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La Escuela Industrial España-México de 1937 a 1940

La estancia en la Escuela Industrial España-México de 1937 a 1940, a través de los testimonios de sus antiguos residentes, los niños de Morelia

Por: Sinuhé Hernández Hernández

“Jóvenes o viejos, todos seguimos siendo niños de Morelia.

A todos los que llegamos aquí nos dejó marcados esta ciudad.”

Martina Benedet Gironés.

 

Introducción.

El presente escrito pretende realizar una breve investigación sobre la vida cotidiana de los niños españoles exiliados durante su estancia en la Escuela Industrial España-México en el periodo que abarcó de 1937 a 1940. Para lograr esta concisa reconstrucción se recurrió a tres entrevistas realizadas por el escritor Juan Pablo Villaseñor a un grupo de niños españoles, que para ese entonces habían pasado 65 años desde su llegada a Morelia.

Las entrevistas se encuentran publicadas en el libro 23, 296 días después. Los niños de Morelia, la obra está compuesta por un total de seis entrevistas. A través de la revisión pertinente considero preciso realizar una selección entre las entrevistas que me permita cumplir con los objetivos planteados en la presente investigación. Los testimonios aquí expuestos son: Martina Benedet Gironés, Acacio González Perujo y Vicente Carrión Fos quienes pertenecieron a los niños de Morelia y estuvieron en la escuela durante el periodo establecido. Además, representan casos diferentes entre sí, pues a pesar de que radicaron juntos y recibieron la misma instrucción, al final sus vidas tomaron caminos completamente distintos.

Para acercarse al objetivo principal, será necesario también elaborar una breve reflexión sobre la opinión que desarrollaron los entrevistados después de vivir, prácticamente, toda su vida en México. Segundo, conocer y explicar la labor de la diplomacia mexicana y el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español para traer a un grupo de 500 niños desde su tierra natal a suelo mexicano, permitiendo así, entender qué interés o beneficios pudo obtener el gobierno representado por el general Lázaro Cárdenas del Río al respaldar dicha decisión y, por último, realizar una comparación entre lo que propusieron las autoridades nacionales para el cuidado de los niños en contraste con los testimonios de ellos mismos.

La propuesta del modelo educativo que el gobierno mexicano propuso puede leerse en la obra, La vida de los niños iberos en la patria de Lázaro Cárdenas: treinta relatos, de Roberto Reyes Pérez, quien fue director de la escuela entre 1937 a 1940, y que además, fue uno de los actores intelectuales que participó en la elaboración de dicho proyecto. Su obra tiene por eje central mostrar “una idea, las más exacta posible, sobre la vida de los niños españoles en la patria de Lázaro Cárdenas.”[1] Sin embargo, el libro se entiende como una apología a las acciones emprendidas por él y el gobierno mexicano ante la crítica de la prensa conservadora quien fue la principal oposición en la decisión de traer a los refugiados españoles y la educación que se les proporcionó.

La llegada de un grupo de infantes a suelo mexicano fue producto de la decisión y apoyo del gobierno mexicano de Cárdenas que brindó a un grupo de particulares interesados por el bienestar de los pequeños españoles. Claro, también por la gestión del gobierno español que creyó necesario albergar a los niños fuera del país mientras terminaba la desastrosa Guerra Civil. No obstante, el triunfo del gobierno que los envió a México no fue posible, así que, los niños tuvieron que desarrollarse en la patria que los acogió, lejos de sus padres y de su tierra natal. Retomando la propuesta de la historiadora Dolores Pla: “la historia de los refugiados españoles no termina con su llegada, sino que justamente empieza con ella.”[2]

La diplomacia mexicana ante la Guerra Civil Española.

La Guerra Civil Española estalló el día 17 de julio de 1936 con la sublevación del ejército español. Sin  embargo, este acontecimiento es más complejo de lo que parece, ya que desde inicios del siglo XX el sistema político de España entró en una severa crisis, que llegó a sus momentos más críticos con el golpe de Estado, y que ante la inestabilidad de la Republica española no le permitió sofocar, lo antes posible, la rebelión militar, provocando así el desarrollo de una catastrófica guerra interna que desembocó en la instauración de una dictadura militar.[3]

Asimismo durante la guerra civil, la Republica se enfrentó a otro problema: los rebeldes consiguieron el apoyo internacional de Italia y Alemania con material bélico y militar, mientras que el gobierno oficial, fue víctima de la neutralidad y la no intervención, que declararon las democracias europeas, que se supondría, tenían la obligación de ayudar a otro gobierno democrático. Es en ese momento que la guerra en España se volvió un problema internacional. Los principales países europeos involucrados, fueron: Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y la URSS, quienes decidieron en un principio mantenerse neutrales al conflicto español, por lo cual fundaron el Comité de Londres o de la No Intervención, el cual implantó un embargo comercial a España, prohibiendo la venta de armas.

Ante la pasividad de las potencia internacionales, la diplomacia española recurrió a la Sociedad de las Naciones con el objetivo de retirar el embargo y denunciar la intervención de los gobiernos de Hitler y Mussolini. Es aquí, donde la causa española apareció en la agenda internacional del gobierno mexicano, que formó parte de la Liga, y pugnó por apoyar a la Republica y desprestigiar al Comité que, “bajo los términos ‘no intervención’ se escudan ahora determinadas naciones de Europa, para no ayudar al Gobierno español legítimamente constituido.”[4]

A pesar de que “la política exterior mexicana había sido concebida desde la esencia de un nacionalismo revolucionario, afín a principios como el respeto a la soberanía nacional, la libre autodeterminación de los pueblos o la defensa del principio de no intervención.”[5] México se manifestó en contra de éste último, aunque, en ese momento pareció una actitud contradictoria. Pero el gobierno de Cárdenas tuvo sus razones, las cuales fueron que no se podía ser neutral ante el problema de España, que el pacto en Londres debería quedar anulado por la ayuda que estaban recibiendo los rebeldes y, además, España al ser miembro de la Sociedad tenía el derecho a recibir ayuda debido a que era un ataque al gobierno legal.[6]

Paralelamente a esto, se crearon organizaciones internacionales promovidas por particulares que comenzaron a preocuparse por la población española, en especial por los niños. Por su parte el propio gobierno de la República se planteó “el problema de la población infantil y qué hacer con ella durante la guerra,”[7] llegando a la conclusión de que lo mejor era enviarlos fuera del país. Así pues, en México se unieron las autoridades oficiales, los sindicatos y los particulares, que gracias a esta cooperación, fue posible fundar el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español, que conmovidos por las imágenes de violencia que sufrieron los niños buscaron una manera de apoyarlos.

