Por una Latinoamerica libre

Tejiendo la historia

Genealogía de las ideas de la corriente feminista autónoma latinoamericana durante la década de los noventa.

(Primera Parte)

Por Mariana Villaverde

Hilando con memoria

Antes de introducirme de lleno al tema que nos atañe, encuentro preciso indagar un poco más en el pasado. Las diferencias en el feminismo han estado siempre presentes, quizá algunas veces de manera más expresada, otras no tanto. Esto se ve reflejado en las crónicas de los encuentros dónde el feminismo institucional y el feminismo autónomo cobran expresiones de diversos modos. El primero en Bogotá, Colombia, en 1981, donde se ven algunos indicios; el segundo en Lima en 1983 donde no se encuentran muchos rastros; luego Bertioga, Brasil, en 1985, que tuvo un fuerte carácter autónomo. Pero será en el IV Encuentro Feminista Latinoamericano en Taxco, México, en 1987 donde se comenzó a cristalizar los inicios de la institucionalización.

En primer lugar, 1987 es un año donde la entrada del neoliberalismo era ya evidente en la mayoría de los países latinoamericanos. Por otro lado, en este encuentro un grupo de feministas de diferentes países, entre las que se encuentran dos de las que posteriormente serán Cómplices: Margarita Pisano[1] y Ximena Bedregal (lo subscribe), redactan un documento que se titula “Del amor a la necesidad”[2]. En este documento, abogan por la inclusión lograda de las demandas feministas en diferentes espacios como la academia, el gobierno, organizaciones populares y religiosas y partidos políticos (Memoria del Encuentro, 1987: 56). Luego intentan desnaturalizar ciertos mitos creados por el feminismo. Uno de ellos es que a las “feministas no les interesa el poder”; con lo cual responden: “queremos poder para construir una sociedad democrática y participativa”. Luego determinan que una de las dificultades en la práctica política de las feministas tiene que ver “con la dificultad de aceptar la unidad en la diversidad y la democracia”. Se visualiza claramente como la palabra democracia aparecerá de forma reiterada, teniendo en cuenta que la mayoría de los países latinoamericanos salían de guerras y dictaduras.

Autonomía Cómplice

Cómplices antes de explicitarse como tal en el encuentro de Salvador del 93, ya venía desde años atrás juntándose y debatiendo lo que se vivía dentro del movimiento con respecto al financiamiento y las trabas que esta democracia traía para la actuancia feminista, donde se imponían pocas temáticas para tratar negando la libertad de elección para las mujeres.

En uno de los encuentros en la Ciudad de México organizan un parlatorio llamado: “Primer Foro Nacional sobre la Mujer, Violencia y Derechos Humanos”, realizada el 8, 9 y 10 de marzo de 1993 en el Claustro de Sor Juana. Francesca Gargallo lo expresa como el “profundo malestar” que estaban sintiendo por considerar que sólo podían tratar el tema de la violencia de las mujeres, las mujeres como víctimas y no como actuantes y creadoras de su propia cultura.[3]

Posterior al Encuentro V en San Bernardo, Argentina, las salvadoreñas organizan el VI, en Costa de Sol, El Salvador en octubre de 1993. Al encuentro llegaron aproximadamente mil mujeres de todas partes de Latinoamérica y el Caribe, además de Europa y América del Norte (Memorias del Encuentro, 1994: 32). Este encuentro se gestó en un momento muy conflictivo. El Salvador se encontraba saliendo de la guerra armada interna, aunque continuaba siendo un territorio ocupado por la ONUSAL (Observación de Naciones Unidas en El Salvador), y teniendo altos índices de violencia. En este contexto, mientras el gobierno salvadoreño, por un lado, firma acuerdos de paz con la ONU, por el otro, se opone tajantemente al Encuentro Feminista por ofender a la “moral pública”. Las organizadoras del encuentro, comentan en las Memorias lo siguiente: “El 17 de septiembre de 1993, aparecen en la televisión salvadoreña “spots” en los que hablaban de un encuentro de homosexuales y lesbianas preparado por el FMLN, para degradar la “moral y la cultura” salvadoreña por parte de los sectores que no contentos con haber destruido el país, ahora venían a destruirle sus valores y a traerle el SIDA (1994: 15).”

Con esto pretendía identificarse a las organizadoras y potenciales participantes del encuentro con el FMLN. En dicho encuentro habrá varios hechos significativos que desencadenarán la ruptura del movimiento feminista. En primer lugar, se produce el anuncio de Virginia Vargas como representante de las ONG´s de América Latina[4] para la IV Conferencia de las Naciones Unidas. Esta designación no había sido discutida dentro del movimiento feminista, y Vargas tampoco quiso discutirla en el Encuentro (Franulic y Pisano, 2009: 351).

