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Sobre la Toma del Ministerio de Ciencia y Tecnología en Argentina

La tendencia mundial de precarización del trabajo y recortes presupuestarios a los ámbitos educativos y cientificos ha impactado de forma notable a América Latina. El oficio intelectual y científico, que había logrado cierta estabilización y seguridad social ha sufrido de forma acelerada la recomposición del regimen de acumulación de capital. No hace falta revisar la plantilla de trabajadores de la ciencia para descubrir la descomposición y el detrimento en las condiciones laborales; la mayoría de los profesores en las universidades se encuentran subcontratados y son objeto de una inestabilidad laboral. Esa falsa división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual es evidente ante los despidos y reducción salarial generalizada. Los cientificos tambien son trabajadores; tambien son explotados.
El gobierno de Macri en la Argentina ha contribuido a acelerar la pauperización de los trabajadores en este país del sur, negociando con la vida de sus connacionales ante el mercado mundial. No obstante, los trabajadores de todos los sectores están repudiando las politicas mcristas que solo profundizan la superexplotación y se están organizando. Por todo el territorio argentino suceden muestras de descontento ante el detrimento de sus condiciones de vida. Por ejemplo, el día 19 de diciembre pasado ante las intransigencias y recortes orquestadas al rubro de ciencia y tecnología desde el gobierno del PRO, centenas de investigadores y trabajadores de la ciencia decidieron la toma del Ministerio de Ciencia y Tecnología en la ciudad de Buenos Aires. Despues de 6 días de toma se levantó la medida de fuerza. Aquí compartimos la relatoría y la postura de los compañeros y compañeras de la corriente universitaria Amaranto de la Univeridad de Buenos Aires, presentes en las movilizaciones sucedidas.
Ante la toma del MinCyT y el acuerdo firmado
En el hall del Polo Científico del Ministerio de Ciencia y Técnica se respira ansiedad. Jóvenes y mayores con pecheras de colores van de un lado para el otro, se miran buscando pistas, se precipitan a salir al playón ante cualquier sonido del micrófono, donde cientos de personas corren, juegan y charlan distendidos. Se escuchan entre susurros: “firmaron”, “están firmando”, “ahí bajan”. La primera puerta del ascensor se abre y de él salen varios representantes gremiales con una incontenible sonrisa, al grito de “¡ganamos!”, mientras agitan una hoja en el aire. Son recibidos con saltos y abrazos, y rápidamente se pierden en una muchedumbre que se dirige afuera entre bombos y platillos. Algunos, sin embargo, seguimos esperando porque sabemos que esos no son todos: que los gremios que bajaron primero son los gremios burócratas, que tantas luchas en el pasado han entregado y que no nos garantizan que ese papel con firmas que están agitando sea el que efectivamente se discutió en asamblea. ¿Que habrá pasado con el resto de los compañeros? ¿Habrán tenido algún problema? Los números rojos de un segundo ascensor empiezan a bajar: 4, 3, 2… La puerta se abre y de ella sale una joven de pechera amarilla de cara seria. Ya no queda tanta gente en el hall y logra encontrar a quien está buscando. Una compañera, de pechera amarilla como ella, la espera con los ojos llorosos. Sin decirse nada se abrazan: aceptaron la contra-propuesta.
 Las pecheras amarillas son de Jóvenes Científicos Precarizados, una representación gremial conformada por compañeros independientes y de diversas agrupaciones que, si bien eran reconocidos por su labor gremial dentro del ámbito de los becarios, saltaron a la fama esta última semana con el conflicto por el recorte presupuestario en el Ministerio de Ciencia y Técnica. Su lucha arrancó 11 años atrás bajo el lema “investigar es trabajar” y se fue construyendo a partir de organización desde las bases y con una orientación coherente y a la izquierda. Desde que se publicó el monto del recorte presupuestario los trabajadores entendieron que tenían que actuar rápido: es así que convocaron a un primer acto el 27 de Octubre pretendiendo que no se firme el presupuesto para 2017, pero no fue suficiente.