Lo interesante de la iniciativa de crear un Comité mexicano es que fue promovido en su mayoría por un grupo de mujeres mexicanas. El comité de honor estuvo conformado por la esposa de Lázaro Cárdenas, Amalia Solórzano de Cárdenas, la esposa del Secretario de Educación, Carmela Gil de Vázquez Vela y la esposa del Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Matilde Rodríguez Cabo de Múgica. La presidente y verdadera responsable del mismo era María de los Ángeles Chávez Orozco, esposa del subsecretario de Educación.[8] Este grupo de damas no estuvo afiliado a una institución o asociación con algún tipo de ideología política en concreto, no obstante, es evidente que por ser las esposas de autoridades importantes del gobierno mexicano, representaban el proyecto oficial aunado a su interés por socorrer a los pequeños españoles de la tragedia.

Hasta el mismo Cárdenas reconoció que: “La traída a México de los niños españoles huérfanos, no fue iniciativa del suscrito […] Fue de un grupo de damas mexicanas que entienden cómo debe hacerse patria y que consideraron que el esfuerzo que debería hacer México para aliviar la situación de millares de huérfanos no debía detenerse ante las dificultades que se presentasen.”[9] Por lo tanto, para finales del año de 1936 el Comité recibió una petición del Comité Iberoamericano de Ayuda al Pueblo Español, para dar asilo a 500 niños. La solicitud a su vez fue turnada al presidente Cárdenas quien aceptó la custodia de los futuros niños de Morelia.

Aquí cabría preguntarnos, qué beneficios tendría el exilio de los niños españoles; el principal y el más claro, fue el salvaguardar sus vidas. Pero para el gobierno de la Republica española, esta medida tuvo otro objetivo, mostrar al mundo la tragedia que estaba sucediendo al interior y los daños que ocasionaba la neutralidad del Comité de Londres. En este tipo de propaganda México también ayudó, y es que cuando se aceptó dar asilo a los niños, se dijo que eran huérfanos “cuyos padres habían muerto en las garras del fascismo,”[10] tratando así, de conmover a la opinión pública.

En cuanto a México, no hay duda, que la solidaridad internacional mostrada por su gobierno fue de las principales causas que orillaron en socorrer al gobierno oficial de España. Y es que, el golpe de Estado de 1936 coincidía con un problema que sufrió México en el año de 1913, no por nada, Reyes Pérez comentó que “involuntariamente evocamos la tenebrosa sombra de Victoriano Huerta.”[11] Sin embargo, esta coyuntura internacional fue aprovechada por parte de las autoridades mexicanas en su beneficio, por ejemplo, en el plano nacional, la llegada de los niños españoles, permitieron llevar a cabo el proyecto de la educación socialista.

De igual manera, en el ámbito internacional se buscó incursionar en los foros internacionales y promover el proyecto revolucionario. Por ejemplo, durante los debates en la Sociedad de las Naciones se acusó que la intervención de Italia y Alemania estaba violando la soberanía de la Republica española, al contrario, México no solamente defendió la soberanía de España sino que aprovechó la situación para reafirmar la suya. Esta política preventiva encontraba su lógica en la ofensiva retomada por el gobierno cardenista de cara a nacionalizar la actividad de las empresas petroleras extranjeras en el país.[12]

Finalmente, una noche de fines de mayo de 1937 se reunieron en Barcelona los niños que debían viajar a México, acompañados por un grupo formado de 13 maestros, 3 enfermeras y un doctor; abordaron, los que después serían los niños de Morelia, un tren que habría de llevarlos a Burdeos. En dicha ciudad los esperaba el vapor Mexique. Curiosa coincidencia del nombre del barco y del país de destino. A casi un año de iniciada la Guerra Civil, un grupo de 500 niños partió de su país natal rumbo a Veracruz, México.[13]

n día en la Escuela España-México de Morelia.

El barco desembarcó el 6 de junio de 1937 en el puerto de Veracruz, una vez ahí, el grupo de niños fue dirigido a un tren que partería hacia la capital y, posteriormente, llegar a su destino, Morelia. En aquel grupo llegaron nuestros tres informantes: Martina Benedet Gironés con siete años de edad y acompañada por sus tres hermanos, Acacio González Perujo con tan sólo 13 años procedente de Barcelona y Vicente Carrión Fos con 12 años de edad originario de Valencia.

El primer día que pisaron tierra mexicana los niños fueron testigos de la presencia de bastante gente que se reunió en el lugar para recibirlos con aprecio y regalos. Para los pequeños españoles fue impresionante la multitud de gente reunida, en ese momento las tristezas se olvidaron por un instante y el malestar de un largo viaje paso por desapercibido, ya que su atención se centró en los regalos que recibieron y por el paisaje que les ofreció una tierra desconocida, como se puede percibir en los testimonios.