          Otro de los hechos significativos que dejará explícita la necesidad política de cuestionar la entrada de Naciones Unidas en el movimiento, fue cuando una pareja de feministas radicales, Miriam Botassi –brasileña líder del movimiento lésbico– y Ann Puntch –norteamericana, radicada en Brasil– denuncian la oscura procedencia del financiamiento para Beijing, sede de la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, que se llevaría a cabo en 1995 y a la que asistió la mayor parte del mundo feminista. Uno de los hechos más escandalosos que Botassi y Puntch cuestionan es la injerencia de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en la Conferencia de las Naciones Unidas. La agencia había apoyado golpes militares en América Latina y programas de esterilización forzada en Brasil y Colombia (Franulic y Pisano, 2009: 351).

          En el Encuentro circulará un documento llamado: “Iniciativa para apoyar la Conferencia Mundial sobre la mujer”, que informará sobre el financiamiento de las ONGs estadounidenses y españolas en América Latina. El mismo decía lo siguiente:

En América Latina la AID (Agencia Internacional para el Desarrollo) quiere identificar cuatro o cinco ONGs subregionales para que actúen como entidades focales en la coordinación y la provisión de apoyo para los países en cada subregión. La AID calcula que se necesita una ONG para México, una para América Central, una para los países Andinos, una para Brasil y una para el Cono Sur y por eso está buscando en estas subregiones las ONGs interesadas en una colaboración directa con esta iniciativa (Memorias del Encuentro, 1994: 205).

          Con relación con este hecho, un grupo de mujeres[5] que comenzaba a cuestionar la institucionalidad del movimiento y la falta de autonomía en las representaciones, hace público un documento en respuesta al anterior, llamado: “Movimiento feminista latinoamericano y del caribe hacia la Reunión de Beijing en 1995”. En donde cuestionan la poca y relativa información que tuvieron sobre semejante tema, y fundamentalmente las imposiciones que se hace al movimiento feminista en cuanto a la temática a discutir (para América Latina: “violencia y participación política”). Expresan lo siguiente:

Desde los países del norte se gestan los financiamientos para que las posiciones más afines a los proyectos de los gobiernos y a los lineamientos internacionales estén presentes y se eviten divergencias. Estos países se han repartido áreas de influencia que se autoasignaron históricamente y están imponiendo los temas para sus reuniones, a las mujeres del sur del mundo que viven en esas áreas. […] Las feministas no podemos aceptar financiamientos acompañados de restricciones y directrices. Asimismo es indispensable que empecemos a debatir la participación en los espacios internacionales, si realmente nos benefician o si por el contrario nos restan energías para nuestros proyectos feministas y para llevar a la práctica la subversión que éstos implican (1993).

Aquí se puede observar que ya se está cuestionando la asistencia a los Encuentros Latinoamericanos y en qué medida estos fortalecen los proyectos. Lo que luego desencadenará en la creación de otros Encuentros o en el desistimiento de muchas de ya no participar.

Posteriormente Gina Vargas escribe una carta titulada: “Carta Abierta de Gina Vargas a las Redes y ONG’s de América Latina”. En ella, comenta sobre los temas a tratar en la Conferencia de Beijing, y habla de “nuestras propuestas”, como representante del movimiento feminista latinoamericano, sin cuestionar siquiera las directrices que recibía de ese órgano supranacional, y menos aún cuestionar el órgano en sí mismo. Expresa lo siguiente:

Los tres temas de la Conferencia y del Foro Alternativo –Igualdad, Desarrollo y Paz– nos ofrecen enormes posibilidades para levantar nuestras propuestas y desafíos a las vísperas del nuevo milenio y, además, para influir en los documentos de los respectivos gobiernos. Es necesario que diseñemos diferentes estrategias para asegurar una participación efectiva de las ONG’s y para asegurar que nuestras propuestas puedan ser escuchadas e influyan en la Conferencia Oficial (1993).

