Por una Latinoamerica libre

El pasado ahora, ¿para qué?

Una propuesta de la Memoria Vivida y Practicada para la reversión del modelo imperante

 

Aquiles Hervas Parra

  1. Introducción

 

Arrancaré con dos aclaraciones necesarias: primero las nociones aquí bosquejadas forman parte de un trabajo por realizarse como se diría en Filosofía una pretensión de verdad en su naciente y más inmaduro estado; y segundo el uso de algunos términos o categorías pueden cambiar en el futuro debido a mejores comprensiones semióticas o históricas. La intención de este ensayo busca esbozar un posible camino de las reflexiones teóricas alrededor de la notable crisis que vive la sociedad actual en el presente a la lumbre de nuestro pasado –parcial en todos los sentidos- con pretensión de otro futuro posible. Evidentemente lo dicho implica la obligación de justificar qué significa la parcialidad del pasado vivo en el presente y en qué forma de ejercer ese presente al cual denominaremos memoria practicada, misma que en poco o nada ha sido convertida en historia pero que persiste de forma inconsciente.

Es decir que la historiografía de la memoria practicada tal como se la pretende describir en este ensayo carece de trabajos de investigación y más aún de metodologías que las aborden con acierto. Eso no significa de ninguna manera que se desechen muchas de las aportaciones de varias de las corrientes que trabajaron la historiografía, Escuela de los Annales en dos de sus generaciones, la vigente propuesta de la Historia Total, discusiones propiamente latinoamericanas o estilos propios de la región al describir sus sucesos y algunas perspectivas eclécticas del marxismo o los valiosos elementos de lo producido para la memoria de los hechos, es decir la que mantiene vivos los recuerdos de épocas hostiles en muchos lugares del mundo.

La cuestión presente nos convoca a probar, o intentar hacerlo, que a manera de huellas, experiencia o acumulado generacional ese tiempo sin ser una forma de purismo cultural ha persistido de manera parcial, y que en esa persistencia se manifiesta en las personas cualquiera que sea su contexto a través de sus acciones cotidianas o prácticas concretas, así como en un cuerpo de valoraciones de la vida -otros llamarían valores- que no son precisamente son los que la sociedad capitalista moderna o moderno-capitalista han constituido y expandido en el globo. Estas memorias prácticas y valoraciones de la vida, dispersas, difusas, desnaturalizadas y en muchos casos perseguidas y atentadas en su subsistencia carecen de reconocimiento, y con esta palabra no se pretende referir a una instancia oficial de ese reconocimiento[1] , esa parte se la discutirá en la parte historiográfica, carecen del auto reconocimiento personal una inconsciencia de su vigencia y por ende no son validadas como tal (prácticas históricas), es más en muchos casos se piensa que no existen, que el sistema homogeneizador ha logrado anularlas por completo, vaciarnos de todo contenido, empequeñecernos hasta desaparecer en un sentido abstracto.

Está por demás decir que la intención central de este trabajo es lograr reconocernos como fruto histórico del tiempo, configurado tanto por un momento pre-capitalista como por el momento del contexto actual en el que nacemos nos desenvolvemos y vivimos. Finalmente este ensayo pretende también dejar abierta la posibilidad de que el futuro pueda verse afectado positivamente con el resultado de ese reconocimiento combinado con otras cuestiones como la educación, la mencionada historia, los hábitos, la Economía, el consumo, las relaciones sociales, la Política, el Estado y cualquier otra institución donde el pasado puede ejercer un efecto de(s)colonizador. Una especie de catálisis provocada por el encuentro de ejes de sentido y cosmovisiones conceptuales.