Asimismo coinciden en que su llegada fue un impacto para ellos, que su estado de ánimo fue en un momento triste y en otro alegre, en particular para Martina:

Era muy impresionante porque había muchísima gente, todo estaba lleno de gente y todo el mundo nos daba dulces, frutos, nos tocaba. A mí me impresionó mucho Veracruz… Y ya que nos subieron al tren la gente se pegaba en las ventanillas y nos aventaban bolsas de galletas. En la ciudad de México también había mucha gente. Y Morelia también estaba repleta de gente. A mí me impresiono ver tanta gente, ¿por qué tanta gente? Yo nunca había visto tanta gente.[14]

Ante esta primera experiencia en México, Martina se preguntaba, por qué había tanta gente. Es claro, que no los recibió todo la comunidad de Veracruz o posteriormente la de Morelia, que quizá, la gente que ahí se reunió fue por el simple motivo de la curiosidad y otra tanta, miembros de diversos sindicatos. Aunque, efectivamente la euforia fue sentida por parte de los mexicanos pero era, sin duda, estimulada por el gobierno.[15] No obstante, para los niños fue una expresión de total afecto que los marcó para el resto de sus vidas.

Al mismo tiempo de la impresión que les dejó el primer contacto con México, también representó un momento de familiaridad como recuerda Carrión, porque después de una breve estancia en Francia llegaron a un país con variadas similitudes, por ejemplo, la lengua:

La llegada a Veracruz fue un cambio muy grande. Llegamos con gente que nos hablaba en español, no en francés, ¿verdad? y, además de todo eso, teníamos la cosa del afecto, el cariño, las manifestaciones de gusto por recibirnos de la gente mexicana.[16]

A pesar de la popularidad tan rápida que lograron obtener desde antes de su llegada y después de ella, igualmente llegó la impopularidad, sobre todo, en Morelia, donde en bastantes ocasiones recibieron insultos de niños morelianos o de la población en general, motivados por su presencia, por quitarle el alimento a la infancia mexicana y, en especial, por las travesuras que llegaron a hacer los pequeños españoles durante su estancia.

Así pues, los problemas del viaje y su estadía en México comenzaron pronto. Si no bastaba con la desgracia de la guerra, la hambruna y la separación con sus padres, durante el transcurso del viaje sufrieron dos problemas: las condiciones que sobrelleva un viaje marítimo y el mal cuidado por parte de los encargados de vigilar a los niños. Aunque, para otros niños la experiencia fue más divertida que trágica, ese fue el caso de Martina, tal como se muestra a continuación:

El viaje fue divertido para mí, porque ¡Había muchos niños para jugar! Estábamos todo el día con las cuerdas del barco brincando. Sin embargo, recuerdo en los primeros días mucho mareo. Una vez mi hermana me estaba bañando en una tina y el agua se movía de un lado para a otro y yo me volteaba fuera de la tina para vomitar. Pero después, cuando me compuse, me dediqué a jugar. Con tantos niños no había tiempo para aburrirse ni para pensar otras cosas. Sí, extrañaba uno a sus padres y eso, pero estábamos muy entretenidos. Cuando eres niño, mientras hay juego no te acuerdas ni de comer ni de nada, hay juego, simplemente.[17]

Empero, los recuerdos negativos también están presentes, en este caso comentó Acacio, sobre las condiciones en las que llegaron: “Teníamos un poco de anemia y muchos parásitos, piojos sobre todo, pero nuestra enfermedad era más bien la tristeza. Por cierto, se ha dicho muchas veces que éramos huérfanos: eso es mentira.”[18] El propio Acacio recuerda esta aseveración de las autoridades, el manifestar la tragedia de los niños, quienes, según, eran huérfanos por la tragedia española.

Podría decirse que los niños más grandes, recuerdan con nostalgia la separación con sus padres y las condiciones de su nueva vida, de manera contraria, a los más pequeños que muchas veces desconocían lo que sucedía, pues algunos creyeron que se trataba de un viaje de vacaciones, y aún los más pequeños, con edades de los 3 a los 5 años eran incapaces de reflexionar lo que estaba pasando.

En estas condiciones y con las primeras experiencias, llegaron el 7 de junio de 1937 a la Escuela Industrial España-México[19], que de manera apresurada se acondicionó el lugar para recibir a los niños españoles. Los Escuela estuvo formada por dos viejos caserones expropiados al clero. Antiguos seminarios anexos a sendas iglesias: la del salesiano y la de San Juan separados entre sí unos quinientos metros. En el salesiano estuvieron los niños, sus dormitorios y sus talleres; en el San Juan los demás servicios, la dirección, la enfermería, los dormitorios de las niñas, el comedor, el almacén y las aulas escolares.[20]

Asimismo, se preparó el proyecto de instrucción que tendría la escuela, el cual debía ser estrictamente un modelo de educación socialista, como comentó su director Roberto Reyes Pérez en el año de 1940: “Corresponde a la Escuela ‘España México’, al primer ensayo de organización educativa estrictamente socialista, que dentro de un régimen demócrata-capitalista, llega a feliz término en América.”[21] Cabe mencionar que dicho proyecto se elaboró en dos etapas debido a que el propio Reyes, fue separado del cargo un breve tiempo, así que, hasta su regreso se continuó con la labor.

Las autoridades del gobierno defendieron que la educación en el internado fue de carácter socialista, pues en la década de los treinta retomó fuerza esta doctrina debido al crack de 1929. “Las contradicciones engendradas por el capitalismo, inclinaron la balanza hacia el socialismo e hicieron volver los ojos hacia el floreciente desarrollo industrial de la Rusia soviética.”[22] A consecuencia de esto el gobierno mexicano se preparó para el nuevo orden social, así que fue reformado el artículo 3° de la Constitución. Sin embargo, para el gobierno y para los maestros a veces no se entendió que era el socialismo científico lo que dificultó llevarlo a la práctica.

En la propuesta del modelo educativo cardenista para el internado, la educación socialista se traducía a la enseñanza de un oficio técnico, de ahí el nombre de Escuela Industrial, al mismo tiempo debería crear una conciencia de clase. Para lograrlo, los textos escolares cardenistas, “fundamentalmente intentaban dar a conocer los principales acontecimientos y problemas de la vida del país y crear entre los trabajadores conciencia de clase y espíritu de solidaridad internacional.”[23] Este tipo de educación fue el que se intentó facilitar a los niños de Morelia.

            La primera etapa, del plan de trabajo se planteó dos objetivos; el primero era recuperar y mantener el orden dentro del lugar; y el segundo, suministrar de servicios básicos a los niños dándoles alimentación, cuidados médicos, un hogar y educación. Pero el interés se centró en mantener el orden del lugar, debido a que la opinión pública era negativa al trabajo de las autoridades, ya que no eran capaces de cuidar a los niños.[24] Por ejemplo, se escaparon de la escuela frecuentemente, realizaron robos a comercios cercanos e insultaban a sus propios profesores. Sin embargo, la gota que derramo el vaso fue cuando ocurrió el primer fallecimiento de un niño, consecuencia de un accidente. Esta tragedia complicó la situación, pues los niños después de dejar pasar su duelo, tomaron la decisión de hacer un motín, lo que provocó la presencia de soldados para resguardar el lugar.[25]

Razones por las cuales Reyes Pérez considero necesario primero crear una figura de padre de familia que tanto les hacía falta a los niños, segundo reorganizó las actividades dentro de la institución y, a modo de herramienta, utilizó un mecanismo de persuasión y dialogo, y en caso de que no funcionara era preciso hacer uso de la corrección física:

El correctivo se hacía inconcuso: una apropiada dosis de nalgadas, y mi papel de padre substituto, principiaba a ser una realidad ¡Eureka! (el correctivo material, usado con prudencia, como muchos venenos, tonifica y repone). Temor moderado, respeto, y hasta cariño y familiaridad sembré con aquella medida, sumada además a otras compensativas: mimos oportunos, frases de estímulo, pequeños obsequios, etc. […] Cuando más tarde, durante la reunión diaria, hice del conocimiento de todos, mi determinación de usar el castigo corporal cuantas veces fuera necesario en mi criterio de pseudo-padre; casi puedo decir que la aceptación fue general y que muchos niños desde aquel momento respondieron con sus actos a cuanta orden dimanó de mí, como si viviésemos efectivamente en familia.[26]

Así pues, en un principio es claro que el modelo estrictamente socialista no estaba presente en el proyecto, al parecer hubo una presencia de la educación tradicional de aquella época, es decir, el padre de familia da las órdenes y los demás integrantes deben acatarlas. Empero, fue hasta en su segunda etapa del proyecto, que tanto en el discurso como en el plan de estudios, la educación socialista tuvo mayor presencia. Pero mientras, el director tuvo que instaurar un “Comité disciplinario”, que estuvo conformado por los niños más grandes de la escuela, “un nutrido grupo de muchachos, seleccionados por su honradez y su adhesión espontánea al orden general,”[27] comentó Reyes.

Este Comité completó la familia sustituta, porque el papel que ejercieron sus integrantes fue el de los hermanos mayores que se deben encargar de vigilar a sus hermanos más pequeños. Para los trabajadores de la escuela, “el liderazgo que convertido en ‘Comité disciplinario’, a los quince días entregaba esplendidos frutos; pues el orden entre los niños era absoluto”.[28] Por el contrario, los testimonios nos muestran otra versión, como sucedió a la hora de la comida, explica Carrión:

Cuando nos preguntaron en el comedor si queríamos tortillas, dijimos que sí, claro, pero las tortillas no eran las tortillas de patata a las que estaba uno acostumbrado, la tortilla española, sino las tortillas mexicanas de maíz. Y me acuerdo que empezaron a volar las tortillas así como si fueran platillos voladores, ¿verdad? no sabíamos la manera de comerlas.[29]

Los resultados al parecer no fueron tan rápidos, hasta el mismo Reyes llegó a comentar la continuidad de actividades de desorden:

La hora señalada para ocurrir a la clase de Oficios, era de las quince, el problema de tansladar [sic] a los escolares de un Edifico a otro: en el que se encontraban los talleres distantes entre ambos unos doscientos metros, representaba una de las más arduas tareas: en vista de la resistencia que oponían para formarse, propiamente se les arriaba como a rebaño.[30]

El ‘Comité disciplinario’ y los demás trabajadores se vieron en la necesidad de ser más estrictos,[31] además, la figura de Reyes a modo de un padre sustituto no llegó. Y es que, en los testimonios de los informantes, no recuerdan haber visto al director como una figura paternal, pero sí recuerdan la estricta educación que recibieron pues para ellos se resumió a una disciplina militar y vigilancia excesiva:

Teníamos sistema militarizado en toda la escuela. Marchábamos todos los días como buenos soldaditos, ganábamos premios en los desfiles, nos levantaban a las seis de la mañana, marchábamos un rato… y bañarnos con agua fría, porque ahí no había agua caliente. Fuera invierno o fuera verano: ducha fría […]. Las clases las teníamos juntos y comíamos también juntos, pero los hombres se iban en las tardes a sus talleres y en la noche a dormir a su área. Los talleres que teníamos nosotras eran bordado, dibujo y algo más.[32]

El testimonio de Martina, no recuerda con tanto resentimiento la educación, los castigos o las actividades, caso contrario al de Acacio. Él considera que no existió un interés por ellos, desde el inicio del viaje y hasta su salida del internado, no recibieron el apoyo necesario:

No teníamos quien nos orientará, alguien que nos dijera este es el camino a seguir. Y eso pasó desde allá, desde el principio en el barco, los profesores y enfermeras españolas que venían custodiándonos ni se ocuparon de los niños. Nos hicieron a un lado y se olvidaron de nosotros para siempre.[33]

La situación imperante de los castigos, el abuso de los trabajadores, de otros niños y la tristeza, fueron el motor para continuar con la huida del lugar.[34] Otras razones también, fueron que los niños no le dieron importancia a la educación. Aunque, no hay que olvidar que eran niños sin la presencia de sus padres que los vigilaran, el momento perfecto para buscar la aventura, desobedecer o hacer travesuras.

Cuando el proyecto ya iba caminando, el presidente Lazaro Cárdenas, visitó el internado para saludar a los alumnos y realizar una revisión al lugar. Lo interesante de esta visita, es que, el presidente hizo ciertas recomendaciones, pero la más sobresaliente fue sobre el uso de la educación militarizada. Este acto lo recuerda Reyes en su obra: “…insinuó una menor utilización de la aparatosa disciplina militar, en substitución de la cual sugirió la racionalización de los actos.”[35]

Al final de la visita, se solicitó el regreso de Reyes a la Ciudad de México, dejando en su cargo a la profesora Paula Nava quien fue directora de una Escuela Prevocacional en la capital y quien ya había visitado el internado tiempo a atrás. En conclusión el primer proyecto sentó sus bases en el sistema militar, como lo recordaron los testimonios, lo comentó el general Cárdenas y lo escribió el director Reyes Pérez.

Empero, rápidamente la situación de la escuela regresó al desorden de los primeros días de la llegada de los niños. Aunado a esto, una vez más la prensa se encargó de atacar a las autoridades de la escuela por no darles la educación adecuada.[36] El general Cárdenas ordenó a principios de 1938 el regreso de Reyes Pérez a la dirección de la escuela. En ese momento, el presidente mostró un apoyo condicional a Reyes, quien comentó tiempo después el mensaje que recibió: “Cuente usted, con el suficiente respaldo, para aplicar las medidas que juzgue convenientes a la reorganización del Plantel…en lo general y en lo particular entrego a usted el gobierno de la Escuela; usted será el único responsable…evite toda ingerencia [sic] de particulares y de Instituciones Privadas.”[37]

Sobre evitar la influencia de gente externa al proyecto, esta orden quedó desplazada pues en la segunda parte del trabajo, Reyes, contó con la participación de integrantes del Partido Comunista de México. Decisión que se entiende porque los maestros que conocían del comunismo en su mayoría eran miembros de dicho partido y fueron “los responsables de elaborar los materiales, los programas y los textos para iniciar a sus compañeros en el conocimiento del marxismo.”[38]

A la llegada de Reyes, nuevamente encontró la indisciplina de los niños pero, sobre todo, la indiferencia de laborar correctamente por parte de los trabajadores y del “Comité disciplinario.” Por tal motivo, inició un despido de empleados y buscó su sustitución con personas con ideología a fin al proyecto del gobierno y dispuestos a colaborar con éste. El nuevo proyecto llevó por nombre “Reconstrucción del Orden Escolar”.

Los objetivos fueron los mismos que en el primer plan, sin embargo, para el año de 1938, el gobierno de México enfrentó otro problema. “Falló la previsión inicial: se esperaba la victoria de los republicanos […] y, por tanto, que la estancia de los niños españoles en México se limitaría a unos meses.”[39] En consecuencia, era necesario preparar a los niños con un oficio que, en su etapa adulta, les sirviera para sobrevivir y, sobre todo, ayudara a la comunidad, idea imperante en la educación socialista. No por nada Reyes manifestó que “la educación en cuanto métodos y contenido ha sido cien por ciento revolucionaria… los niños debían ser cultivados con la ideología de sus padres victimas del fascismo.”[40]

Para lograrlo se organizó una “Brigada de Choque” compuesta por 32 miembros quienes se encargarían de usar “métodos pedagógicos, [de la] organización interior de la comunidad y [del] contenido de las enseñanzas,”[41] con el fin de reformar el pensamiento de los niños. En conjunto a esto se creó el “PRE”, una “pequeña cantidad de dinero que cada domingo se obsequia a cada niño y que puede aumentar en calidad de premio a la aplicación en el trabajo, a la cooperación social o a la conducta; pudiendo también disminuir hasta cero por faltas de asistencia, mala conducta o pereza.”[42] Esta herramienta vislumbra las similitudes con el primer proyecto ya que el mecanismo de premios y castigos siguió siendo fundamental para lograr los objetivos marcados.

A pesar de lo ambicioso que pareció el proyecto, los testimonios de los niños de Morelia no recuerdan un cambio sustancial a la enseñanza:

Creo que solamente había cierta tendencia socialista en la clase de música […] Pero no, nunca hubo ninguna influencia política de izquierdas ni en el internado de Morelia ni en el de Orizaba. Simplemente seguíamos el programa oficial de las escuelas que en aquel entonces era normal para todo el país.[43]

En efecto, el programa oficial en todo México debía ser socialista, pero para los niños del internado España-México y probablemente en el resto del país, no les parecía. Sobre las clases de música, Carrión recuerda la enseñanza de canciones y su constante canto en todas partes de la Escuela:

Entonces, un día íbamos bajando de la escuela de arriba para ir a dormir, de donde ¿tú sabes cómo bajábamos? Bajábamos cantando canciones comunistas, socialistas. Salíamos todos, según eso, formados en grupo, y contábamos: ‘Rusia es la que va adelante, la antorcha de la humanidad, con su gobierno comunista que presta al mundo solidaridad’. También catábamos La Internacional y todas las canciones que habíamos aprendido en la guerra. No sé si alguien, a propósito, nos hacía cantarlas, ¿quién sabe qué tanto fuimos borregos aprovechados para propaganda política? No lo puedo decir porque no me di cuenta.[44]

Y es que otro ejemplo de propaganda en México fueron los desfiles durante las fiestas nacionales.[45] Era el momento adecuado para hacer marchar a los niños de Morelia y mostrar al pueblo los resultados de su instrucción socialista, aunque los niños no se percataron de esta finalidad, a ellos les emocionaba salir a las calles y ser el centro de atención: “En la proximidad de las fiestas cívicas, se producía una singular inquietud debido a la participación de nuestra escuela en los desfiles.”[46]

En cuanto a la enseñanza de un oficio, este objetivo en ese momento fue una realidad. Recuerdan que “por la tarde pasábamos a los talleres para aprender un oficio que nos permitiera vivir si después no podíamos terminar los estudios”[47]Empero, el posterior desarrollo de los niños de Morelia tomó un camino diferente. Con el tiempo, los menores españoles tuvieron que ejercer otro tipo de oficios y adaptarse a las circunstancias de la vida. Esta fue una de las principales razones para delimitar mi análisis a las entrevistas de Martina Benedet, Acacio González y Vicente Carrión.

Dado que la primera, mientras realizaba sus estudios y trabajaba se encontró con otro niño de Morelia, Edelmiro Arnauda, con quien se casó. Cabe mencionar que Edelmiro representó un caso bastante particular, pues en 1940 llegaron sus padres de España y pudieron juntarse otra vez, además su oficio no fue el de zapatero, panadero u otro, sino que fue jugador de futbol profesional, el mayor pasatiempo de los niños durante su internado.[48] Por consiguiente, Martina, al casarse con él, paso a la vida de ama de casa, y sus costumbres estuvieron más apegadas a la comunidad española.

Mientras que Acacio, comentó tajantemente, No tengo profesión alguna. En el internado aprendí algo de imprenta y me ganaba un dinerito porque hacíamos un periódico que se llamaba La Flama.[49] Sin embargo, ya no continuó ni su oficio ni los estudios, decidió emigrar a los Estados Unidos, ahí trabajó de mesero por 33 años, se pensionó y regresó a disfrutar de su vejez en Morelia junto a su esposa.

En caso totalmente contrario se encontró Carrión, quien aprovechó los beneficios que le proporcionó el gobierno y, aunado a su perseverancia, logró estudiar Letras Inglesas en la UNAM. Esta profesión le permitió dar clases en Estados Unidos un tiempo, pero decidió junto a su esposa, regresar a Morelia, él quería que ahí nacieran sus hijos. El único problema que encontró a su regreso, fue que después de dedicarse como maestro por treinta años su pensión no le alcanzó para mantenerse, así que, para el momento de la entrevista seguía trabajando en una escuela dando clases de matemáticas.

Aparte de este objetivo, existió otro que fue moldear una hermandad entre los niños españoles. Un principio de la educación socialista era ese, crear un vínculo de fraternidad y solidaridad entre la comunidad. Y, nuestra comunidad de niños logró ese cometido.

Aprendimos a vivir muy hermanadas. Ahí todas las niñas éramos hermanas; y hasta la fecha, yo veo a mis compañeras como mis hermanas y a sus hijos como mis sobrinos […] aprendimos a protegernos, a cuidarnos entre nosotras, a ayudarnos por ejemplo, yo a los siete años, pues qué iba a poder lavarme la ropa, pero mi hermana mayor, de 12 años, me lavaba. Y otras pequeñas que no tenían hermanas mayores siempre encontraban a otra niña que cuidaba de ellas, que las peinaba, las bañaba y así…[50]

Aunque, fue un objetivo de la escuela, la hermandad también fue el resultado de la necesidad de los niños que los dispuso a buscar apoyo, cariño y afecto. “Los niños de Morelia no les interesaba tanto mantenerse como españoles, sino únicamente como un grupo que les permitiera identificarse, les diera un lugar y un origen, en suma, que les permitiera explicarse quienes eran”[51]

Reflexiona, Acacio: “a todos nos faltó cariño de hogar. Por eso muchos de nosotros somos tan despegados que no nos importa nada. Afortunadamente nos tenemos a nosotros mismos. Todos esos niños, ahora viejos […] no son mis amigos, son mis hermanos y yo soy tío de sus hijos. […] somos una familia curiosa y decadente. Pero una familia a fin de cuentas, con una madre en común: Morelia.”[52] Dentro de la Escuela llegaron a ser una mayoría, 434 niños españoles, pero hacía afuera fueron una minoría, así que, su estancia en México los hizo construir su propia familia.

 

Conclusión.

La llegada de los niños españoles a México, fue un acontecimiento que estuvo más allá de la agenda diplomática de los dos países en cuestión, ya que el exilio contó con la participación de otros sectores sociales, es decir, distintos grupos de mexicanos que desempeñaron un papel importante durante la gestión del recogimiento y la llegada de los infantes, como lo fueron: las damas que constituyeron el Comité de Ayuda, los sindicatos, el cuerpo diplomático, la opinión pública y los antiguos residentes españoles.

También el arribo de los pequeños españoles representó un cambio en un proceso histórico bastante arraigado en el pensamiento mexicano, y es que, por primera vez un grupo de españoles llegó a suelo nacional, al parecer, sin ser percibidos con la intención de volverse conquistadores ni de “hacer la América”. Sino que fue todo lo contrario, pues fueron recibidos con los brazos abiertos por parte de México, que trató de brindar auxilio a un grupo vulnerable como son los niños.

A pesar de esta ayuda humanitaria, la oposición insistió en la mala decisión del gobierno de dar asilo, pues la prensa de la época argumentó que era inaudito preocuparse por 500 niños extranjeros cuando dentro del país había miles de pequeños mexicanos que necesitaban amparo. Y es cierto, hasta el día de hoy, los impúberes en este país siguen sufriendo la orfandad, el abandono moral y la pobreza.

La ayuda a los niños de Morelia, no fue iniciativa del propio gobierno, sino de un grupo de mujeres mexicanas interesadas por el bienestar de la infancia, tampoco fue el único caso que existió pues gente de otros países, con o sin afiliación a un bando político, buscaron la manera de socorrer a la población española en general. Por lo que se puede pensar que la preocupación por asistir a los que menos tienen, sin esperar nada cambio, fue un acto solidario que paralelamente se convirtió en un acto político.

El gobierno cardenista, también entendió lo necesario que era socorrer a los niños que sufrieron la violencia descontrolada de la guerra, por ello que respaldaron, inmediatamente, la decisión del Comité. Además, el apoyo al gobierno oficial de España, respondió, fundamentalmente, a los intereses de la política exterior mexicana, ya que se aprovechó el momento para posicionar al país en la opinión internacional, que tanto le hacía falta al nuevo Estado posrevolucionario. De igual manera, este hecho le permitió llevar a cabo otros proyectos al interior, por ejemplo: implementar la educación socialista, modelo que se buscó introducir en las escuelas mexicanas.

Por otro lado, la propia Republica Española obtuvo un beneficio político, puesto que trató de atraer y conmover a la opinión internacional con los niños exiliados. El gobierno mexicano también participó en esta estrategia, pues del mismo modo trató de causar compasión ente la población al promover la idea de que los pequeños españoles eran huérfanos.

Es interesante que el simple hecho de salvarlos de la guerra al parecer no era un motivo suficiente para asistir a los niños, o quizá, en el caso mexicano fue necesario hacer uso de este discurso para convencer a su propia población que se posicionaba en contra del refugio. En cuanto a otros motivos del gobierno republicano español, estos fueron notorios, ya que al ser agobiados por la contribución de Alemania e Italia a los golpistas, se vieron con la urgente necesidad de conseguir adeptos. Cabe mencionar, que el territorio ibérico se transformó en un laboratorio bélico y en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, hechos, que como siempre, terminarían por afectar a la población.

Con el establecimiento de los niños en la escuela industrial España-México se inició una nueva etapa con relación al exilio, tal como se aprecia con los testimonios de los tres informantes que seleccionamos para este trabajo. Lo referido por ellos, nos muestra una pequeña parte de todo lo que fue su estadía en el país que los acogió. En el caso de Martina Benedet y Vicente Carrión, el desarrollo de sus vidas estuvo lleno de alegrías y tristezas, porque recuerdan su niñez y juventud con estima pero a la vez con obstáculos, a diferencia de Acacio González, que contrariamente, aún en su edad adulta, consideró que el fracaso y la desolación nunca lo dejaron. No obstante, los tres dejan entrever que la ciudad que los adoptó y la relación que se formó entre aquellos niños de Morelia los dotó de una identidad que hizo más amena su realidad.

Aunque el proyecto de educación socialista que promovió el gobierno mexicano no obtuvo un éxito rotundo, ya que, el propio Reyes sacó conjeturas muy rápidas, como se puede apreciar en su libro de 1940, creyó que los niños ya eran conscientes de su condición obrera o que las enseñanzas recibidas habrían de satisfacer sus necesidades ulteriores. Los entrevistados, después de 65 años, reflexionaron que ellos mismos habían logrado buscar su desarrollo, y que la politización que se les atribuye no fue parte de ellos. Si bien reconocieron la oportunidad que les brindó el gobierno mexicano, y se expresan bastantemente agradecidos, aquélla no se comparó con la perseverancia y la necesidad que los empujó para sobrevivir lejos de sus padres.

El proyecto socialista en el internado España-México, no fue un precisamente exitoso, pero no por la incapacidad del gobierno o las autoridades de la institución, sino por el propio comportamiento de sus habitantes, debido a que al  estar los niños separados de sus padres y establecidos en un país lejano y diferente al suyo, fue el momento perfecto para desobedecer, buscar la aventura o crecer de una manera diferente a la que querían establecerles. Por su parte los métodos y el contenido educativo de la educación socialista mexicana terminó por ser una enseñanza nacionalista, dado que la rememoración del pasado heroico y el triunfo de la Revolución Mexicana condicionaron no sólo el programa del internado en Morelia sino a todas las escuelas del país. Este tipo de instrucción resulto más favorecedor para el proyecto educativo nacional que uno de carácter socialista.

Desde la perspectiva de la historia de la asistencia pública, este establecimiento amplió los servicios de auxilio social, pues además de dotar a los infantes españoles de un hogar, posteriormente la escuela se convirtió en un albergue para niños mexicanos que paulatinamente lo fueron habitando. Probablemente, gracias al exilio de los pequeños, la sociedad mexicana consiguió un lugar más para la niñez de Morelia donde pueden recibir los servicios de primera necesidad, y es que, hasta nuestros días el internado España-México continúa funcionando.

Finalmente, a pesar de lo limitado que puede parecer estudiar solamente tres testimonios fue posible reconstruir, brevemente, la vida de los pequeños españoles, explicar las consecuencias de su llegada, su educación y su estancia en México. De manera similar, en trabajos como Los niños de Morelia y la escuela España-México: consideraciones analíticas sobre un experimento social, de Vera Foulkes o Los niños de Morelia: un estudio sobre los primeros refugiados españoles en México, de Dolores Pla, que contaron con más testimonios y hasta estadísticas de los oficios, muertes y casos posteriores de los infantes, concluyeron en que los impúberes exiliados fueron un grupo diferenciado, que después de su estancia en la escuela al igual que en su edad adulta, no buscó reunirse bajo una asociación o un comité, como otros españoles asentados en México, simplemente fueron un familia que se dispersó a lo largo del país e incluso fuera de él, y los que quedaron más cerca entre ellos siguieron frecuentándose, tal fue el caso de nuestros tres antiguos niños de Morelia.

Para finalizar, este hecho histórico fue, de cierto modo, promovido por el gobierno del general Lazaro Cárdenas, sin embargo, se ha dejado de lado la participación del Comité de Ayuda, que si bien, fue conformado por las esposas de los políticos más importantes de aquel periodo, su participación fue importante para el desarrollo del exilio español, además recibió la cooperación de otros actores de la sociedad mexicana. Por tanto, a pesar de ser una difícil tarea, es necesario que los historiadores inclinemos nuestras investigaciones para tratar de reconstruir la participación de otros sujetos históricos que nos permitan comprender de mejor manera los procesos de la Historia.

Bibliografía.

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Referencias electrónicas.

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En línea: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=63515049014

[1] Roberto, Reyes Pérez, La vida de los niños iberos en la patria de Lázaro Cárdenas: treinta relatos, México, editorial América, 1940, p. 10.

[2] Dolores, Pla Brugat, Los niños de Morelia: un estudio sobre los primeros refugiados españoles en México, 2° ed., México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Embajada de España, 1999, p. 12-

[3] Véase, Antony, Beevor, La Guerra Civil Española, Barcelona, Crítica, 2005.

[4] Isidro, Fabela, Luis I., Rodríguez, Diplomáticos de Cárdenas: una trinchera mexicana en la guerra civil (1936-1940), Madrid, Trama, 2007, p. 24.

[5] Mari, Carmen Serra, et. al., “El exilio republicano español en el proyecto de la posrevolución”, en Serra, Mari Carmen, et. al. (ed.), De la posrevolución mexicana al exilio republicano español, México, FCE, 2011, p. 16.

[6] Isidro, Fabela, Luis I., Rodríguez, op. cit., p. 54.

[7] Dolores, Pla Brugat, op. cit., p. 36.

[8] Ibídem, p. 43.

[9] Lázaro Cárdenas, Obras. 1 apuntes, 1913-1940, Tomo 1, 3° ed., México, UNAM,  1986, p. 369.

[10]Dolores, Pla Brugat, op. cit., p. 41.

[11] Roberto, Reyes Pérez, op. cit., p. 11.

[12]Fabián, Herrera León, “México y su defensa de España en la Sociedad de Naciones”, en Serra, Mari Carmen et. al. (ed.), op. cit., p. 66.

[13] Dolores, Pla Brugat, op. cit., p. 38-39.

[14] Juan Pablo, Villaseñor, 23 296 días después: los niños de Morelia, México, UAM, 2007, p. 80-81.

[15] Dolores, Pla Brugat, op. cit., p. 42-43.

[16] Ibídem, p. 34.

[17] Juan Pablo, Villaseñor, op. cit., p. 80.

[18] Ibídem, p. 50.

[19] La entrega de la custodia de los niños a la Escuela se oficializó el 16 de junio 1937, según la cifra fueron entregados: 434 niños de los 455 (160 niñas, 295 niños) que llegaron a México. Los niños restantes fueron seis que eran hijos de los maestros españoles que vinieron en la expedición, dos que se quedaron en Veracruz, dos en la capital y 11 fueron entregados a familiares que vivían en México. Emeterio, Payá Valera, Los niños españoles de Morelia: el exilio infantil en México, 4° ed., Lleida, Milenio, 2002,  p. 259- 260.

[20] Ibídem, p. 59.

[21] Roberto, Reyes Pérez, op. cit., p. 8.

[22] Engracia, Loyo, “La difusión del marxismo y l educación socialista en México, 1930-1940”, en Alicia, Hernández, Manuel, Miño (coord.,), op. cit., p. 169.

[23] Ibídem, p. 177.

[24] Alfonso, Sánchez Ródenas, “Los niños de Morelia y su tratamiento por la prensa mexicana durante el año de 1937”, en Anales de Documentación, núm. 13, España, 2010, p. 252-253.

En línea: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=63515049014 [Consultado 28 de mayo de 2017]

[25] Dolores, Pla Brugat, op. cit., p. 62-64.

[26] Roberto, Reyes Pérez, op. cit., p. 53-54.

[27] Ibídem,  p. 58.

[28] Roberto, Reyes Pérez,  op. cit., p. 57.

[29] Juan Pablo, Villaseñor, op. cit., p. 35.

[30] Roberto, Reyes Pérez,  op. cit., p. 50.

[31] Existieron los arrestos que se referían a determinados castigos corporales y a la pérdida de días de asueto. Emeterio, Payá Valera, op. cit., p. 76.

[32] Juan Pablo, Villaseñor, op. cit., p. 81-82.

[33] Ibídem, p. 52-53.

[34] “En cuanto a las fugas, los niños se escapaban por ese tan ponderado espíritu aventurero del español, si bien es preferible creer que más bien se debía a que nuestra vida en el internado no lo era lo mínimamente grata que sería de desearse.” Emeterio, Payá Valera, op. cit., p. 112.

[35] Roberto, Reyes Pérez, op. cit., p. 60.

[36] “Que se les inculcaran las doctrinas, como las que trajeron al país los conquistadores.” Dolores, Pla Brugat, op. cit., p. 58.

[37] Roberto, Reyes Pérez, op. cit., p. 73-74.

[38] Engracia, Loyo, op. cit., p. 174.

[39] Eduardo, Pons Prades, Los niños republicanos. El exilio, Madrid, OBERON, 2005, p. 90.

[40] Roberto, Reyes Pérez, op. cit., p. 80.

[41] Ibídem, p. 88,

[42] Ibídem, p. 81.

[43] Juan Pablo, Villaseñor, op. cit., p. 38.

[44] Ibídem, p. 37.

[45] “En 1936, el Congreso decretó que, en adelante, el 20 de noviembre sería un día de fiesta nacional.” Thomas, Benjamín, La Revolución mexicana. Memoria mito e historia, México, Taurus, 2003, p. 149.

[46] Emeterio, Payá Valera, op. cit., p. 161.

[47] Juan Pablo, Villaseñor, op. cit., p. 35.

[48] Ibídem, p. 86.

[49] Ibídem, p. 54.

[50] Ibídem, p. 84.

[51] Dolores, Pla Brugat, op. cit. P. 84.

[52] Juan Pablo, Villaseñor, op. cit., p. 56.

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