, entendiendo que “El desarrollo de una institucionalidad propia no se contradice con las incursiones de una institucionalidad ajena con el fin de transformarla a partir de una radical democratización”[8]

El socialismo raizal se plantea entonces fundamentalmente como un esfuerzo reivindicativo; orientado por los procesos de “glocalizacion” en las líneas anti hegemónicas y antiglobalizadoras (concibiendo la globalización como discurso, instituciones y  procesos  inducidos),  pero  cuyo  fin  último  es  el  bienestar  social. Cabe apuntar que desde esta perspectiva, la delimitación geopolítica del espacio resulta insuficiente ante la complejidad ecológica y etnográfica de  nuestras regiones, por lo que debe ser reevaluada al tiempo que se buscan acercamientos entre las naciones hermanas.

La configuración de nación es entendida como “El conjunto de habitantes de un territorio determinado que se identifican a partir de un lenguaje, una cultura, una historia y una articulación económica común”[9], es precisamente donde se fundamenta el socialismo raizal, pretendiendo mediante valores nacional y bajo tres pilares fundamentales mencionados anteriormente: La democracia radical, los pueblos originarios y valores fundantes en donde la nación forma parte fundamental en la construcción del socialismo raizal, basado en el empoderamiento popular desde las comunidades, sin por eso ser antagónico con las diferentes formas de construcción y ejercicio de poder[10].

La confrontación eurocentrismo/glocalización[11] debe ser afrontada en un primer lugar por aquellos que han sido afectados más intensamente, son estos los encargados de construir un futuro con autonomía y más equitativo, donde sean precisamente los latinoamericanos los que construyan esos mundos nuevos. Vemos a lo largo del siglo XXI como se ha venido consolidado en países latinoamericanos el denominado “Socialismo del siglo XXI”, siguiendo el recorrido histórico de Simón Bolívar, José Martí, Augusto Cesar Sandino, Ernesto Guevara, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, en la necesidad de construir un socialismo para la Patria Grande, en donde, en un primer momento como “columna vertebral del socialismo que se precisa, su razón de ser radica en garantizar alimentación, salud, trabajo, educación, vivienda, cultura, recreación, libertad, para todos los componentes de la comunidad nacional”[12].

Estos gobiernos, han implementado desde su consolidación iniciativas de agrupación regional, que si bien mantienen un marco enfáticamente económico como Mercosur, no hay que desconocer su potencialidad como, por un lado agente de nexos a nivel cultural, social, ecológico, agrícola o político en una parte del continente y por otro como generador una nueva forma de negociar entre países hermanos, dando ejemplo en un contexto en donde los Tratados de libre comercio se hacen para la explotación de los países “en vías de desarrollo” por los dominantes, en donde la configuración de relaciones basada en el neoliberalismo se expresan como “garante de una plena libertad de mercado y de la circulación de los capitales transnacionales, en el entendido de una plena separación entre política y economía”[13].

Para concluir, es necesaria la construcción no solo del socialismo raizal o el “socialismo en el siglo XXI”, sino de las más variadas vertientes de socialismo, en donde sean las comunidades latinoamericanas en su configuración de nación las que construyan nuevos rumbos, formas diferentes de organización con justicia social, de pie a las necesidades de Nuestra América, en donde “los pueblos que no se conocen han de darse prisa en conocerse como quienes van a pelear juntos” (Martí, 1974) para hacerle frente mediante la democracia radical y el socialismo a ese gigante de las siete leguas llamado Neoliberalismo en América Latina y en el mundo entero

Bibliografía

De Sousa Santos, B. (2005 ). Reinventar la democracia: reinventar el Estado . Buenos Aires : CLACSO.

Fals Borda, O. (2008). EL Socialismo Raizal y la Gran Colombia Bolivariana. Caracas: Fundación El Perro y La Rana.

Leddy Phelan, J. (2009). el pueblo y el rey la revolución comunera en Colombia, 1781. Bogotá: Universidad del Rosario.