          Termina diciendo: “Simultáneamente, elaboraremos un documento alternativo no gubernamental que contenga nuestros planteamientos estratégicos y nuestras utopías” (Ídem). Resulta paradójico que utilice estas palabras cuando justamente en ese momento se produce la separación, como lo llamaron algunas, entre feministas “utópicas” y feministas de “lo posible” (Gargallo, 2004: 183), siendo Vargas una de las representantes de la política de lo posible, lo que se explicitará luego como corriente institucional.[6]

          En este panorama aparecen Cómplices, un grupo de mujeres mexicanas y chilenas que venían reflexionando sobre la situación del feminismo latinoamericano y el proceso de institucionalización que se venía gestando.[7] Las integrantes, en ese momento, son: Ximena Bedregal, Amalia Fischer, Edda Gaviola, Francesca Gargallo, y Margarita Pisano.

En el Encuentro de El Salvador, Cómplices asistirán con una posición ideológica en común y expresada en documentos escritos. Irán al encuentro con el Manifiesto de las Cómplices a sus compañeras de rutas. Gargallo lo describe como:

Una manifestación de rechazo al rumbo tomando por el feminismo “institucional”, es decir, la línea mayoritaria que ya no marcaba sus diferencias con el movimiento de mujeres, que no postulaba ninguna crítica a la política económica mundial posterior a la caída del Muro de Berlín en 1989, y que no cuestionaba la procedencia de los fondos que utilizaba en la red de Organizaciones No Gubernamentales en que se había convertido (2004: 189).

Además difunden el pre-libro que titulan Feminismos Cómplices. Gestos para una cultura tendenciosamente diferente que plantea los problemas del movimiento feminista (Franulic y Pisano, 2009: 348). Este será considerado la introducción al debate posterior sobre la institucionalización del movimiento.

          En el encuentro propondrán un taller sobre “Feminismo y política. Los feminismos cómplices”, donde se intentará llevar a discusión la explicitación de las diferencias ideológicas dentro del movimiento. Margarita Pisano sostenía en “Introducción a un debate urgente”, lo siguiente:

Para nosotras, Cómplices, es ineludible estar expresadas para poder seguir sintiéndonos cómodas dentro del movimiento feminista y para hacer política hacia el conjunto de la sociedad. Esto contiene, a nuestro entender, la necesidad de construir corrientes claras que agrupen a quienes se identifican y comparten “mínimos comunes” con nombres y apellidos; corrientes claras desde donde impulsemos nuestras ideas y nuestras estrategias (1993: 5).

          Aquí Pisano menciona la idea de conformar “corrientes ideológicas” con el fin de marcar las diferencias entre feministas dentro de un mismo movimiento latinoamericano. En tanto, éstas diferencias estén expresadas, haciéndolas públicas, desmontando la política de pasillos (Franulic y Pisano, 2009: 342).

Para comprender mejor la noción de “mínimos comunes” es necesario relacionarlo con el concepto de diferencias ideológicas que proponen Cómplices. No así “diferencia sexual”, aunque ambas estén interconectadas sin dudas. La primera se trata de una diferencia existencial por el hecho de ser un cuerpo sexuado mujer, la segunda tiene que ver con las diferencias en los modos de actuar y hacer la política entre mujeres.

Para esto rescato lo que una de las integrantes de Cómplices en ese momento, Francesca Gargallo, menciona: “En el marco de la preparación compulsiva de la Conferencia de Beijing, China, (1995), organizada por la ONU, que estaban llevando a cabo la mayoría de las ONG’s de mujeres peruanas, mexicanas, argentinas y chilenas, el Manifiesto era una declaración de deslindamiento[8], una primera posición contra lo que cinco años después vendría a llamarse globalización” (2004: 189).”

Cuando Gargallo se refiere al deslindamiento está expresando que a partir del expresar las diferencias y límites concretos en las representaciones del movimiento, se pueden generar “mínimos comunes”, a diferencia de un “proyecto en común” (Memoria de Taxco, 1987), como lo nombra la corriente institucional.

La idea de “mínimos comunes” tiene directa relación con la conformación de corrientes de pensamiento dentro del movimiento feminista (Franulic y Pisano, 2009: 211). Con respecto a esta propuesta de Cómplices, Pisano dice:

Para nosotras las Cómplices es un desafío construir corrientes que no estén significadas por las construcciones patriarcales de clase, raza, edad, religiones, naciones, etc. Consideramos importante las expresiones de estas diversidades, ya que enriquecen desde sus experiencias nuestras propuestas. Sin embargo es importante que sea nuestra propuesta civilizatoria lo que nos convoque, más que nuestras historias y biografías insertas en el patriarcado (1993: 6).