 

  1. Desarrollo

 

  1. Empequeñecimiento

Pretender describir al ser humano actual sin algunas discusiones teóricas lanzadas en varias épocas cercanas es un error. Requerimos mirar los discursos críticos tanto desde el hito que requerimos conectar por motivos étnico-culturales hasta los momentos más eminentemente industriales que dieron luz al fenómeno capitalista y se inmediata etapa instaurada. Iniciaremos por tanto, de forma inversa con un pequeño esbozo de algunos abordajes estrictamente occidentales –dentro de las corrientes críticas del sistema- para llegar a tomar la categoría de empequeñecimiento que mejor describe la intención del trabajo.

En el desarrollo teórico se han interpretado los resultados de la explotación capitalista en las formas de alienación[2] personal que vive el individuo en el marco de esa misma explotación. La versión más psiquiátrica expresada en Hegel o más antiguo el materialismo de Epicuro inspiraron la interpretación objetiva que planteó Marx asociando la idea de relación de expropiación material de lo que corresponde al trabajador como fruto de su trabajo con la noción de ajeno que se empieza a configurar en la percepción de existencia de ese trabajador, todo esto en conclusión a priori pero sustentada de condición de trabajadores que tienen las mayorías, es decir que la mediación del salario bajo y la expropiación de la plusvalía que el capital y su sujeto dominante el capitalista ejercen sobre el dueño de la mera fuerza laboral termina por tornan ajena o alejada esa apropiación inicial y con ello la desapropiación de un sentido consiguiente, como el mismo autor sentenciaría “cuanto más se sumerge el obrero en su trabajo más extraño se le vuelve el mundo y menos dueño es de sí mismo” (Marx, 2001). Asimismo se puede levantar los ojos de una mirada estrictamente salarial propia del sistema capitalista para profundizar las propuestas en los resultados culturales y del pensamiento que produce esta forma de relación expropiadora, Foucault[3] y Marcuse4[4] son una guía en ese sentido: el primero con la desaparición de las facultades el pensamiento que se asemeja a una alienación más mental que social, cuestión que se aleja de la búsqueda aquí establecida pero que permite el entendimiento de los efectos más profundos de lo ajeno y, el segundo refiere al enfoque esclavizador moderno del sistema capitalista, una alienación devenida de la cultura de medios de comunicación y el consumismo masificado dirigiéndose a lo que el mismo denominaría como “tecnificación cosificadora de la consciencia” (Marcuse, 2014). Es decir la pauta que procuramos encajar es la de las nuevas maneras de mutación que el capital ha encontrado en el tiempo y que distan de la versión tosca de la explotación inicialmente descrita para modificarse estéticamente en la actualidad.

Por ello otra propuesta teórica, y mucho más contemporánea a la actualidad, discutida con detenimiento en academias latinoamericanas en especial, es la del vaciamiento de Laclau, el autor argentino radicado en Europa describe con ello que el sistema capitalista actúa en el sujeto más allá del empobrecimiento material, en la medida que lo absorbe en términos sociales de relaciones productivas lo desprende de su subjetividad, al punto de vaciarlo, y de hecho requiere vaciarlo para poder poner en sí un contenido específico, Laclau plantea esta lectura más del plano político con el populismo, a vacío ideológico contenidos populistas “esto significa que esas imágenes, palabras, etcétera, mediante las cuales se lo reconoce, que otorgan a sucesivos contenidos concretos un sentido de continuidad temporal, funcionan exactamente lo que antes hemos denominado significantes vacíos” (Laclau, 2004), esa misma noción de significantes vacíos implementada en una explicación que más adelante veremos como memoria practicada puede antagonizarse con la hipótesis de este ensayo de que no estamos completamente vaciados de significado y que practicamos cotidianamente nuestro pasado en el presente, aunque lo hagamos de manera inconsciente.