López Castellanos, N. (2009). Del Plan Puebla Panamá al Proyecto Mesoamérica. Un espejo de la globalización neoliberal. Mexico D.F: Plaza y Valdes.

López Castellanos, N. (2012). Perspectivas del socialismo latinoamericano en el siglo XXI. Mexico D.F: Oceansur.

Mariátegui, J. C., & Garrels, E. (1979). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho.

Martí, J. (1974). Nuestra América. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacuch.

Marx, K., & Engels, F. (2002). Manifiesto comunista. Barcelona : Editorial El Viejo Topo.

Mazzeo, M. (2014). Requisitos Estrategicos. En O. Acha, S. B. Adoue, R. Dri, R. Dulcich,

Fernandes, & M. Mazzeo, Socialismo desde abajo (págs. 83-158). Buenos Aires: Herramienta ediciones.

Regalado, R. (2006). América Latina entre siglos. Dominación, crisis, lucha social y alternativas políticas de la izquierda. Cuba: Oceansur.

Stratta, F. (2014). El socialismo raizal en Nuestramerica. En O. Acha, S. B. Adoue, R. Dri, R. Dulcich, M. Fernandes, & M. Mazzeo, Socialismo Desde Abajo (págs. 145- 158). Buenos Aires: Herramienta Editorial.

[1]  Termino atribuido a José Julián Martí (filosofo, político, periodista y revolucionario cubano en el proceso de independencia de está hacia España) con su ensayo “Nuestra América” escrita en 1891. MARTÍ, José. (1974). Nuestra América. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho.

[2] REGALADO, Roberto. (2006). América Latina entre siglos. Dominación, crisis, lucha social y alternativas políticas de la izquierda. Cuba: Oceansur. Pág. 76

[3] MARX, Karl, & Engels, Federico. (2002). Manifiesto comunista. Barcelona: Editorial El Viejo Topo

[4] El primero con obras tales como los 7 ensayos de interpretación de la interpretación peruana y Arguedas desde el indigenismo se fundamentan en los procesos de organización indígena para recoger la idea de socialismo desde América. MARIÁTEGUI, José Carlos & Garrels, Elizabeth. (1979). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho

[5] FALS BORDA, Orlando. (2008). El socialismo raizal y la Gran Colombia Bolivariana. Caracas: Fundación el Perro y la Rana. Pag 20

[6] Para más información de la insurrección comunera se recomienda el texto de “El pueblo, el rey y la revolución comunera en Colombia 1781” Escrito por Jhon Leddy Phelan

[7] Ídem. Pag 33

[8] MAZZEO, Miguel. (2014) Requisitos Estrategicos. En O. Acha, S. B. Adoue, R. Dri, R. Dulcich, M. Fernandes, & M. Mazzeo, Socialismo desde abajo (págs. 83-158). Buenos Aires: Herramienta ediciones. Pag 87

[9] López Castellanos, Nayar. (2009). Del Plan Puebla Panamá al Proyecto Mesoamérica. Un espejo de la globalización neoliberal. Mexico D.F: Plaza y Valdes. Pág 29

[10] STRATTA, Fernando. (2014). El socialismo raizal en Nuestramerica. En O. Acha, S. B. Adoue, R. Dri, R. Dulcich, M. Fernandes, & M. Mazzeo, Socialismo Desde Abajo (págs. 145- 158). Buenos Aires: Herramienta Editorial. Pag 164

[11] Muchos autores han escrito acerca de la dicotomía entre estas dos posturas políticas, económicas e ideológicas, entre los más relevantes se encuentra el sociólogo jurídico Boaventura de Sousa Santos, con textos como “Reinventar la democracia, reinventar el Estado”.

[12]López Castellanos, Nayar. (2012). Perspectivas del socialismo latinoamericano en el siglo XXI. Mexico D.F: Oceansur. Pág 76

[13] López Castellanos, Nayar. (2009). Del Plan Puebla Panamá al Proyecto Mesoamérica. Un espejo de la globalización neoliberal. Mexico D.F: Plaza y Valdes. Pág 57

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