Siguiendo el debate sobre las diferencias, en octubre de 1993 Edda Gaviola y Sandra Lidid[9] publicaron un texto firmado como Cómplices llamado “Crónica de una amnesia posible”, en el cual cuestionaban la pérdida de fuerza, claridad y autonomía que ha tenido el feminismo en los últimos años. Proponen “revertir esta situación recuperando la historia en toda su rebeldía y proyectándola en nuestro accionar político presente” (1997: 15).

          Es importante tener en cuenta que todas estas producciones teóricas no se hallan aisladas de su contexto político-histórico. Chile se encontraba saliendo de una dictadura militar que duró 17 años, se comenzaba a hablar de tiempos democráticos,[10] cosa que las feministas no van a tardar en cuestionar.[11] Con respecto a esto, dicen lo siguiente:

Las alianzas establecidas entre nosotras en el período de la Dictadura nos han convocado, sin mayor reflexión, en función de un pasado que fue sumamente importante en la medida que permitió la organización de muchas mujeres y también permitió la irrupción del feminismo con sus planteamientos en el imaginario colectivo. Esas alianzas fueron nítidas, contra la dictadura, pero no necesariamente con lo que convoca al feminismo que es la desconstrucción del patriarcado (1997: 15).

          Consideran indispensable debatir qué se entiende por sistema patriarcal y si se cree que éste puede ser perfectible o no, si hay cambios reales o todo perdura igual. Aquí ya hay rastros de radicalidad que posteriormente se irán profundizando en su actuancia política.[12] El análisis del patriarcado, con el tiempo se irá agudizando, cuestionando tanto la dictadura como la misma democracia y sus valores.

          Por otro lado, el colectivo formado en ese entonces, Mujeres Creando[13] comienza a expresar su postura política a partir de este encuentro, donde de a poco irán profundizando sus ideas en torno a la autonomía radical, ya que llegan al Salvador con un posicionamiento anarquista principalmente. El grupo Organiza en el encuentro un taller llamado “El poder ese fantasma que no deja de joder”.

En este taller, llevado adelante por María Galindo y Julieta Paredes, lograron convocar por lo menos unas 50 mujeres de diferentes lugares de Latinoamérica. Con relación a este dicen los siguiente: “En este evento nos enteramos por primera vez del por qué tanta ostentación y tanta inversión del imperialismo en un encuentro como el que se estaba realizando” (Porque la memoria no es puro cuento, s.f.: 56).

          Al ponerse al tanto de la situación que vivía el feminismo con respecto a la injerencia de Naciones Unidas y la Cooperación Internacional, Mujeres Creando adopta una postura crítica y autónoma al respecto. Dicen lo siguiente: “Informadas de todo este proceso para la “Subregional Andina” que se realiza en el marco del proceso preparatorio a Pekín, China, en la Paz, Bolivia, Mujeres Creando elabora en el año 1994 un documento autofinanciado, alternativo al de las ONG’s: “Dignidad y Autonomía” donde realizamos una acción creativa de denuncias en las puertas de la sede de la Sub Regional Andina” (s.f.: 56).

En este documento hacen una crítica a los llamados “Indicadores de la CEPAL”, como la participación de las mujeres, la violencia y justicia, la mujer y pobreza, los cuales no han sido resueltos hasta la fecha y son parte del mito del modelo desarrollista “insostenible” (s.f.: 48). Luego explicitan qué entienden por autonomía en primer lugar frente al Estado y el gobierno, respecto a los partidos y ante el movimiento de mujeres, en segundo.

Se torna complejo comprender cuándo Mujeres Creando se refiere al anarquismo[14] y cuándo a la autonomía. Cuestionan la situación política económica que empezaba a generarse en toda Latinoamérica con la expansión del neoliberalismo, y su rechazo profundo a la institucionalización de los espacios de mujeres; pero sin dejar de lado los principios anarquistas mezclándolo reiteradas veces con el contenido radical de la autonomía de los años noventa.

También hacen hincapié en el manejo manipulador de la información como parte de los sectores hegemónicos, lo cual imposibilita el acceso a financiamientos para la mayoría de las mujeres. Por último, terminan proponiendo la conformación de espacios físicos autónomos de bienestar; articular la lucha internacionalista de las mujeres en torno a los movimientos sociales y no vinculados a Naciones Unidas (s.f.: 51).

