Por una Latinoamerica libre

Relatos orales de las guerrillas

Relatos orales de las guerrillas encabezadas por Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos en la Sierra de Atoyac de Álvarez, Guerrero

Esteban Hernández Ortiz

La memoria intenta preservar el pasado

sólo para que le sea útil al presente y a los tiempos venideros.

Procuremos que la memoria colectiva sirva

para la liberación de los hombres y no para su sometimiento.

Jacques Le Goff, citado por Tzvetan Todorov en los abusos de la memoria (2000).

 

Parte primera. La experiencia al hacer historia oral, la metodología, vicisitudes y aportes a la investigación.

1.- Mis vivencias.

Una tarde del año 2000, a la altura del paraje conocido como Loma Larga, entre San Vicente de Benítez y Río Santiago, municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero, cuando yo viajaba de El Paraíso con destino a Acapulco, me surgió la idea de recabar información para publicar un libro que hablara de la historia de mi comunidad de origen. Fue así que sin contar con un proyecto de investigación, y sin tener aún claridad de metodología me dispuse a recabar datos con el ansia de publicar el libro.

En el trabajo de campo que he realizado respecto a mi ponencia de hoy me ha favorecido bastante el hecho de ser originario de la región. Nací el 28 de noviembre de 1974 en El Paraíso, Municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero, justo cuatro días antes de que muriera el profesor Lucio Cabañas Barrientos, quien encabezaba la guerrilla del Partido De Los Pobres.

Después tenía yo 14 años de edad cuando fueron las elecciones presidenciales de 1988 y tal parece que desde entonces me fui autoubicando a la izquierda dentro del eje que en materia política se conoce como izquierda-derecha. Tengo muy patente aquel cartel con la fotografía del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas pegado en la pared de una carnicería en ubicada en una esquina del mercado de Atoyac en junio de 1988, acompañada de la leyenda “Cárdenas Presidente”.

Haciendo una autoevaluación diría que de estos rasgos de mi vida particular ha surgido una proclividad por adentrarme en estos pasajes históricos de lo que considero puede enmarcarse en la microhistoria mexicana. A final de cuentas tal vez mis trabajos rayen en el etnocentrismo.

Agregaré que hasta los 33 años de edad siempre viví en mi comunidad de origen, pues aun en el lapso en que cursé mis estudios de licenciatura en Acapulco viajaba constantemente a El Paraíso.

Aún antes de concluir estos estudios yo colaboraba como profesor en la escuela Preparatoria, que precisamente hoy lleva por nombre “Lucio Cabañas Barrientos”, y que es dependiente de la Universidad Autónoma de Guerrero.

Por otra parte, de 1994 al año 2000 participé activamente en el Partido de la Revolución Democrática. Seguramente que estos roles que desempeñé contribuyeron para que las personas a quienes yo acudí sintieran confianza ante mí cuando les plantee mis intenciones de recabar datos, aunque no en todos los casos anticipé que la meta fundamental era elaborar una obra que pudiese ser publicable. Hubo un caso en el que no tuve la misma suerte, pues la persona a quien quise entrevistar fue poco abierta para dialogar sobre el tema que me interesaba.

En fin, gracias a que en la mayoría de los casos encontré aceptación, hoy me encuentro en esta sala tratando de transmitirles aquellas anécdotas que me fueron contadas, en la mayoría de las veces tomando una taza de café.

2.- Metodología o técnicas utilizadas.

Las charlas, más que entrevistas formales, se me concedieron en momentos de descanso de mis entrevistados o tal vez ellos cambiaron alguna actividad del campo que ya tenían programada para dedicar buena cantidad de minutos a platicar con este indagador. Por fortuna en la gran mayoría de las veces no se me “cerraron las puertas” y se me concedió acceso a la entrevista informal y abierta, sin llevar un formulario de interrogantes, sin llevar cámara de video o grabadora y solo acompañándome de lapicero y cuaderno. Mi intención es brindar confianza a nuestros entrevistados, quienes resultan ser valiosas fuentes de consulta, y dejarles ser, que hablen, que digan lo que sienten –si acaso resulta válida este concepto-. Ser celoso guardián de sus secretos y detalles que hace tiempo no platicaban ante nada y ante nadie. “El observador también es observado”, dijo en un curso una profesora de la Escuela de Antropología Social en mi querida Universidad Autónoma de Guerrero.