Conceptos como el de hegemonía cultural de Gramsci o el criterio sobre la opinión publica de Habermas nos podrían servir también en esta perspectiva ya que estas categorías han logrado un acertado anclaje interpretativo de múltiples realidades en la evaluación del sujeto subalterno, dominado, explotado o trabajador. Sin embargo este trabajo pretende establecer un puente entre un pasado precapitalista -no exclusivamente étnico- y el presente inmediato, es decir el actuado. Busco una categoría denominativa es decir una expresión significante que demuestre la situación de los sujetos coloniales en muchas de sus manifestaciones, entre ellas la colonial moderna, para representar la vigencia de la explotación anterior a los modernos Estados Nación en América Latina en el contexto actual de relativas libertades y como eso puede pensarse en un posible programa de(s)colonizador de esas poblaciones sujeto de explotación en cualquiera de sus formas materiales y culturales.

Para ello una socióloga y activista aimara boliviana Silvia Rivera Cusicangui hace poco tiempo inició la interpretación de un conjunto de obras pictóricas del cronista peruano Felipe Waman Puma de Ayala, el cual a inicios del siglo XVII dibujó varias obras a tinta en las que representaba los abusos de la colonia española en territorio americano contra los indígenas de la zona. Así además podemos salir de las limitaciones que nos produce la situación colonial del lenguaje en el punto de partida de los significados y significantes que da una palabra impuesta en un lugar con contextos diferentes, cosa que podría, sin poder asegurarlo poder ser superada por la imagen “en una situación colonial lo -no dicho- es lo que más significa, las palabras encubren más que revelan y el lenguaje simbólico toma la escena” (Rivera, 2014).

Entre estas interpretaciones de la autora tomo una de ellas sobre la Obra del Corregimiento, en la cual se puede observar a varios allegados y serviciales del poder comiendo y bebiendo en abundancia mientras el personaje de primer plano recoge los restos, no se trata de un niño por su tamaño ya que si se hiciese una comparación los sentados están dibujados con un porte desproporcionado, más bien es un indio adulto. Aquí hay una noción de la opresión mirada desde la conceptualización indígena de opresión, “En lengua aymara y quichwa no existen palabras como opresión o explotación, ambas ideas se resumen en la noción (aymara) de jisk’achasiña o jisk’achaña, empequeñecimiento, que se asocia a la condición humillante de la servidumbre” (Rivera, 2014).

Siendo esta noción más aplicable como categoría explicativa de la cuestión pasado presente, objeto del ensayo, debemos contextualizarla. El discurso actual del sistema moderno capitalista en su versión más política, construido desde todas las formas antagónicas al sistema feudal y los absolutismos anteriores, se consolidaron en un plano simbólico en la Revolución Francesa planteando a la igualdad, libertad y confraternidad como bases de la convivencia social. Paradójicamente esas bases no tienen vigencia a la actualidad y más aún no guardan coherencia con la situación real de los sociedades actuales y la condición de sus individuos, más aún en el caso de Latinoamérica en donde ni somos relativamente iguales por la extrema desigualdad en cada uno de las naciones entre sus estratos económico poblacionales, cuestión que nos aleja de la fraternidad y además mantiene vigente formas modernas de colonialidad que nos quitan a priori el estado de libertad. “Si bien los procesos de independencia enfrentaron el colonialismo interno, posibilitaron la continuidad de la colonialidad, de una matriz colonial-imperial de poder que opera con el objetivo de lograr el control absoluto de la vida, de lo político, de lo económico, de la naturaleza, de la espiritualidad y de la cultura, pero sobre todo, con el fin de controlar los saberes, las subjetividades, los imaginarios y los cuerpos, así como las afectividades” (Guerrero, 2010).

Ante esta situación cabe preguntarse, la colonialidad y desigualdad vigente ¿nos ha desaparecido? En la línea de la metáfora gráfica de Waman Puma es evidente que no, podremos encontrarnos en una situación de reducción, empequeñecimiento, intento por homogeneizar la subjetividad y la cultura, pero, subsiste un conjunto de prácticas inconscientes en el tiempo que dan muestra y señal que un “algo” no sustancial ni esencial sino practicado y concreto subsiste hoy desde el pasado.