Ética feminista cómplice

Posterior al Encuentro de El Salvador, Cómplices organizaron un conversatorio[15] sobre ética y feminismo en el Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México en septiembre de 1994. Gargallo cuenta que en él se intentó invitar a feministas de todas las tendencias para dialogar acerca de por qué era urgente pensar la ética desde el feminismo (2004: 200). En el mismo momento que se realizaba, también algunas autónomas iban a la “Paralela de Beijing” organizada en Mar del Plata, Argentina. Con respecto a esto Ximena Bedregal dice lo siguiente:

 

Cómplices mexicanas decidimos no participar en esa distorsionante vorágine hacia la cumbre de Naciones Unidas sino seguir nuestro propio y autónomo proceso de reflexión con nuestros propios tiempos y ritmos y, haciendo uso de recursos del CICAM, convocamos y nos convocamos a un foro de reflexión sobre un tema que consideramos no sólo estratégicamente importante sino absolutamente necesario frente a lo que sucedía en el feminismo: el tema de la ética y la política feminista (2013: 452).

          Gargallo, por su parte, reafirma que el conversatorio fue un éxito. Alcanzó el punto más elevado de posicionamiento latinoamericano de Cómplices. El CICAM luego publicó, a través de un libro llamado Ética y feminismo, en 1994, las presentaciones que se realizaron. Son exposiciones teóricas de varias pensadoras latinoamericanas y europeas (dos italianas).

          En este libro se cuestiona la ética desde diferentes lugares. Margarita Pisano por ejemplo, aborda en su texto: “Niñas buenas, niñas malas. ¿Qué pasa con la moral?”, las dicotomías de una moral patriarcal, entre lo que debe ser bueno y malo, que no nos permite avanzar desde nuestros deseos como mujeres (1994: 3). Y así otras miradas, para la discusión sobre ética y prácticas coherentes del feminismo, en un contexto característico en torno al cuestionamiento frente al financiamiento como modo de actuancia política.

El descontento de Beijing

En este mismo período, septiembre del 94, se realizaba en Buenos Aires un foro de la preparatoria hacia Beijing organizado por ONG’s y la corriente institucional. Algunas feministas que firmaron el documento contra la USAID en el Salvador convocan a una reunión “Paralela a la preparatoria a Beijing” en Mar del Plata.

          Al mismo tiempo, Cómplices chilenas, a casi 10 años desde que Naciones Unidas convocara en Nairobi, Kenia, a mujeres de diversas partes del mundo a evaluar la década anterior, sacan un escrito llamado “Nuestra mirada autónoma sobre Beijing”, haciendo una declaración pública de su postura política sobre esta conferencia. Y nos dan los siguientes datos con respecto a la situación chilena: “En Chile el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer UNIFEM convocó a un grupo de ONG –entre las que encuentran algunas que jamás han estado vinculadas al movimiento de mujeres ni al movimiento feminista– para organizar el Foro Paralelo. Este grupo amparado en ONG’s que tienen años de funcionamiento, no cuestiona el contubernio en relación a los temas propuestos para Beijing, por la ONU y las financieras” (1997: 91).

Chile será el país más propenso en Latinoamérica para la entrada del neoliberalismo, habiendo tenido la dictadura más larga del continente durante 17 años. Por lo que sin dudas, las críticas a la institucionalización serán más acertadas y profundas.

Sandra Lidid, integrante de Cómplices, en un texto del Segundo Foro Nacional Feminista que se llevó a cabo en 1994 en Santiago, Chile, llamado “Una aproximación al precipicio de la marginalidad”, nos habla del contexto socio-político que en ese momento se vivía en Chile durante la llamada “Transición a la Democracia”. En este texto se verán reflejadas las posturas por parte de la autonomía cómplice, al decir:

Se ha inaugurado la política de lo posible[16] basada en negociaciones de la clase dirigente con los sectores políticos golpistas y las FF.AA. […] Las complicidades se han dado mediante la institucionalización del movimiento social y de sus dirigentes. Esto también nos ha afectado a nosotras, las feministas. Una situación que tenemos que analizar es la “reorientación” de la mayoría de las ONG’s de mujeres y el impacto a nivel del movimiento. (Lidid, 1997: 34)

          Luego Lidid hace un análisis interesante en torno al concepto de marginalidad integrada al sistema, haciendo referencia a la institucionalización del movimiento feminista. Dice que la marginación es otro de los mecanismos de control y desmovilización, siempre y cuando esta sea integrada al sistema, ya que la marginalidad desintegrada no es funcional y es incontrolable. La marginación, a la que se refiere, está marcada por el control del sector marginado, control que se realiza a través de una cierta integración al menor costo y con el mínimo de beneficios sociales. Explica lo siguiente: “La marginalidad institucionalizada es funcional al reciclaje del sistema ya que el marginal institucionalizado siempre está esperando gozar de más beneficios si se esfuerza más” (1997: 37).

Cuando Lidid se refiere a la marginalidad desintegrada, alude al feminismo autónomo como propuesta política que no busca demandas ni reclamos al sistema con la esperanza que “algo cambie”. Como añade Pisano: “La denuncia tiene la potencialidad de hacer visible el sistema instalando la responsabilidad a quien compete. Nosotras, con la denuncia, hemos visibilizado la situación de la mujer. La demanda es reconocer al sistema que hace posible esa situación (que recicla y perpetua) una capacidad que no tiene. Históricamente está comprobado que el sistema no tiene ni la capacidad ni la voluntad de transformarse” (Pisano, 1997: 41).”

En este mismo contexto, Edda Gaviola, junto a otras Cómplices, pero como representantes de Iniciativa Feminista aún, escriben un texto llamado “Por un gesto urgente de libertad”, haciendo referencia a una manifestación callejera realizada el 8 de marzo en conmemoración al Día Internacional de la Mujer, lo que serían los inicios de el autonomismo como movimiento organizado: “Fue en este proceso que cobró fuerza la idea de conmemorar el 8 de marzo de una manera distinta: desde la voluntad política de recuperar un espacio para el feminismo autónomo. Así decidimos salir a las calles y expresar nuestra posición política” (1997: 31).

          Después de este acto y el respectivo descontento, donde por un lado se reivindicaba a las ONG’s como representantes del feminismo, y por otro las autónomas salían a repudiarlas, Gaviola dice lo siguiente: “De allí obtuvimos nuestra primera experiencia: no queremos estar con todas si eso implica olvidar nuestro discurso, bajar el perfil de nuestro pensamiento, desnudar hasta hacer desaparecer nuestras ideas. Este también es un acto de autonomía.” (1997: 32)

          Todos estos posicionamientos críticos, frente al contexto que atravesaba Chile durante ese tiempo, continuarán y cobrarán más fuerza en el debate que se vendrá dos años después en Cartagena, Chile, en 1996 entre las feministas latinoamericanas, el cuál analizaré en un siguiente escrito.

Bibliografía

Libros:

Bedregal, Ximena, Amalia Fischer, Eda Gabiola, Francesca Gargallo, Margarita Pisano, Feminismos Cómplices. Gestos para una cultura tendenciosamente diferente, Coedición México-Santiago de Chile, pre-libro de la Correa Feminista, 1993.

Bedregal, Ximena (comp.), Ética y feminismo, México, La Correa Feminista, 1994.

Espinosa, Gisela y Ana Lau (coord.), Un fantasma recorre el siglo. Luchas feministas en México 1910-2010, México, UAM-X/ITACA/CONACYT/ECOSUR, 2011.

Feminismos Cómplices, 16 años después, Santiago de Chile, La Paz, Ciudad de Guatemala, México, Impresión realizada en taller editorial La Correa Feminista, CICAM, 2009.

Franulic, Andrea y Margarita Pisano, Una historia fuera de la historia. Biografía política de Margarita Pisano, Chile, Editorial Revolucionarias, 2009.

Gargallo, Francesca, Ideas feministas latinoamericanas, México, Universidad de la Ciudad de México, 2004.

Gaviola, Edda, et al., Una historia necesaria. Mujeres en Chile: 1973-1990, Santiago, Impresión Akí & Ahora Ltda.,1era Ed., 1994.

Lidid, Sandra y Kira Maldonado (Colaboración), Movimiento Feminista Autónomo (1993-1997), Santiago de Chile, Ediciones Número Crítico, 1997.

Memorias del IV Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, Taxco, México, 1997.

Memorias del VI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe: El Salvador, 1993, Nicaragua, 1994.

Olea Mauleón, Cecilia, Encuentros, (des)encuentros y búsquedas: el movimiento feminista en América Latina, Lima, Perú, Ed. Flora Tristán, 1998.

Paredes, Julieta, Hilando fino. Desde el feminismo comunitario, Colectivo Grietas, Querétaro, México, 2da Edición, 2012.

Pensando los feminismos en Bolivia, Serie Foros 2, Conexión Fondo de Emancipación, La Paz, Bolivia, Primera Edición febrero 2012.

Permanencia voluntaria en la Utopía. El Feminismo Autónomo en el VII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Chile 1996, México, La Correa Feminista, 1997.

Pisano, Margarita, Triunfo de la masculinidad, Santiago, Surada Ediciones, 1era Ed., 2001.