Debo poner toda la atención posible a mí entrevistado, quien se expresará mediante la palabra, pero también mediante sus gestos, ademanes, muecas, sonrisas, destellos, cabizbajos, miradas perdidas o profundas y algunos “arranques” que de repente todos tenemos. Dado que no estoy grabando y sólo tomo nota con puño y letra, no es posible estar fijamente mirando al frente a mi entrevistado.

En el fondo yo persigo un “interés” de investigación, para que algunas personas tal vez lean y donde yo aprenderé a aprender. Mis entrevistados, en cambio, actúan desinteresadamente. Bueno, tal vez su “interés” sea que las nuevas generaciones conozcan lo que sucedió en el entorno geográfico en que viven, de ahí en fuera no hay interés de por medio en las personas entrevistadas, valiosas fuentes que no se hallan por doquier.

Para Liliana Barela y otros (2004:7) “el historiador siempre estará presente más allá del método utilizado, su mirada y su escucha y su forma de interpretar lo leído y lo oído estarán guiados por su disciplina, por la intencionalidad de su investigación y por sus hipótesis previas, como también estará sujeto a los análisis inconscientes de su vida personal, de su tiempo y de su espacio social, ideológico, político, etc.”

La historia oral ingresa al área de las fuentes documentales sólo cuando estas resultan dudosas. Busca lo que no se halla en fuentes existentes. Indaga por lo que sólo mediante la narrativa de las personas podemos encontrar recurriendo a la entrevista (Liliana Barela y otros. 2004:7).

Indiscutiblemente que la historia que se escribe hoy se reelaborará en un futuro, pero esto no debe impedir que tengamos que tomar tinta y papel hoy. Una razón más es el proverbio que dice: “más vale una tinta pálida que una mente brillante”. Si no registráramos sucesos mediante nuestros apuntes, tal vez puedan quedar soterrados sin que nadie los pueda conocer un día.

Priorizo a la voz de mi entrevistado y no lo interrumpo si en un instante trae a colación algún otro detalle. Si diera el caso de que se aleje de nuestro tema central debo interceder para regresar al fondo del asunto pero sin incomodar al entrevistado, buscando la mejor forma de “regresar al redil”. La materia prima es su voz y los recuerdos que vengan a la mente y que gustosamente él desee compartirme. Yo hablaré después, mediante el texto escrito, obviamente sin manipular la versión, el recuerdo y la catarsis del entrevistado, muchas veces impregnado de nostalgia, coraje, satisfacción, insatisfacción, alegría, impotencia. En otros casos hay sonrisas a la par de los relatos. Debo inventar sobre la marcha unos códigos, abreviaturas o claves, pero reestructuro de inmediato mis anotaciones ya sin la presencia del entrevistado. Siempre muestro atención y mi mirada está fija en él; que sepa que sus relatos “valen oro” para mí.

“La palabra hablada ilumina a la escrita” dice Mercedes Vilanova, citada por Liliana Barela y otros (2004:13).

No manejo un formulario de preguntas, y en apariencia todo es improvisado, pero creo que hay un orden y buena claridad en los objetivos. De lo contado por la persona que entrevisto, van surgiendo preguntas para ahondar y recabar mayor información.

