Por una Latinoamerica libre

Tiempo de producción y desocupación

Por Luis Castillo Farjat

Si bien el desempleo ha acompañado el desarrollo del capitalismo como parte del proceso de acumulación, este fenómeno se ha acentuado con el advenimiento del proyecto neoliberal. Justo en los periodos de crisis el desempleo se vuelve una de las constantes, mientras avanza y se se reestructura el ciclo económico. Por ejemplo, los severos efectos que causó la crisis de 1929 sobre las relaciones sociales, generó una serie de estudios acerca de las secuelas del desempleo como deriva del modelo capitalista. Uno de los trabajos fundacionales en ese sentido fue Los parados de Marienthal,[1] estudio encargado por el partido comunista austriaco al equipo de trabajo de Paul Lazarsfeld, interesante entre muchas cosas por la relación que observa entre el tiempo y el desempleo. Al ser el tiempo socialmente necesario una de las principales categorías para el estudio de la producción desde la teoría marxista, el análisis de este vector en el desempleo se hace relevante de nueva cuenta, cuando el paro vuelve a ser uno de los principales problemas que aquejan la sociedad actual, sobre todo en Latinoamérica.

El ejercito industrial de reserva

Karl Marx ya se había percatado de la existencia de un grupo al que llamó ejército industrial de reserva, totalmente funcional al proceso de acumulación del capital, ya que actuaba como desvalorización de la fuerza de trabajo y como forma de disciplinamiento de la clase obrera. Marx menciona como paso necesario a la acumulación de capital, la conversión del trabajo excedente en capital constante y variable, en medios de producción y en fuerza de trabajo; a la proporción entre estos capitales se conoce como la composición orgánica del capital. Ahora, “el incremento del capital lleva consigo el incremento de su parte variable, es decir de la parte invertida en fuerza de trabajo”, lo que significa el aumento del proletariado.[2]

Pero la acumulación de capital significa también el desarrollo de las fuerzas productivas, lo que conduce a la disminución de la masa de trabajo en relación con los medios de producción, o sea un cambio en la composición orgánica del capital. Este cambio provoca el incremento de la masa de medios de producción sobre la fuerza de trabajo que la pone en movimiento, reflejada en su composición de valor, el aumento del capital constante a costa del capital variable.[3] Mientras la plusvalía es transformada en capital durante el proceso de acumulación, la variación en la composición de capital repele a un número cada vez mayor de obreros.

Estas variaciones en la proporción del capital y su proceso de acumulación traen consigo la producción progresiva de una superpoblación relativa, “una población obrera excesiva para las necesidades medias de explotación del capital, es decir, una población remanente o sobrante”.[4] Esta población remanente provoca la desvalorización de la fuerza del trabajo, pues en su búsqueda de trabajo para ganar los medios necesarios para su reproducción ofrece en venta su fuerza de trabajo por debajo del mínimo de subsistencia, aumentando la tasa de plusvalía que se apropia el capitalista.

Marx distingue entre tres formas de superpoblación relativa que son la flotante, latente e intermitente. La superpoblación flotante se refiere a los obreros repelidos de los talleres y fábricas por las necesidades de mano de obra joven. La forma latente tiene que ver con la población obrera rural que se encuentra avocada a verse absorbida por el proletariado urbano. La superpoblación intermitente es aquella que forma parte del ejercito obrero en activo pero de forma irregular pero con una base de trabajo irregular.

Trabajo y tiempo

La relación entre la aparición de un tiempo abstracto uniforme, homogéneo e independiente de los acontecimientos con el advenimiento del capitalismo es señalada por el canadiense Moishe Postone. Éste menciona que en la tardía Edad Media europea se da un proceso de mecanización junto al surgimiento del trabajo asalariado, donde el reloj mecánico es una de sus manifestaciones de reorganización temporal.[5] El trabajo asalariado necesitaba ser disciplinado y coordinado de manera regular, tanto por la duración de la producción, de viajes comerciales o fluctuaciones de los precios durante transacciones.[6]

Surge así el día burgués a partir de la estandarización de una hora abstracta que nada tiene que ver con las divisiones temporales anteriores, reguladas por ciclos naturales. La hora abstracta, homogénea e invariable sustituye la duración de los días, ciclos lunares o estacionales, debido a que el tiempo de las ciudades y las manufacturas comenzó a ganar primacía sobre las necesidades de medición del tiempo de los ritmos agrícolas. “El hombre dejó de ser el dueño del tiempo, siendo éste libre de correr con independencia de los hombres”;[7] el tiempo solía ser medido por el trabajo, pero en el capitalismo es el tiempo quien mide al trabajo. El proceso de la regulación del trabajo por el tiempo, es desarrollado por Benjamin Coriat cuando habla de la introducción del cronómetro en los talleres durante el periodo manufacturero.[8]

Empero, el tiempo de trabajo no solamente refiere al invertido en la producción de la mercancía, sino que determina la cantidad de tiempo que los trabajadores usarán para las distintas actividades que realicen, además de la reposición de su fuerza de trabajo. El gasto del tiempo de trabajo se transforma en una norma temporal que determina la acción individual y colectiva en la sociedad capitalista, como reza la frase, el tiempo es oro. De esta forma se da la valorización del tiempo y la dominación del tiempo-mercancía sobre las estructuras sociales y otros tiempos paralelos o superpuestos, en un proceso que denominaremos fetichización del tiempo. En este sentido, el tiempo-mercancía se convierte en el encargado de regular la vida social.

 

El tiempo de la desocupación

A partir de la organización del tiempo se observa la primacía de un tiempo socialmente necesario para la producción que subordina las relaciones sociales al punto de encubrir otras realidades temporales; es el tiempo de la acumulación. Una de las demandas del movimiento obrero ha sido la reducción de la jornada de trabajo, como forma de disminuir la plusvalía absoluta. Sin embargo, cuando dejan de existir relaciones productivas, poniendo como ejemplo un caso extremo de desempleo masivo donde la mayoría de la población abandona las relaciones salariales, la disponibilidad de tiempo ilimitado lleva a que éste pierda todo sentido material y psicológico.

Los obreros del pueblo austriaco de Marienthal se volvieron desempleados de un día a otro por el cierre de la fábrica que daba empleo –y sentido– a todo el pueblo. Lazarsfeld y su equipo estudiaron los impactos del desempleo sobre el tiempo en el poblado de Marienthal, encontrándose con la disminución en la velocidad media del caminar de las personas; la reducción de los puntos de referencia de la jornada a levantarse, comer, acostarse y que los intervalos entre estas referencias pasaban sin saber muy bien en qué se emplean; la noción de puntualidad se perdió totalmente, así como la percepción misma del tiempo. “Al no tener nada en qué ocuparse tampoco emprenden nada nuevo y se deslizan lentamente de una vida reglamentada a una existencia vacía y sin coerciones […] no encuentran nada que merezca la pena de ser mencionado”.[9]

El desempleo no sólo conduce a liberar tiempo sino que fundamentalmente da lugar a una desestabilización del tiempo de referencia. El tiempo de los desocupados se caracteriza por la incertidumbre recurrente.[10] A partir de lo anterior pudiera pensarse en un tiempo vacío o un tiempo empobrecido por la reducción de los acontecimientos y estímulos.[11] Esto se debe a la falsa asociación del tiempo con los procesos que se viven en él. Sin embargo, el mismo Lazarsfeld acepta que las únicas actividades que le dan sentido al tiempo en Marienthal son las que tienen que ver con la subsistencia, el trabajo doméstico, e incluso habla de la diferencia en el tiempo de las mujeres que no ha perdido significación a pesar de las variaciones.