Porque la memoria no es puro cuento, Mujeres Creando y Feminismo Autónomo Latinoamericano (sin datos editoriales).

Rivera, Garretas, María Milagros, Nombrar el mundo en femenino. Pensamiento de las mujeres y teoría feminista, Barcelona, Icaria Editorial S.A., 3era Ed., 2003.

Suaza Vargas, María Cristina, Soñé que soñaba. Una crónica del movimiento feminista en Colombia de 1975 a 1982, Bogotá, JM Limitada Bogotá D.C., 2a Impresión, 2009.

Vargas Valente, Virginia, Feminismos en América Latina. Su aporte a la política y a la democracia, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2008.

 

Tesis

Fischer, Amalia. “Feministas latinoamericanas, las nuevas brujas y sus aquelarres”, tesis de maestría, México, Maestría en Comunicación, UNAM, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, 1995.

Folletos

Propuestas, voces y miradas. Información desde la autonomía sobre el VII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, México, Impreso en Taller Editorial La Correa Feminista, 1997.

Movimiento feminista latinoamericano y del caribe hacia la Reunión de Beijing en 1995, El Salvador, 1993.

Vargas, Virginia, Carta Abierta de Gina Vargas a las Redes y ONGs de América Latina, Lima, 1993.

Artículos

Alvarez, Elizabeth, “Conversando entre nosotras”, en Permanencia voluntaria en la utopía. El Feminismo Autónomo en el VII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Chile 1996, México, La Correa Feminista, 1997, pp. 27-38.

Bartís, María Elena, “Acerca del VII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe”, en Brujas, N°24, Buenos Aires, Marzo 1997, pp. 59-65.

Botassi, Miriam, “Autonomía, representación y participación feminista”, en Brujas, N°13, Buenos Aires, 1994, pp.12-18.

Falquet, Jules, “Las feministas autónomas latinoamericanas y caribeñas: veinte años de disidencias”, Universitas Humanística, núm. 78, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia, julio diciembre, 2014, pp. 39-63.

Fischer, Amalia E., “Los complejos caminos de la autonomía”, en Nouvelles Questions Feministes: Feminismos Disidentes en América Latina, NQF, Vol.24, No 2, 2005, pp. 54-74.

Fontela, Marta y Magui Belloti, “Los caminos del feminismo”, en Brujas, N°24, Buenos Aires, 1997. pp. 49-58.

Galindo, María “Tiempo saboteado que nos toca vivir” en La correa feminista, N°16-17, México, Ed. La Correa Feminista, Centro de Investigación y Capacitación de la Mujer, 1997a. pp. 59-66.

Gargallo, “El feo encuentro de la necesidad”, en Debate Feminista. La escritura de la vida y el sueño de la política, año 8, Vol. 15, México, abril de 1997, pp. 343-348.

Gaviola, Edda y Sandra Lidid, “Crónica de una amnesia posible”, en Lidid, Sandra y Kira Maldonado (Colaboración), Movimiento Feminista Autónomo (1993-1997), Santiago de Chile, Ediciones Número Crítico, 1997, pp. 15-19.

Gaviola, Edda, “Por un gesto urgente de libertad, 8 de marzo de 1994”, en Lidid, Sandra y Kira Maldonado (Colaboración), Movimiento Feminista Autónomo (1993-1997), Santiago de Chile, Ediciones Número Crítico, 1997, pp. 31-33.

Kolesnikov, Patricia y Olga Viglieca, “Volver a Marte”, en Permanencia voluntaria en la utopía. El Feminismo Autónomo en el VII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Chile 1996, México, La Correa Feminista, 1997, pp. 161-168.

Lamas, Marta y Hortensia Morena, “Nota Editorial”, en Debate Feminista. La escritura de la vida y el sueño de la política, año 8, Vol. 15, México, abril de 1997, p. Xi.

Lidid, Sandra, “Una aproximación al principio de marginalidad”, en Lidid, Sandra y Kira Maldonado (Colaboración), Movimiento Feminista Autónomo (1993-1997), Santiago de Chile, Ediciones Número Crítico, 1997, pp. 34-38.

Pisano, Margarita, “La autonomía tiene que ver con la libertad”, en Lidid, Sandra y Kira Maldonado (Colaboración), Movimiento Feminista Autónomo (1993-1997), Santiago de Chile, Ediciones Número Crítico, 1997, pp. 39-41.

Pisano, Margarita, “Desde mi otra esquina”; en Permanencia voluntaria en la autonomía. El Feminismo Autónomo en el VII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Chile 1996, México, La Correa Feminista, 1997, pp. 51-58.