 El presupuesto salió y con eso la confirmación para los investigadores de que este iba a ser un año especialmente complicado, tendencia acentuada cuando se publicaron los números de ingreso a la carrera de investigador para el CONICET: de 1141 personas que solicitaron el ingreso, y de 893 que fueron recomendados para ingresar a la carrera de investigador del CONICET solo se contrató a 385, dejando así a casi 500 compañeros en la calle. Dentro de este último número encontramos dos grupos diferentes: 343 recomendados cuya beca pos-doctoral del CONICET termina a principios del 2017 y 107 que no tenían beca y que provienen de afuera del organismo. A estos números se le suman 58 compañeros, también recomendados, que, si bien deberían ingresar a la carrera de investigadores, tienen una beca que se vence recién en el 2018. La pelea entonces se delineaba claramente: todos adentro como investigadores del CONICET para desde ahí pelear por el presupuesto y las condiciones laborales.
 La primera convocatoria fue el miércoles 14 de diciembre, pero no estaba unificada. Se llamaba a un corte en Santa Fe y Godoy Cruz a las 11am para luego movilizar a las 12 hasta el ministerio, a pocas cuadras. Sin embargo, no quedaba claro a qué hora se realizaría el acto: si bien JCP convocaba a las 12hs para exigir una reunión con el directorio del CONICET y entregar un pliego de reivindicaciones, otras organizaciones dividían la convocatoria convocando a un acto a las 16hs, cuando ya sería imposible pedir cualquier cosa. Como era de esperar, a las 12hs se negaron a recibir a los compañeros, pero no nos quedamos con los brazos cruzados. Nos dispusimos a ocupar el hall del CONICET para lograr una primera reunión y, ante la falta de propuesta y compromiso de estos, nos alineamos en una épica subida de 11 pisos para ocupar los accesos del piso 11 al piso 8. Pudimos además echar a una policía que empezaba a amedrentarnos subiendo con cámaras y amenazándonos con abrir causas. Esta primera lucha concluyó ahora sí con una reunión con el directorio del CONICET, el cual se comprometía a publicar una declaración denunciando la falta de presupuesto para el organismo, explicando cómo esto impedía la incorporación de nuevos investigadores e investigadoras.
 Concluía la primera jornada de lucha a sabiendas de que todavía no habíamos ganado nada. El lunes 19 de noviembre era la siguiente cita, ya directamente en el organismo. Una diferencia substancial de esta con la anterior es que, en los días que separaron a ambas convocatorias se había publicado la lista de compañeros que quedarían afuera de la carrera de investigador científico. Esos números de los que hablaba el Ministerio perdían abstracción, convirtiéndose en caras con historias que quedaban, ahora sí, definitivamente en la calle. Éramos muchísimos y estábamos convencidos de que esta lucha solo podía ganarse. Ante una primera reunión sin propuestas, procedimos a ocupar el hall del establecimiento, que apenas daba abasto para albergarnos a todos. Allí esperamos el resultado, entre cantos y agite, de una nueva reunión demasiado parecida a la anterior, con la presencia de Lino Barañao. Nada, de nuevo, más que lamentos y miradas de asco. Los resultados de ésta se discutieron en asamblea y se decidió de manera unánime la toma del ministerio. Esto marcaría la metodología por la que pasarían las diferentes instancias de esta lucha: asambleas masivas que deciden todo de manera unánime, escuchando las diferentes voces dentro del conflicto y prestándose a la solidaridad de clase.
 A partir de ahí se abrió un proceso que solo habría de crecer: a los más de 100 compañeros que durmieron allí la primer noche se sumaron cada vez más cuerpos, agrupaciones y solidaridades que iban desde vecinos trayendo un kilo de helado o plantas de lechuga hasta gremios, periodistas y twitteros defendiendo la lucha. Resulta difícil resumir en pocas palabras lo que fueron estos cinco días de toma. Los compañeros de JCP se ocuparon desde un primer momento de recaudar un fondo de lucha que se ocuparía de alimentar a los cientos de personas que transitarían ese espacio durante la semana, organizando comisiones de seguridad que velarían contra intromisiones, comisiones de limpieza a las que entre todos colaboramos y hasta de armar listas de canciones para repartir con los diferentes “hits” de la toma. Además, se realizaron festivales casi todas las noches en los cuales diferentes artistas se acercaron a expresar su apoyo mientras compartíamos mates y pizzas sin queso de la Fábrica de pizzas. Los que pusimos el cuerpo encontramos allí a compañeros incansables que se alimentaban de la solidaridad y cooperación de todos los que bancamos la lucha. En los debates que se iban formando, se escuchaba decir que esta pelea no era solo por la reincorporación de los despedidos, sino también por la situación de precarización de los becarios que investigan en todo el país, porque no cobran salario sino un “estipendio”, porque no tienen aportes ni aguinaldo y si tienen paritarias es porque la movilización supo arrancársela a los burócratas del ministerio. También nos preguntábamos sobre qué ciencia queríamos y defendíamos y sobre que esta no debía estar al servicio de las grandes multinacionales que reprimen comunidades y envenenan los ríos y los frutos del suelo, sino al servicio del pueblo y de la lucha por un mundo diferente. Así se soportó una campaña de desprestigio en los medios, amenazas de un directorio que insistía en que nos iba a desalojar, ratis mirando y filmando desde la vereda de enfrente, una bandera del gobierno que pretendía representar a los trabajadores del MinCyT difamando la toma, un ejército de “trolls” del gobierno que difundían ideas, como que había que cerrar el CONICET y mandarlos a todos a trabajar a empresas privadas, dirigencias gremiales que sin pasar más que unas horas en el predio, venían a llenarse la boca de frases vacías y de décadas ganadas; y hasta enviados que intentaban generar conflictos dentro del movimiento. Y sí, todo eso se soportó, con reuniones casi todos los días con los directivos que traían propuestas vergonzosas que pretendían dividir a los diferentes grupos de trabajadores y que no cumplían con ninguno de los requisitos que se exigían, refrendando la toma con asambleas diarias en las que se votaba luchar de manera unánime. Y sí, hay que decirlo, quienes estuvieron ahí desde el principio liderando fueron los compañeros de AGD UBA y los de pechera amarilla.
 Y llegó el viernes 23 de diciembre, a un día de Navidad. Una Navidad que al principio veíamos acercarse con miedo a que se vacíe el Ministerio y que logramos imponer como #NavidadEnCONICET, un evento que prometía un festejo masivo y solidario.
 Y también llegó una nueva propuesta que, esta vez, según nos dijeron, provenía de una reunión directa del ministro con el jefe de Gabinete y el presidente. Esta estaba lejos de las reivindicaciones que habíamos acercado. A grandes rasgos, ésta otorgaba prórrogas a los recomendados cuyas becas estaban a punto de terminar y becas “extraordinarias” a aquellos que provenían de afuera del organismo, todas ellas con una remuneración equivalente al sueldo de un investigador. Pero implicaban continuar con la precarización laboral y solo prorrogar el problema por un año.
 A las 17 empezó una asamblea gigantesca, que excedía ampliamente la capacidad del sonido que había donado la Asociación Gremial Docente de la UBA y que involucraba a más de 1500 personas. La compañera de JCP que la presidía, como sus compañeros, estaba más pálida, tenía nuevas ojeras y había perdido varios kilos durante la última semana. De lo primero de lo que se habló fue de hacer una moción de orden: dadas las circunstancias y la masividad del acto solo podrían votar los trabajadores y becarios del CONICET, apelando a la solidaridad y la conciencia de cada uno. Así fue que los que estábamos en las primeras filas cedimos nuestros lugares a los trabajadores que estaban atravesados de manera más directa por el conflicto, sin dejar de entender que la lucha era de todos. Hubo más de 40 intervenciones y pasamos casi 4 horas en asamblea. Córdoba, Mar del Plata y Mendoza, cuyos CCT también estaban siendo tomados habían rechazado el acuerdo. Tanto los gremios que habían sostenido las medidas como los propios investigadores despedidos propusieron incluir reformas a la propuesta: que estas nuevas 450 becas y prórrogas que tuvieran vigencia hasta el 2018 y se distribuyeran en diversos espacios (INTI, INTA, etc. aunque ya NO en empresas privadas, como propuso la versión original), se dieran como becas dentro del CONICET, que se eliminase el límite de edad para el ingreso a la carrera de investigador para este grupo de compañeros y que se conformase una comisión con representación de diferentes gremiales que pretenda la incorporación definitiva de estos compañeros al organismo, entre otros.
 Desde Amaranto Corriente Universitaria nos sentimos incómodos al utilizar la palabra “victoria” para caracterizar a este primer acuerdo. Si bien respetamos y defendemos el proceso asambleario, entendemos que se debería haber prorrogado la votación dos horas más para que la reforma a la propuesta original se refrendase en las diferentes provincias que mantenían sus CCT tomados y que habían rechazado la propuesta inicial (Córdoba, Mendoza, La Plata, Mar del Plata, Tucumán, entre otras…). Esta postura, al decidirse votar ‘aquí y ahora’, se perdió en una asamblea donde solo votaron los trabajadores del CONICET por 371 a 283 votos. Nos queda corta la victoria porque entendemos que la fuerza que teníamos era inmensa, al punto de que se llegó a rumorear la renuncia del propio ministro Lino Barañao, lo que hubiera asestado un fuerte golpe al gobierno macrista. Nos queda corta porque, si bien debíamos concentrarnos para seguir las letras que habían compuesto los compañeros de JCP denunciando el ajuste, hubo varios cantos que no necesitaban letra escrita, porque todos allí sabemos que el CONICET es de los trabajadores y que se tienen que ir todos, que no tiene que quedar ni uno solo. Rescatamos además ciertas intervenciones en la asamblea, que sostuvieron que la decisión debía ser tomada de manera federal, que la carrera en el CONICET era de las más individualistas y competitivas que se pueden concebir, fomentando la competencia y el egocentrismo, y que esta lucha logró anteponer sobre eso los ideales de solidaridad y cooperación y la lucha colectiva de los trabajadores
Así y todo, no se puede desconocer otros elementos que hicieron que compañeros acordaran con lo firmado: la fecha límite con enero, donde las medidas de fuerzas y visibilidad decaerían ante un ministerio cerrado e inactivo, la necesidad inmediata de dar empleo a más de 383 que quedarían sin sostén económico en unas semanas, el desgaste de casi un mes y medio de movilización y la toma de un ministerio Nacional por cinco días, hecho que no tiene paralelo en los últimos años. También pesaron la desconfianza a las organizaciones y gremiales -ATE y CONADU-, siempre ávidas de firmar papel que se les pusiera enfrente, que hasta el miércoles solo habían luchado con una carta enviada por mesa de entrada a Barañao y que desde hace años se han encargado de mirar al costado -como mínimo- ante la precariedad laboral de Becarios, los bajos salarios, los estipendios, el trabajo ad honorem, la relación de los organismos de investigación con las empresas privadas y tanto más.
 Si, más que victoria pareciera un empate, y sabemos que los empates no se festejan. Pero nos vamos con una imagen de militancia que caló hondo en la sociedad. Felices fiestas compañeros, para este nuevo año prometemos aprendernos la letra completa de “no al ajuste que quieren Mauricio y Lino Barañao…”, porque esta lucha recién empieza.
Amaranto Corriente Universitaria U.B.A.
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