Las mujeres desempleadas no pierden su posición en la esfera familiar, pues continuaban desempeñando las labores domésticas, e incluso tenían que realizar otras actividades para continuar con la reproducción de la vida. Cabe mencionar que ni el trabajo de reproducción ni el trabajo de cuidados son retribuidos monetariamente. El desempleo no afloja las dificultades en la doble asignación de trabajo pago y trabajo doméstico; Rogerat y Senotier llegan a mencionar que “la división sexual del desempleo prolonga y acentúa la división sexual del trabajo”.[12] En el caso de Los parados de Marienthal son las mujeres quienes se encargan de dar significado al tiempo, pues al continuar sus labores domésticas, acentuadas por la carencia, no perdieron la noción del tiempo como los hombres.[13]

La noción de tiempo hueco o tiempo vacío, más bien refiere a una temporalidad diferente, que carece únicamente de la significación que se le otorgaba al tiempo regularmente. “La situación de desempleo corresponde a una combinación temporal irreductible, incluso en las formas de inactividad, ya que existe un tiempo de desempleo que no es ni un tiempo profesional ni un tiempo de ocio ni un tiempo doméstico”.[14] Si bien el desempleo es una situación límite en la que se derrumban muchas construcciones sociales, ni el individuo ni la sociedad quedan en el vacío o en la anomia, sino que se reconfigura tanto el espacio como el tiempo de esas sociedades.

El tiempo de la resistencia

Como se ha venido mencionando, el tiempo determinado regularmente por las estructuras productivas y su conversión en tiempo-mercancía no dejan de influir sobre la vida social, aun en los periodos de desempleo. Podemos también mencionar la multiplicidad de tiempos yuxtapuestos, sobre los que el tiempo-mercancía es el hegemónico. Pero aun así, la existencia de un tiempo dominante no puede ocultar la pluralidad de las temporalidades y que las concepciones del tiempo no se expresan uniformemente en los diferentes grupos sociales.[15] El carácter de los acontecimientos llevan ritmos y tiempos propios, o sea, que existe una simultaneidad o sincronía de transcursos que pueden cruzarse o divergir paralelamente.

Sin embargo, los casos estudiados tanto por Paul Lazarsfeld como por Didier Demazière tienen un denominador común que incide en el análisis y aplicación para la realidad Latinoamericana. Ambos trabajos hablan de la mediación del Estado de bienestar, que proveía a los despedidos de un subsidio –mínimo– para los austriacos en Marienthal como para el obrero francés despedido al que hace alusión Demazière. Incluso el trabajo de Andrea Delfino menciona un estudio elaborado a partir de un grupo de beneficiarios del Programa Jefas y Jefes de Hogar Desocupados llevado a cabo en algún momento por el gobierno argentino.

Estos casos presentan cierto sesgo que hace eco –indirectamente– de la postura institucional u oficial del desempleo como un estado transitorio entre un empleo y otro. Demazière se percata de esto y lo menciona dentro de la postura de análisis del desempleo indisociable de una cuestión estadística (tiempo pasado desde el último empleo, antigüedad del desempleo, rapidez o probabilidad de salida). En muchos casos latinoamericanos de desempleo surgidos como consecuencia del neoliberalismo, tales como relocalización de fábricas, quiebre de empresas o privatizaciones no ha existido algún tipo de protección estatal. Incluso el caso argentino de asistencia mencionado, surge como una respuesta frente al desempleo forzado de la segunda etapa menemista y fruto de la movilización.

En los casos aludidos anteriormente por Lazarsfeld y Demazière se observa cierta resignación, dadas las dificultades para conseguir un empleo estable. Sin embargo, en casos latinoamericanos que hemos observado los últimos años, pareciera que el conformismo no es sino un breve momento. Tal como sucedió con los mineros bolivianos a principios de los noventa que operó un fenómeno de reconversión hacía el sindicalismo cocalero o los piqueteros argentinos, así como una multiplicidad de conflictos laborales a lo largo de la región ha demostrado una capacidad de movilización no presente en los casos europeos aliviados por el subsidio estatal y condenados a la supervivencia.

A partir de las múltiples respuestas que dan diversos actores individuales y colectivos ante el paro, se dan varias presencias temporales yuxtapuestas a la temporalidad del desempleo ya aludido anteriormente. Entre estos existe una temporalidad formada a partir de la búsqueda de empleo que transcurre sobre sociedades que buscan una alternativa frente a la miseria. Pero también existe un tiempo de la resistencia contra aquellas acciones que han llevado al desempleo a los trabajadores. Este tiempo militante se acelera conforme se plantean acciones como tomas de fábricas, negociaciones, marchas, plantones y demás tipos de movilización.