Cibergrafía

 

http://mpisano.cl/

http://feministasautonomasenlucha.blogspot.mx/

[1] Pisano años después expresa haberse equivocado al firmar dicho documento. Véase: Franulic y Pisano, 2009, 134.

[2] Lo firman: Haydee Birgin (Argentina), Celeste Cambria, Fresia Carrasco, Virginia Vargas y Victoria Villanueva (Perú), Viviana Erazo, Margarita Pisano y Adriana Santa Cruz (Chile), Marta Lamas y Estela Suárez (México).

[3]  Entrevista realizada en la Ciudad de México, el día 7 de julio de 2013.

[4]   Cómplices chilenas afirman en referencia a este hecho, en 1994, en un texto llamado “Nuestra mirada autónoma sobre Beijing” lo siguiente: “Cabe aclarar que ella (Gina Vargas) es nombrada por las Naciones Unidas como Coordinadora para las ONGs latinoamericanas que estarán representadas en Beijing. Esta nominación es posterior a una pequeña rebelión de algunas ONGs porque desde Nairobi había sido designada una representante de la dictadura chilena” (1994: 90).

[5] Las firmantes son: Bethsabé Andía, Elizabeth Alvarez, Liliana Azaraf, Ximena Bedregal, Maguí Bellotti, Miriam Botassi, Marcia Dangremon, Amalia Fischer, Marta Fontenla, Edda Gaviola, Francesca Gargallo, María Elena García, Marysa Navarro, Margarita Pisano, Ceci Prestrello, Ann Punch, Moira Rimassa, Rosa Rojas, María Jenny Román, Bertha Vargas, Alicia Cacopardo, Carla Fulgenzi y María Inés Brassesco.

[6] Más adelante hago un análisis del concepto utopía para la revista Debate Feminista, donde participa Gina Vargas.

[7] Cómplices aparecen por primera vez en el Primer Foro Nacional del Encuentro Feminista en Concepción, organizado por el Colectivo Feminista de Concepción en octubre de 1993. Margarita Pisano, Sandra Lidid y Edda Gaviola asisten al Foro como Cómplices y hacen explícitas las razones por las que se habían retirado y habían sido expulsadas de Iniciativa Feminista (2009: 341).

[8] Las cursivas son mías.

[9] Feminista chilena, participó de Iniciativa Feminista, luego de Cómplices, y posteriormente funda el Movimiento Feminista Autónomo. Es editora de Ediciones Número Crítico.

[10] Una de las consignas del feminismo chileno en esa época fue: “Democracia en el país, y en la casa”. Lema que fue adoptado por muchos grupos de mujeres de América Latina.

[11] Julieta Kirkwood es un gran referente del movimiento feminista chileno de la época de los ochenta. Junto al movimiento salieron a la calle a cuestionar la “democracia” que pregonaba el gobierno posterior a la última dictadura militar.

[12] Posterior a este Primer Foro, Cómplices siguió produciendo teoría y actuancia en los siguientes, como integrantes del Movimiento Feminista Autónomo Chileno. Ampliaré estos textos más adelante, ya que me concentraré ahora en el Encuentro del 93 para continuar cronológicamente el pensamiento rebelde de la autonomía cómplice.

13   Mujeres Creando nace en el año 1992, dos años después de la vuelta de Julieta Paredes y María Galindo de Italia, a donde fueron exiliadas durante la última dictadura boliviana. Volvieron convencidas de que debían construir un espacio político de mujeres, así fue como nace Comunidad Creando, en una casa ubicada en las laderas de Villa Fátima, en Las Delicias, Bolivia. Al comienzo eran tres las integrantes bolivianas, Julieta y María, ambas pareja, y Mónica Mendoza.

[14] Afirman que en sus comienzos este su proyecto político nace por y para las mujeres, con una línea política anarquista definida, pero no feminista. Consideraban el feminismo profundamente occidentalizado e invadido sobre todo por mujeres funcionarias de ONG’s y pertenecientes a las clases medias.

[15] Francesca Gargallo explica que la palabra Conversatorio la utilizaron para evitar prácticas académicas poco amistosas y patriarcales de los congresos, los simposios y debates. El conversatorio, del verbo conversar, implica una reunión para hablar familiarmente entre varias mujeres. La conversación no admite ningún pedantismo, subraya la familiaridad entre discípulas, la cercanía con las “maestras” y la posibilidad de plantearse un objeto de interés común (2004: 212).

[16] Las cursivas son mías.

468 ad

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *