Por una Latinoamerica libre

La infancia salitrera

Formación prematura del obrero salitrero

Por Héctor L. Terán

 

La industria del salitre en Chile, en su periodo de mayor producción y exportación a nivel mundial, 1880-1930, construyó un núcleo económico-social en las oficinas y campamentos que formaron el enclave salitrero. El espacio geográfico del desierto de Atacama, creó una estructura social dentro de los campamentos. En sus inicios, la población activa de las oficinas fue migrante, pero con el paso del tiempo se consolidaron familias obreras vinculadas a la dinámica de producción del salitre. Éstas ejercieron un papel trascendental en la estructura económica y social. Hombres y mujeres desempeñaron actividades que les permitieron obtener sus medios de subsistencia y reproducción.

La producción del salitre operó bajo la división del trabajo en extracción, acarreo y elaboración. Los obreros, segmentados por oficio, desempeñaron actividades especificas en las faenas de trabajo. La remuneración salarial fue ínfima, alcanzaba solamente para la reproducción del obrero y/o de las familias obreras. Largas jornadas de trabajo de más de 12 horas, en las que el fruto de su trabajo, era retribuido por medio del pago en fichas con el que poco alcanzaba para la compra de mercancías en a pulpería.. El obrero, o la familia obrera, estaba condicionado a la industria del salitre a través de la subsistencia. El fondo de trabajo[1], no alcanzó ni a cubrir las necesidades de los trabajadores.

La reproducción del obrero salitrero, se manifestó en el incremento de familias obreras; se crearon y ampliación las familias pampinas: en número de familias y en número de familiares. Los niños y niñas nacidos en la pampa arroparon al desierto como su lugar de origen. Produjeron cierta toponimia que los vinculó directamente al entorno. Sin embargo, esto implicó, irremediablemente, el incrementó de la mano de obra disponible para el trabajo productivo y reproductivo.

Antes de comenzar con la constitución de su oficio, los niños y las niñas que habitaron o nacieron en las oficinas salitreras utilizaron este espacio como una zona de juegos y entretenimiento. Los juegos: botar tarros, el zanco de tarros, el run run[2] y los volantines[3], se realizaron en plena tierra del desierto y con material desechado de las oficinas. Los juguetes manuales de lata, hilos, trapo y alambres: la pelota de trapo[4], el tractor[5], juego de cunitas,[6] trompos, palitroques[7], autos, camas, espadas, hondas, pistolas, ruedas, aros, trenes de latas, carritos de alambre[8] y cascabel de chapitas[9], fueron hechos por sus padres y madres, o por ellos mismos, formaron parte de su recreación.

La educación precaria a la que tuvieron acceso en el seno familiar y en la educación básica y las pocas actividades de diversión, propiciaron el aprendizaje temprano de los distintos oficios de la pampa. Los conocimientos sobre los oficios y el trabajo los adquirieron como aprendices o ayudantes, a través de la transmisión de los mismos por sus familiares o de algún conocido. Los niños y las niñas adoptaron el oficio del padre o de la madre y se convirtieron en trabajadores y trabajadoras formales de las oficinas salitreras entre los 12 y 15 años.

Cuando un niño adquiría cierta fuerza y destreza comenzaba su colaboración en el hogar obrero, Su temprana incorporación dio inició a toda un vida de trabajo dentro de las oficinas salitreras. La corta duración de su infancia repercutió en las formas en las que éstos y éstas se construyeron como futuros trabajadores y trabajadoras. El trabajo infantil estuvo en función del tipo de oficio de sus padres y de sus madres; asimismo, de los tipos de oficios disponibles en la oficina para niños y niñas.

El aprendizaje de las distintas labores en el enclave fue el promotor de la formación del trabajador salitrero. Los niños aprendieron las nociones del trabajo en los campamentos. Dentro de los oficios realizados por los infantes estaban el de “hacer huella, limpiar los caminos de tierra para que pasaran las carretas de caliche; matasapos o machucador, consistió en aplastar los trozos grandes de salitre para meterlos en los sacos; destazador, hacer hoyos grandes para insertar la dinamita que haría explotar y obtener el caliche; lonchero, llevaban los alimentos a los trabajadores; herramentero, aprendía oficios en los talleres maestranza; lustra botas, entre otros. Estos fueron los cimientos del oficio que desempeñaron al crecer.[10]

Las niñas, al igual que las mujeres, se encargaron de la reproducción de la vida: alimentación, trabajo doméstico y trabajo de cuidado. Fueron segregadas al trabajo reproductivo por medio de la imposición de oficios como el de lavandera, cocinera, vendedora de comida, entre otras. Las niñas ayudaban a su madres en las labores del hogar. Cuando se insertaban al trabajo productivo, la mayoría lo hacía brindando servicio doméstico a la administración de la oficina. Por lo tanto, la exclusión formal de las faenas de trabajo relegó a las mujeres al trabajo reproductivo en la oficinas. Como un oficio de subsistencia, algunas niñas ejercieron el trabajo sexual en los pueblos cercanos a las oficinas por las escasas condiciones de trabajo para las mujeres y niñas en la pampa salitrera.

La manera en la que los niños y las niñas se relacionaron con el campamento y con la oficina salitrera; asimismo, su formación educativa, los juegos y juguetes, la relación con los obreros: padre, madre o conocidos, y la vinculación cercana a los oficios y las faenas de trabajo, coadyuvaron a su formación como obreros en el enclave salitrero del Norte de Chile. Por lo tanto, la infancia en las oficinas y en los campamentos se convirtió en una etapa de trabajo y diversión, pero siempre más de trabajo.

La infancia pampina fue configurada por el entorno salitrero y se convirtió en la antesala de la formación obrera. Los niños y las niñas adquirieron, de manera temprana, responsabilidades laboralres-familiares vinculadas con el sustento de la familias pampinas. Cuando el padre o la madre no podían trabajar por enfermedad o porque tuvieron un accidente, fueron mano de obra de remplazo y asumieron la responsabilidad de los ingresos del hogar. Por ello, la educación básica no fue más importante que el aprendizaje de un oficio, porque éste les daba las herramientas para un futuro laboral dentro de la misma industria del salitre.

En la pampa hubo una percepción sociológica de lo que eran los niños distinta a la actual en el norte chileno. Los niños y las niñas muy rápidamente pasaban a ser hombre o mujeres, respectivamente. Los primeros oficios de la pampa, como ayudantes o aprendices, las segundas en el campamento ayudando a sus madres o entregadas a los patrones para el servicio doméstico. [11]

La rápida incorporación a los trabajos en las oficinas de los niños y las niñas se dio de dos formas: a través de la contratación que estaba destinada a obreros incapacitados, por lesión o enfermedad que no podía trabajar en faenas más activas en la industria. Al ser trabajos de poco esfuerzo físico, los niños podían cumplir con estas funciones con un pago por jornal ínfimo. Las oficinas aprovechaban la disponibilidad, la falta de educación y de cuidado, para cooptar a los niños y niñas en actividades sencillas dentro de las oficinas. La segunda, por medio del aprendizaje de oficios. Mas que la educación básica, los niños aprendían un oficio a partir de la enseñanza compartida por trabajadores quienes los aceptaban como aprendices en sus faenas de trabajo.

Los niños y las niñas se integraron a las faenas de trabajo en las mismas condiciones que las personas adultas. No estaban exentos de la precarización laboral y de los accidentes que se presentaban constantemente. Sufrían quemaduras de cuerpo al caerse en contenedores de agua hirviendo o fracturas. Por ejemplo: Emilio Chirino, niño de trece años, en su faena de trabajo fue quemado de la espalda al ser rociado de caldo caliente por el operario encargado de los caldos al no fijarse que se encontraba en el lugar.[12] En la Oficina Trinidad, la maquina conductora de caliche despedazo al niño José Ortiz de 16 años que trabajaba de palanquero al caer en los rieles mientras trabajaba echando arena.[13]

Algunos niños fueron forzados a trabajar con las mismas exigencias que los hombres. No alcanzaba a aprender correctamente el oficio y lo desempeñaban de menos a más, esto los expuso a las desgracias de un trabajo mal aprendido. En otros casos, la especialización en el trabajo, los limitó a desempeñar una sola actividad en la pampa. Cuando la administración los cambiaba de actividad en ocasiones se generaban problemas y accidentes. Víctor Rocha, niño de 14 años que laboraba como oficial de mecánico en la oficina la Palma sufrió un accidente de trabajo al ser cambiado de oficio y mandarlo a limpiar la java del ascensor. “En esta operación se encontraba el niño Rocha, cuando sin saber cómo, la java es suspendida y al pretender lanzarse al suelo, fue enredado por el encastillado del ascensor, destrozándolo horriblemente”.[14]

El trabajo infantil aumentó la mano de obra disponible para los oficios de la pampa. Se ofertaron trabajos remunerados por debajo de su valor; es decir, se desvalorizó el trabajo realizado por los niños y las niñas. Al crecer e insertarse en los oficios de la pampa, incrementó el número de trabajadores/as disponibles, provocando una contracción en los salarios de los trabajadores y trabajadoras.

El trabajo infantil en la pampa salitrera condicionó el futuro de gran parte de la sociedad pampina, inmersa en la dinámica de la reproducción de un enclave que estuvo en función de la demanda de nitrato en el mundo y de su papel en la división internacional del trabajo como proveedor de materia primas. El trabajador fue enajenado desde su infancia y se integró al ciclo productor del salitre condicionado por la subsistencia y reproducción de su familia y hogar.

Esta inclusión reprodujo por generaciones las condiciones de pauperización de las familias obreras. Tanto obreros, hombres y mujeres, como los niños fueron una fuente de extracción de plusvalía absoluta por las largas jornadas de trabajo y las limitadas fuerzas productivas. La oficinas salitreras monopolizaron toda la industria y con ella a los sujetos sociales. Se adueñaron de la mano de obra e hicieron de los niños y niñas, obreros prematuros para posteriormente integrarlos a las faenas de la producción del salitre hasta convertirse en el apéndice de la producción salitrera.

El niño que en los primeros años de su vida tiene a desgracia de perder a sus padres, se ve en la necesidad de acudir al taller a ganar el pan de cada día; o en caso que no le falte en la primera edad el amparo de ellos, se ven estos forzados por la miseria o llevados del espíritu al lucro , a conducirlo prematuramente a la fábrica. Un organismo que no ha alcanzado su completo desarrollo, tiene forzosamente que ceder a un trabajo prolongado y no interrumpido por el descanso, trabajo que agota sus pequeñas fuerzas, propias de una edad temprana y de una alimentación escasa. La mayoría de las industrias son fatales a la salud del niño y si este, al fin de algunos años, resiste y no perece, llegará a la mayor edad raquítico, enfermizo y sin poseer ni siquiera el mínimo de enseñanza indispensable. [15]

Bibliografía

González Miranda, Sergio. Hombre y Mujeres de la Pampa: Tarapacá en el ciclo de expansión del salitre. Santiago de Chile: LOM, 2002.

Marx, Carlos. El capital. Crítica de la economía política. Vol. I. México: Fondo de Cultura Económica, 2006. III vols.

Salazar, Gabriel. Labradores, peones y proletarios. Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2000.

Salazar, Gabriel y Julio Pinto. Historia Contemporánea de Chile. Vol. V Niñez y juventud. Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2002.

Periódicos Consultados

El defensor (Taltal)

El pueblo obrero (Iquique)

El defensor de la clase proletaria (Iquique)

El despertar de los trabajadores (Iquique)

[1] Marx, Carlos. El capital. Crítica de la economía política. Vol. I. México: Fondo de Cultura Económica, 2006. III vols, p. 477.

[2] Un hijo pasa por dos agujeros pequeños en una tapa metálica de una botella. El juego cosiste en estirar y contraer el hilo de manera que la tapa se mantenga girando.

[3] Cometas.

[4] Se utilizaba para jugar al futbol.

[5] Era un carrete de hilo con alambre.

[6] El juego consistía en colocar un hilo entre los dedos de las manos y hacer figuras.

[7] Figura de madera que se colocaba a distancia para ser derribada al lazar una bola de madera.

[8] Dos ruedas de lata y un alambre semejaban el volante de auto.

[9] Hecha de alambre y tapas de metal, era un juguete para los bebes que funcionaba como una sonaja.

[10] González Miranda, Sergio. Hombre y Mujeres de la Pampa: Tarapacá en el ciclo de expansión del salitre. Santiago de Chile: LOM, 2002

[11] Ibíd. pág. 225.

[12] El despertar de los trabajadores, 29 de agosto de 1912.

[13] El defensor de la clase proletaria, 18 de enero de 1905.

[14] El pueblo obrero, 6 de julio de 1907.

[15] El defensor, 15 de octubre de 1906.

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