Sin embargo, es necesario dar continuidad a la reproducción de los mismos movimientos sociales, por lo cual debe reorganizarse el tiempo de trabajo necesario por la colectividad. En este sentido podemos hacer la comparación con esa asociación de hombres que trabajan con medios colectivos de producción constituyéndose en una gran fuerza de trabajo social. El producto colectivo así obtenido deberá destinar una parte a volver a prestar servicio como medios de producción y otra para ser consumida como medios de vida, que tiene que ser distribuida dependiendo del tiempo de trabajo del productor.

En estas condiciones, el tiempo de trabajo representaría, como se ve una doble función. Su distribución con arreglo a un plan social servirá para regular la proporción adecuada entre las diversas funciones del trabajo y las distintas necesidades. De otra parte y simultáneamente, el tiempo de trabajo colectivo y, por tanto, en la parte del producto también colectivo destinado al consumo.[16]

Si bien las distintas temporalidades están regidas por el trabajo, podremos hablar también de un trabajo no productivo, o en dado caso productor de capital simbólico. Esta modalidad de trabajo puede de igual forma ser apropiado por distintos actores, no obstante es difícil convertirlo a su forma mercancía. Este tiempo de la resistencia se desembaraza de la fetichización del tiempo-mercancía en la medida en que se destina al trabajo colectivo en los movimientos sociales. El tiempo de la resistencia representa una salida a esa sujeción temporal de la producción capitalista, aunque no se logre escapar por completo. Podríamos decir que se superpone al tiempo del desempleo una temporalidad de la resistencia que camina en paralelo a aquel. Estos cruces entre temporalidades difusas y hasta contradictorias dan forma a otra temporalidad del desempleo que en los lugares en los que se le responde con otros métodos, incluso la resignación. De esta forma el tiempo de tal grupo o sociedad se deriva de los propios ritmos que éstos le imponen.

[1] Paul Lazarsfeld, Marie Jahoda y Hans Zeisel, Los parados de Marienthal. Sociografía de una comunidad golpeada por el desempleo, La Piqueta, Madrid, 1996

[2] Karl Marx, El Capital, T. 1, FCE, México, 2012, p. 517

[3] Ibíd., p. 526

[4] Ibíd., p. 533

[5] Moishe Postone, Tiempo, trabajo y dominación social. Una reinterpretación de la teoría crítica de Marx, Marcial Pons, Madrid, 2006

[6] Jaques Le Goff en Moishe Postone, Op. Cit., p. 283

[7] Aaron J. Gurevich en Moishe Postone, Op. Cit., p. 288

[8] Benjamin Coriat, El taller y el cronometro. Ensayo sobre el taylorismo, el fordismo y la producción en masa, Siglo XXI, Madrid, 1993; Marx habla de la necesidad de implementar tiempos de trabajo necesarios para la determinada producción de mercancías como la base del periodo manufacturero

[9] Paul Lazarsfeld, Marie Jahoda y Hans Zeisel, Op. Cit., p. 139

[10] Andrea Delfino, “Tensiones y heterogeneidades temporales en la desocupación”, Universidad del Litoral, Córdoba, 2008

[11] Paul Lazarsfeld, Marie Jahoda y Hans Zeisel, Op. Cit., p. 157

[12] Chantal Rogerat y Danièle Senotier en Didier Demazière, “Ni tiempo vacío ni sobrante de tiempo: el desempleo como prueba fragmentada”, Revista De Trabajo, 2006, vol. 2, no. 2, p. 50

[13] Andrea Delfino, “Marienthal, ¿allá lejos y hace tiempo? Potencialidades y límites de los conceptos fundantes de la Sociología de la desocupación para los estudios latinoamericanos actuales”, en: Fermentum, Mérida, Año 21, No. 60, enero-abril, 2011

[14] Didier Demazière, Op. Cit., p. 45

[15] Andrea Delfino, “Tensiones… p. 2

[16] Karl Marx, Op. Cit., p. 43

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