En el caso de los trabajos que en esta ponencia refiero existen fuentes hemerográficas y bibliográficas que dan cuenta del contexto general en que sucedieron los acontecimientos de las que hablamos, pues se trata de las guerrillas encabezadas por los Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. Guillermo Bonfil Batalla (1989:299) dice que “Guerra en El Paraíso” ha sido la novela que mejor ha logrado reconstruir y dimensionar la historia de esta guerrilla, la subjetividad de su líder, su relación con los actores regionales y con la exuberante naturaleza de la zona; su interacción con el régimen autoritario y el sufrimiento de los pobladores debido al trato cruel e inhumano al que fueron sometidos por el terrorismo de Estado.

Guerra en El Paraíso ha sido traducida al alemán, francés, griego e italiano. Para Andrea Radilla Martínez (2008:23), citada por Patricia Cabrera y Alba Teresa (2012:224) se trata de una epopeya del campesinado mexicano de los años sesenta del siglo XX, quienes se sublevaron contra los abusos del poder y pensando superar la miseria en que vivían. La primera edición de esta novela aparece en 1991. De acuerdo al libro “Con las armas de la ficción”, de las autoras Patricia Cabrera y Aba Teresa, José Vicente Anaya refiere que la obra aparece veinte años después de que Montemayor expresara mediante sus ensayos alusivos a la tragedia griega su curiosidad por encontrar en los clásicos una ética que se preocupa por lo justo y lo injusto; así como tender un puente entre la teoría y la práctica, buscando arribar a una praxis social por medio de la obra de arte (2012:227).

Angélica Prieto Inzunza realizó la tesis “Guerra en El Paraíso de Carlos Montemayor: una historia alternativa” y aclara que es novela antes que política y no se reduce a llenar un vació de la historiografía mexicana (Cabrera y Teresa. 2012:224).

Un día del año dos mil doce tuve el gusto de saludar a la esposa de Carlos Montemayor en el auditorio municipal de Atoyac de Álvarez, Guerrero, en un evento, al final del cual varios nos acercamos a saludarla y alguien, señalándome, le dijo: “él es de El Paraíso”, entonces ella nos comentó que el escritor chihuahuense guardaba con aprecio en el escritorio de su estudio muchos granos de café llevados desde la sierra de Atoyac.

Mi exposición se complementa con algunas fotografías y fuentes periodísticas, que ayudan a corroborar el contenido del trabajo que presento. Esto en virtud de que el trabajo de investigación histórica tiene el deber de probar lo que afirma y por ello se anexan las fuentes a que recurrí, tanto las escritas como son los libros, y las orales como son las entrevistas.

3.- Vicisitudes al hacer historia oral.

Como ya lo referí, en la mayoría de los casos no tuve dificultades, pues previamente realicé una selección de las personas que consideré podrían aportar datos para reforzar la investigación. En una ocasión me acerqué a un señor con quien no tuve la misma fortuna de conversar, pues no se mostró disponible para platicar respecto al tema que me interesaba.

 

4.- Aportaciones a mi investigación.

Para concluir diré que estos trabajos aportaron un relevante y revelador concentrado de datos en que se finca buena parte del libro “Historia de El Paraíso, Municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero”, el cual será publicado en próximos días por Ediciones Rosa María Porrúa.

Parte segunda. Desarrollo.

“Aunque el pequeño mundo municipal de Ramón López Velarde, Juan de la Cabada y Juan Rulfo no cesa de perder sus peculiaridades en los tiempos que corren, es aún una realidad muy notoria e influyente en la vida de México… Como la palabra madre y sus derivados se usa en nuestro país en expresiones injuriosas, han caído en desuso en expresiones llanas. Sin embargo, como en la busca de un término evocador de lo opuesto a patria no di con ninguno decente, me incliné por el uso de matria para referirme al pequeño mundo que nos nutre, nos envuelve y nos cuida de los exabruptos patrióticos…”

 

Luís González y González, revista nexos, “suave matria”, uno de diciembre de 1986.

 

La sierra de Atoyac de Álvarez, Guerrero, fue una demarcación territorial en la que cobraron presencia las guerrillas encabezadas por los profesores Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. De acuerdo con Claudia Rangel y a Evangelina Sánchez, citadas por Patricia Cabrera y Alba Teresa (2012:234), Genaro Vázquez Rojas egresó de la Escuela Nacional de Maestros y el Lucio Cabañas Barrientos egresó de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero.

Desde 1958 estudiantes y profesores guerrerenses se reunían en la Ciudad de México en aras de constituirse en un grupo opositor al régimen de gobierno en Guerrero; para 1960 el comité se estableció formalmente y se denominó “Comité cívico guerrerense”. Al principio pedían la desaparición de poderes mediante la presión popular, después recurrieron a la desobediencia civil, promoviendo no pagar impuestos entre otras medidas. Concurrió la lucha de los universitarios guerrerenses pugnando por la autonomía de su Universidad y el 30 de diciembre de 1960, la alameda de Chilpancingo se tiñó de rojo con la sangre de varias personas asesinadas por el ejército y la policía de Guerrero. Genaro Vázquez Rojas convoca a los campesinos a levantarse en armas si no se declara la desaparición de poderes, pero el uno de enero de 1962 toma posesión el gobernador interino Arturo Martínez Adame, en algunos municipios se nombran alcaldes populares. Para febrero de 1962, el comité cívico guerrerense se refunda y ahora se llama Asociación Cívica Guerrerense (http://www.proceso.com.mx/141587/lo-que-empezo-con-genaro-vazquez-murio-con-lucio-cabanas).

El 18 de mayo de 1967 hubo una masacre en la plaza de Atoyac de Álvarez, Guerrero. Nunca más se vio a Lucio Cabañas Barrientos haciendo oratoria y se enfiló al monte. Desde donde saldría muerto el dos de diciembre de 1974.

1.- Trabajo de campo en la comunidad de Puente del Rey, de la municipalidad de Atoyac de Álvarez, Guerrero.

Don Marciano (nombre ficticio), a quien llamaremos “don Marcia” nos cuenta que hubo en Puente del Rey un joven llamado Lucio Peralta Santiago, su mamá se llamó Alejandrina Santiago Zamora y participó en las filas de la guerrilla comandada por el profesor Lucio Cabañas Barrientos. Fue desaparecido, luego de que lo detuvieran en un retén militar en 1973.

Un profesor de nombre David Rojas vivió su niñez en Puente del Rey, su papá se llamó Procopio Rojas y cuando lo desaparecieron daba clases en Plan de Las Delicias. David tenía un hermano llamado Laurentino, quien también estudió en Puente del Rey.

puente del rey

Fotografía de Puente del Rey, que tomé en diciembre de 2016.

En El Molote vivía un joven conocido como “el sabinito”. El Ejército lo detuvo y algunos creen que éste fue enseñando algunos lugares por donde podían encontrar a Lucio Cabañas. El Sabinito era hermano de doña Sofía Fraga. Trasciende que el sabinito se portaba muy mal con sus padres.

Las tropas genaristas anduvieron merodeando varios pueblos y a otros, de plano entraban a efectuar reuniones. Se sabe que se anclaron en el cerro de La Peineta, pues tenía buena amistad con don Juan Javier, el papá de uno de los primeros habitantes de El Río Verde, que se llamó Santos Javier. “Don Marcia” dice que aquel dos de febrero de 1972, fecha del supuesto accidente en que perdió la vida Genaro Vázquez Rojas, este se hacía acompañar de una mujer, hija de don Santos Javier. Don Marcia agrega que Genaro andaba huyendo de una ciudad hacia otra porque el gobierno lo perseguía, aquel día, el chofer iba muy desvelado, pues habían planeado establecerse por varios días en la Ciudad de México, pero fue necesario viajar hacia Morelia.

Dicen que caminaba por las orillas de El Puente del Rey y que fue al cerro del Cabeza de Venado antes de que fueran las tropas encabezadas por Lucio Cabañas. Por varios años Donato Contreras fue la mano derecha de Genaro Vázquez, pero llegaron a tener diferencias entre sí y se separaron.