 

Memoria Practicada e Historia

 

Intentar establecer una categoría nueva o para que suene menos presuntuoso -esquematizada de una manera novedosa-, requerimos establecer algunos puntos de inflexión que sin lugar a dudas nos llevarán a abrir un sendero heurístico, de esta discusión pueden salir otros esquemas, categorías y refutaciones, que todos juntos nos pueden llevar de hecho a otros caminos de la reflexión social e histórica.

Al hablar de memoria debemos remitirnos en este sentido propuesto exclusiva y estrictamente a la acción ejercida por los sujetos de una comunidad humana determinada de un conjunto de actividades culturalmente determinadas en el pasado, y, cuando nos referimos al pasado delimitamos en el tiempo lo que denominaremos como –precapitalismo-. Este concepto puede objetarse a diversas cronologías en el tiempo, es decir en la consciencia de que el capitalismo no se consolida en la misma etapa en Europa que en América, y que de hecho en muchos lugares del mundo aún no llega a sus momentos más maduros[5] , se trata de plantear un imaginario común de los mundos dentro del globo que de una u otra manera practicaban modos de vida anteriores a los ahora expandidos con el mercado capitalista y la cultura moderna europea o anglosajona.

Es necesario aclarar que la referencia al pasado, más aún si se trata de uno étnico o cultural, no lleva implícita la idea de defender formas esencialistas, puristas o dogmáticas de los sujetos de ese pasado. Hoy, si bien es cierto muchos sujetos que en sus comunidades han perdurado en nombre de la diversidad como en un aparente estado intacto, son sujetos que forman parte de espacios culturales de múltiples adaptaciones, influencia y transformación, todo ello fruto de las relaciones sociales, tanto productivas en términos marxistas como difusionistas en términos antropológico-historicistas. Quien defienda una idea de esencia pura contradiría dos y cuestiones claves: una, las culturas ceden y entregan parte de sí en el contacto, más aún si es de dominación, y dos, el hecho de ser pre capitalistas no vuelve a una cultura armónica o idílica, también hubieron fenómenos drásticos de abuso entre unos y otros alrededor de sus intereses y creencias (patriarcado, etnocidios internos, colonialismos previos, entre otros).

Por ello al interesarnos en la memoria practicada no se puede mirar el pasado cultural-étnico con ojos míticos y esperanzadores de encontrar claves antiguas para una especie de salvación, se trata más bien de “ver a la memoria como una fuente para la historia, incorporando el factor subjetivo y experiencia humana para la construcción del conocimiento, pero sin confiar ciegamente en lo que se dice o escucha” (Bravo, 2015), a lo cual es propicio agregar que además de una fuente para la historia es una fuente para encontrarle sentidos a la vida presente, su reproducción y la reapertura de la discusión por las verdades sucesivas, en el fondo pretensiones de verdad[6] , siendo eso materia de otro ensayo.

La memoria tiene varias definiciones, la mayoría de ellas asociadas a la perdurabilidad del recuerdo de sucesos dolorosos que no pueden ser olvidados, no mientras exista impunidad vigente o la justicia pendiente. También está definida en el ejercicio del testimonio de una persona sobre sucesos que no se han registrado en la historia oficial o no oficial, y de esto surge otro uso de la memoria, como la construcción de los mitos nacionales, héroes, eventos y gestas que ratifican la fuerza de la nación. Pero para fines de este documento definiremos de una manera más amplia a la memoria, como una percepción del pasado compartida por una comunidad en el momento presente, y esa percepción traducida también es práctica, es decir la acción o puesta en ejecución de rasgos del pasado en el presente. Esta práctica puede tener consciencia de provenir del pasado o no, es decir es memoria practicada que puede ser consciente o inconsciente en sus sujetos como una forma de experiencia acumulada, transformada, en cierta manera mutada culturalmente, pero en todos los casos vivida.

“Dado que se apoya en la experiencia vivida, la memoria es eminentemente subjetiva… se modifica cada día a causa del olvido que nos amenaza, para reaparecer más tarde, a veces mucho más tarde, tejida de una manera distinta a aquella del primer recuerdo” (Traverso, 2007). Es aquí donde marcamos distancia con la cuestión radicalmente étnica; las comunidades pre capitalistas americanas[7] son quizá la mejor representación de la persistencia de la memoria ancestral en el ejercicio de costumbres, ritos, creencias u otras manifestaciones culturales, y, la investigación del pasado como práctica en el presente puede priorizarse en ese espacio. Sin embargo en otro espacio, el de los mestizos, el de los que conviven al ras de la modernidad capitalistas, principalmente los citadinos de la urbe que se desenvuelven alrededor del mercado de consumo también nuestra mirada y búsqueda de alteridad se dirige, posiblemente con más interés aún para probar esta idea de la memoria practicada.

La distinción establecida por Walter Benjamin nos atrae en este sentido “experiencia transmitida (Erfabrung) y la experiencia vivida (Erlebnis), la primera se perpetúa casi naturalmente de una generación a otra y va forjando las identidades de los grupos y de las sociedades en la larga duración; la segunda es un rasgo típico de la modernidad, es una vivencia individua, frágil, volátil, efímera” (Traverso, 2007) pero no muerta, ha perdurado en el tiempo ante todas las arremetidas de la aculturación[8] y más bien ante ello ha subsistido con formas de endoculturación[9] por usar un término que logre identificar a la transmisión generacional de prácticas que provenientes del pasado pre capitalista se ejercen en medio de la modernidad capitalista, como habíamos mencionado ya, de forma consciente o inconsciente.

La tesis XIV de Walter Benjamin también nos permite seguir una pauta explicativa de la categoría, entre otras cosas manifiesta “La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, sino el que está lleno de “tiempo del ahora” *jetztzeit]. Así, para Robespierre, la antigua Roma era un pasado cargado de “tiempo del ahora”, que él hacía saltar del continuum de la historia” (Benjamín, 2009), el tiempo del ahora acarrea un acumulado histórico, el continuum no vacío y repleto de un sentido que al no estar consciente tiene sin sentido momentáneo, o extendido mientras no se contacte con otra fuerza que le entregue ese sentido en el presente.

Insistimos las etnias reflejan de manera más evidente, pero no son las únicas. En el pasado pre capitalista y pensando sobre todo en lo anterior a la ciudad como espacio del consumismo capitalista por excelencia, los campesinos europeos apenas llevan siglo y medio de urbanización:

fuera de algunas florecientes zonas industriales o comerciales, difícilmente encontraríamos un gran país europeo en el que por lo menos cuatro de cada cinco de sus habitantes no fueran campesinos. Hasta en la propia Inglaterra la población urbana sólo superó por primera vez a la rural en 1851. La palabra -urbana- es ambigua, desde luego (Hobsbawm, 2011).

Los pueblos germanos, anglos o cualquier otra forma étnica europea mantenía en su seno ejercicios pre capitalistas que presumimos no han muerto a pesar de que no se tenga sujetos que persistan como tales. Pero más que eso la dimensión espacial campo-urbe, remota una forma de vida anterior al capitalismo madurado que hoy ha emergido en su forma más notoria, la del mercado de consumo.

Un reto para la Historiografía

 

Bien pero qué nos interesa del pasado, es decir, este hilo conductor se puede ir confundiendo con la errada idea de pretensión de retorno al pasado y a muchas de sus versiones más dolorosas[10]. No es así, lo que nos interesa del pasado es todo aquello que pueda configurarse como antagónico al capitalismo avasallador, todo aquello que permitiese la reproducción de la vida (humana y ecológica) en los términos que explicaría Fraz Hinkelammert:

“El Ser Humano, en cuanto que sujeto corporal, natural, viviente; se enfrenta en primer término a un ámbito de necesidades. Siendo el hombre un ser natural, esto es, parte integrante de la Naturaleza, no puede colocarse por encima de las leyes naturales, leyes que determinan la existencia de necesidades humanas más allá de las simples “preferencias” (gustos) de la teoría económica neoclásica” (Hinkelammert, 2008)

Es decir un encuentro del pasado y presente mediado por la consciencia de ese pasado. La cual puede ser asumida mediante la escritura y reflexión de ese pasado, para lo cual la historia en general y la historiografía en particular asumen un reto, el de un rol comprometido con esa forma específica de reproducción de la vida, se trata de un reto ético y político, con principios orientadores y necesariamente metodológicos, “hay que atreverse a revalorar el presente mediante la historia, involucrar el presente y el futuro teñido de un gran proyecto de transformación” (Bravo, 2015).

La historiografía ha desarrollado varias corrientes en su propia historia, tanto en el seno de las discusiones europeas como de las versiones más regionales de América Latina, autores preocupados por cómo, por qué y para qué se escribe historia entregaron metodologías y orientaciones que pretenden responder esas cuestiones. ¿Historia para qué? Se preguntaban en la década de los ochenta un grupo de intelectuales y así respondía uno de ellos:

Si para los poderosos la reconstrucción del pasado ha sido un instrumento de dominación indispensable, para los oprimidos y perseguidos el pasado ha servido como memoria de su identidad y como fuerza emotiva que mantiene vivas sus aspiraciones de independencia y liberación (Florescano, 1980).

Pasa la memoria practicada a convertirse en una de las preocupaciones de a historiografía, no en la escritura detallada post investigación de los actos cotidianos del pasado que se practican en el pasado, sino en todo el sentido que tenían en ese pasado y los pudieren tener ahora. En la línea de los planteamientos de los seguidores de la Historia Total[11] además de ampliar los enfoques económicos y sociológicos se convertiría a la Antropología en una de las líneas de la pretensión de totalidad, un entendimiento de las formas de relación del ser humano precapitalista con los demás seres, con la naturaleza y consigo mismo; el relato con sentido de esa relación para ser puesta en contacto con el ser humano presente, que, aunque capitalista o dentro del sistema capitalista mantiene acciones practicadas antagónicas al sistema, “el peligro de este tipo de estudio radica en la tentación de aislar el fenómeno de la crisis declarada del contexto más amplio de una sociedad que vive un proceso de transformación” (Hobsbawm, 1998).

Sin embargo al quedarse tan solo como memoria y no convertirse en instrumentos de propagación como la historia, tienen explicación y validez para quien porta esa memoria practicada de manera consciente y no para quien lo hace de manera inconsciente, por lo cual carece también de sentido cuando no está contrastada con el pasado y la valoración de la vida de esa práctica en ese pasado, “tanto en el caso de los grupos como en el de las personas, la memoria no registra, sino que construye” (Vilar, 1999). De la misma manera no tiene ningún sentido para quien ni siquiera porta esa memoria practicada, es decir quien en algún hito generacional dejó de practicar determinadas acciones previas al advenimiento del modelo capitalista.

Los hechos que se concentran en un núcleo de valoración de la vida pre-capitalista demandan ser explicados como un todo, no anulador de las diversidades, sino como un conjunto de principios orientadores “No bastaba ya conocer los hechos y describirlos; era necesario también comprender el sentido del desarrollo humano” (Florescano, 1980). De lo contrario se establecería una especie de anecdotismo que no siembra en la tierra fértil que avizoramos sino solamente sirve para la admiración, exaltación o mirada nostálgica del pasado añorado. Siguiendo a uno de los referentes de los Annales:

No puede haber conocimiento auténtico que no pueda desembocar en certidumbres formuladas bajo el aspecto de leyes imperiosamente universales por medio de demostraciones irrefutables” (Bloch, 1952).

Las motivaciones más contundentes para escribir historia en general siguen siendo los problemas del presente y la utopía-ucronía[12] en el futuro. Esta realidad social responsiva y prospectiva ante la crisis y en favor de la esperanza son el motor vigente de la mayoría de historiadores, los cuales a nuestro juicio tan solo deben amplificar y de cierta manera priorizar los temas de sus investigaciones, La preocupación constructiva de Pierre Vilar manifiesta “elegir determinado tipo de hechos, confrontarlos y buscar las correlaciones, con el fin de resolver un problema planteado por el pasado humano (problema económico, social, institucional, espiritual o toda compleja combinación de estos problemas)” (Vilar, 1999), a lo cual agregaría solamente por el presente humano.

¿Qué pasado escoger y cual discriminar? En este sentido se podría discutir en el plano del pensamiento ciertos principios de mediación o demarcación que guiados por una reflexión ética sepan guiar la acción revitalizadora historiográfica del pasado. Como se manifestó la reproducción de la vida puede ser la ética de guía, pero no bastaría con tal declaración sin definir aquellos criterios que esquematicen un programa historiográfico con cabeza y cuerpo sólidos. Este reto puede además ser ampliado a varias esferas de lo social como la educación, opinión pública, epistemología de las ciencias sociales, entre otras, empero, el ámbito de la memoria nos conmina a mirar con detenimiento la -construcción historiográfica de esa memoria- como aspecto transversal a otras dimensiones sociales.

Bibliografía

Benjamín, W. (2009). Tesis sobre el concepto de Historia. México: Círculo de Poesía.

Bravo, V. (2015). Clase de Historia e Historiografía de América Latina, Maestría de Estudios Latinoamericanos, Primer Semestre. Distrito Federal: UNAM.

Guerrero, P. (2010). Corazonar el Sentido de las Epistemologías dominantes desde las sabidurías insurgentes, para construir sentidos otros de la existencia. Quito: Abya Yala.

Hobsbawm, E. (2011). La era de la Revolución. Barcelona-España: Planeta.

Laclau, E. (2004). Razón Populista. México Distrito Federal: Fondo de Cultura Económica.

Marcuse, H. (2014). El Hombre Unidimensional. España: Ariel.

Marx, K. (2001). Manuscritos Económicos y Filosóficos 1844. Biblioteca Virtual Espartaco.

Rivera, S. (2014). Hambre de Huelga. Estado de México: La Mirada Salvaje.

Traverso, E. (2007). Historia y Memoria. Buenos Aires-Argentina: Paidos.

[1] No se refiere a alguna legalidad de la administración pública, sino más bien a un ejercicio personal de auto consciencia que lleve a reconocer su utilización.

[2] Véase los trabajos tradicionales marxistas que explican la alienación, en particular los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844.

[3] Ver más en “El Sentido Histórico de la Alienación Mental”, capítulo V de –Enfermedad Mental y Personalidad de Michael Foucualt.

[4] Ver más en el Hombre Unidimensional de Herbert Marcuse.

[5] Por ejemplo en muchos Estados de Medio Oriente, así como varios países africanos.

[6] Ver la obra Verdad y Método de Hans George Gadamer.

[7] Su nombre propio en lengua originaria sería el Abya Yala en vez de América Latina.

[8] Proceso de recepción de otra cultura y de adaptación a ella, en especial con pérdida de la cultura propia. Se puede revisar para entender más contextualmente el término los trabajos elaborados por Boas y Mc Gee, discriminando de este segundo las desacertadas propuestas de culturas superiores e inferiores.

[9] La endoculturación o enculturación, es el proceso por el cual la generación más antigua transmite sus formas de pensar, conocimientos, costumbres y reglas a la generación más joven.

[10] Esclavismo, Feudalismo, Monarquías, control de la vida en la moral divina, entre muchas otras cosas.

[11] La Historia total es la intención de efectuar Historiografía de manera holística superando el escrito de los hechos o acontecimientos e insista a incluir a la historia económica y social poniendo el protagonismo de la historia en la humanidad entera. Uno de sus principales exponentes fue Piere Vilar.

[12] Ucronía equivale a Utopía con tiempo y espacio, una forma relativamente más pragmática de esperanza.

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