El comisario de Puente del Rey invitó para que fueran a chaponar las orillas de la carretera. Varios pobladores atendieron el llamado de su autoridad y fueron a realizar la faena, cuando de pronto se escucharon disparos de arma de fuego, provenientes del monte. Se dice que era la gente de Lucio Cabañas, acompañando a Lucio Peralta, e hirieron a Manuel Alanís en el pie. Manuel Alanís era padrastro de Lucio Peralta.

“Don Marcia” nació en 1944. Cuenta que él terminó sus estudios de secundaria en el Distrito Federal, que estudiaba en horario nocturno, pues tenía que trabajar durante el día. Dice que su escuela se ubicaba en Calle San Cosme, de la colonia Santa María de la Rivera, sin recordar exactamente en qué delegación de la Capital federal. Recuerda también que los hermanos Elías y Elenis Bernal llegaron al pueblo en 1943 y que don Elias vendía abarrotes en Puente del Rey y en El Plan del Cuche. Otro de los vendedores de abarrotes, como galletas, ázucar, arroz, cigarros y tequilas, fue el señor Francisco Burgos, donde vivía don Boni. Cuentan que don Elías abandonó al pueblo cuando hirieron a su hijo.

 

2.- La barbarie en Los Piloncillos, Municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero.

Cuenta don Benito que aproximadamente a las 7 de la mañana de un día del año 1973 llegaron un poco más de trecientos efectivos del Ejército Mexicano a la comunidad de Los Piloncillos, municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero. Era el tiempo de auge de la guerrilla comandada por el profesor Lucio Cabañas Barrientos y las fuerzas militares buscaban sofocar aquel movimiento guerrillero que desató su comienzo luego de la masacre del 18 de mayo de 1967 en la plaza de Atoyac.

Todos los militares llevaban granadas y botellas con gasolina, adecuadas con “mechones”, además de su fornitura y armamento, refiere don Benito.

Uno de los afluentes que componen el río Atoyac, entre El Plan de Las Delicias y Los Piloncillos. Al llegar a Atoyac, estas aguas ya se han unido con la microcuenca que baja de Santo Domingo-Río del Bálsamo-Las Fundiciones. También se une la microcuenca del río Paraíso.

Uno de los afluentes que componen el río Atoyac, entre El Plan de Las Delicias y Los Piloncillos. Al llegar a Atoyac, estas aguas ya se han unido con la microcuenca que baja de Santo Domingo-Río del Bálsamo-Las Fundiciones. También se une la microcuenca del río Paraíso.

Se dirigieron a varios domicilios, además de tomar provisiones y ubicarse en puntos estratégicos aledaños a aquel pequeño pueblo enclavado en la Sierra de Atoyac. De las modestas viviendas sacaron con violencia a varios lugareños. Minutos después los formaron en una pequeña cancha con piso de tierra, donde ahora es la escuela primaria, formaron a cinco habitantes del pueblo dando la espalda a los soldados: Margarito Valdez, Toribio Peralta, Crescencio Reyes, Santos Álvarez y Eleazar Álvarez.

Luego de colocarlos al paredón, todos fueron asesinados al instante en la forma cruel y arbitraria, pues aquellos ciudadanos debieron ser sometidos a un proceso penal si se les consideraba culpables de algunas conductas delictivas. Eso es un delito de homicidio, aún en manos de nuestras fuerzas armadas.

A don Saturnino Sánchez lo asesinaron en su domicilio, pues no podía caminar, y se encontraba en un banco de madera que él mismo fabricó, pues era carpintero. Fue acribillado por los disparos del rifle militar tipo FAL mientras estaba sentado en su banco de madera.

Don Benito nos da las edades aproximadas de cada uno de ellos: Saturnino Sánchez, unos setenta años; Margarito Valdez, contaba con 45 años aproximadamente; Toribio Peralta tendría unos 21 años, era el más joven; Crescencio Reyes tendría unos 70 años; Santos Álvarez andaría en los 35 años y Eleazar Álvarez rondaría los 25 años de edad.

 2 1

Otras imágenes del río que baja desde Los Arrayanes, bajando por El Plan de Las Delicias. Los Arrayanes se encuentran al pie del cerro “cabeza de venado”, cuya cúspide es el tercer punto más elevado en Guerrero. Fotografías que tomé en Julio de 2014.

Don Benito agrega que el Jefe Militar se llamaba Venustiano Carranza Tijerina, era un hombre de avanzada edad, alto, de lentes y güero. Se supo que después él en persona fue a Los Piloncillos y construyeron la cancha de basquetbol. Respecto a este jefe de las fuerzas castrenses se encuentran referencias en http://investigacionesrubenjaramillomenez.blogspot.mx/2009/04/lucio-cabanas-barrientos-y-el-partido.html

Habla don Benito: “Mi casa estaba en lo alto del pueblo, yo presencié gran parte de los hechos, pero luego fueron por mí y me golpearon brutalmente. Tardé encamado unos quince días y pasó un mes para que se me quitaran los moretones. Mis hijos Elena y Abelino me abrazaban, pero lo soldados los aventaban para los lados. A mí y a Silvestre Calderón nos sacaron del pueblo y nos trajeron con ellos camino abajo hacia El Plan Grande, antes de cruzar el río que baja de Las Delicias, dejaron libre a Silvestre y a mí me cruzaron al otro lado del río, ya en El Plan Grande me liberaron también. Momentos después supe que a dos de mis hermanos también los golpearon en El Plan Grande. Después nos salimos de Los Piloncillos y llegamos a vivir a El Paraíso, al principio nos daba permiso mi compadre Sulpicio Araujo, luego fuimos comprando donde ahora vivimos”.

Termina don Benito comentando que su nombre obedece a que su papá decidió ponerle este nombre porque él nació el día 21 de marzo de 1947 y un 21 de marzo nació quien fuera presidente de México, don Benito Juárez. García.

Respecto a esta masacre puede consultarse la edición del diario la Jornada del día 22 de abril de 2012, en su página 5.

He aquí una transcripción de la fuente periodística referida:

“Documentos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y de la Secretaría de Gobernación, dan cuenta de la forma en que operaban el Ejército y la Brigada Blanca en el estado de Guerrero durante la llamada guerra sucia, y de la que formaba parte el general Arturo Acosta Chaparro Escapite. Un ejemplo documentado de sus actividades ocurrió el 24 de abril de 1973, al filo de las siete de la mañana, mientras el helicóptero de color azul que era utilizado normalmente por el comandante de la 27 Zona Militar con sede en Acapulco, sobrevolaba Los Piloncillos, un lugar de la sierra de Atoyac de Álvarez, cien militares, entre ellos hombres vestidos de civil –que en realidad eran integrantes de la Brigada Blanca–, masacraron a seis personas en una cancha de basquetbol.

La Brigada Blanca se constituyó en 1973 para combatir a los grupos guerrilleros que operaban en diversas entidades del país, Guerrero principalmente, Chihuahua, Sinaloa, Nuevo León, estado de México y Distrito Federal. Estaba integrada por militares como Francisco Quiroz Hermosillo, Arturo Acosta Chaparro; los jefes de la Dirección Federal de seguridad Luis de la Barreda Moreno y Miguel Nazar Haro; jefes del servicio secreto y de la policía del Distrito Federal, como Francisco Sahagún Baca y Salomón Tanús.

Continúa la transcripción del diario La Jornada.

Reportan enfrentamiento entre militares y gavilla

La Brigada Blanca operaba en Guerrero en coordinación con el Ejército, y en lo sucedido el 24 de abril de 1973, inicialmente la Sedena reportó que las personas abatidas eran sembradores de amapola.

Sin embargo, un mensaje del área de inteligencia de la institución castrense, fechado el 25 de abril de 1973, y que fue desclasificado y ahora se localiza en el Archivo General de la Nación, revela: permítome informar virtud de haberse terminado operaciones en región Piloncillos, se da cuenta del movimiento de tropas hacia dos de los centros de operación de la guerrilla de Lucio Cabañas, El Paraíso y El Quemado, dos comunidades que también fueron asediadas por las fuerzas federales.

La Dirección Federal de Seguridad reportó que los militares y los hombres vestidos de civil llegaron al paraje Los Piloncillos al filo de las siete de la mañana, permanecieron tres horas en la comunidad serrana y acribillaron a los seis presuntos integrantes de la guerrilla en la cancha de basquetbol del poblado. A las 10 de la mañana se retiraron en dos camionetas y un jeep del Ejército.

 

3.- Testimonio del señor Adrián de Jesús Alquisira. Un habitante de El Edén, municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero.

En la comunidad de El Edén, municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero, vive don Adrián de Jesús Alquisira, quien nos cuenta que un día estaban comiendo guayabas, sentados en una piedra grande, él y su hermano Ruperto, cuando llegaron soldados del ejército mexicano y se llevaron a su hermano. Desde entonces jamás lo ha vuelto a ver. Su hermano se encuentra en el padrón de detenidos-desaparecidos en la Sierra de Atoyac de Álvarez, Guerrero, durante la denominada “Guerra sucia”.

el eden

El Edén se encuentra frente a dos cerros, uno es “Las tres tetas” y el otro El Tlacatepec. Su número de habitantes es mayor al de La Pintada, pero menor al de El Paraíso.

 

4.- El profesor Joaquín.

Un profesor de primaria en El Paraíso, a quien llamaremos el profesor Joaquín, cuenta que un día se encontró a un profesor que conoció en Chilpancingo. Iba vestido de campesino, pero ambos se saludaron al encontrarse. El profesor que vestía de campesino dijo al profesor Joaquín que había entrado al pueblo para comprar tortillas, pues había un equipo de guerrilleros encabezados por Lucio Cabañas en La Siberia y que se dirigían a El Edén. Nunca más se han vuelto a encontrar estos profesores.

 

5.- El señor Gelacio.

Lo entrevisté en su trabajo en la Ciudad de Chilpancingo, Guerrero, en una tarde lluviosa. Él cuenta que cuando era niño, a la edad de seis años, trabajó en la tienda de abarrotes de don Eufemio Ocampo, un señor nativo de Buena Vista de Cuellar, que tenía compra de café; además a su tienda de abarrotes llegaba “la valija” que era una bolsa de lona, parecida a las que usan en los deportes. Ahí llegaban las cartas y algunos objetos, mediante el servicio de correo. “Don Gela” dice que el miró en varias ocasiones como el señor Samuel Adame, seguidor de Genaro Vázquez, iba a recoger propaganda comunista.

Samuel Araujo fue muerto a tiros en El Arroyo Grande cuando intentó asesinar a un señor de El Paraíso, pero éste logró “ganarle la partida” a Samuel Adame, el guerrillero genarista, aunque ahí murió una niña de unos cinco años de edad, hija del señor de El Paraíso.

Fuentes de consulta:

  • Barela, Liliana, Mercedes Miguez y Luís García Condez. (2004). Apuntes sobre historia oral. Argentina: Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Consulta realizada en http://www.historiaoralargentina.org/attachments/article/APUNTES.pdf
  • Cabrera López, Patricia y Alba Teresa Estrada. (2012). Con las armas de la ficción. El imaginario novelesco de la guerrilla en México, volumen I. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Guillermo Bonfil Batalla. (1989) México profundo. Una civilización negada. México: Grijalbo-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
  • Tzvetan Todorov (2008). Los abusos de la memoria. Barcelona: Paidós.
468 ad

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *